Haití en el Valle de México


. Las colonias inundadas, socavadas entre aguas negras que a la fecha no ceden al desazolve, en este momento son foco de enfermedades como el dengue o el paludismo que sólo se presentan en poblaciones húmedas del sureste, la costa o las huastecas, donde las políticas de salud pública sobre la alta concentración bacteriológica son casi inexistenes. Además, el caos, el desasosiego de los damnificados, la rapiña, el repunte de la violencia ante la zozobra, la respuesta inoportuna de las autoridades y el superficial tratamiento de la información por parte de los monopolios de los medios, hacen de las inundaciones nuestro propio Haití.

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

Hasta el momento, ni la Secretaría de Gobernación ni el Ejército Mexicano ni la Comisión Nacional de Agua, nadie, ha dado explicaciones sobre lo que originaron las fuertes inundaciones en el Valle de México.

Michoacán, Distrito Federal y Estado de México, son las entidades más afectadas por los monzones que cayeron en el país la semana pasada, sin menospreciar los reportes de deslaves y caminos anegados en gran parte de las poblaciones de la Sierra Madre Oriental; sin embargo, se ha de llamar la atención de la ciudadanía sobre lo que particularmente sucedió en la zona donde la electricidad ya no es administrada por la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyFC) y los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

Martín Esparza, líder nacional de este sindicato, declaró que las inundaciones, junto con los manifiestos apagones ocurridos de manera simultánea sobre la tragedia climática, son en parte consecuencia directa del erróneo suministro de electricidad, sumado a la pobre capacidad de los empleados de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y empresas subrrogadas para la solución de problemas con el abasto. La ineficiencia bloquearía los sistemas de bombeo del drenaje, lo que provocaría lo trágicamente sabido.

Las colonias inundadas, socavadas entre aguas negras que a la fecha no ceden al desazolve, en este momento son foco de enfermedades como el dengue o el paludismo que sólo se presentan en poblaciones húmedas del sureste, la costa o las huastecas, donde las políticas de salud pública sobre la alta concentración bacteriológica son casi inexistenes. Además, el caos, el desasosiego de los damnificados, la rapiña, el repunte de la violencia ante la zozobra, la respuesta inoportuna de las autoridades y el superficial tratamiento de la información por parte de los monopolios de los medios, hacen de las inundaciones nuestro propio Haití.

Un Haití en el Valle de México que pudo ser evitable, de contar con administración puntual de energía y solución de contingencias en su abasto. Más aún, evitable si la Conagua, en manos del yunquista José Luis Luege, hubiera actuado a tiempo en sus alertas y medidas de prevención.

Es temerario afirmarlo, pero mucho de la tragedia huele a vendetta política federal, sobre las dos zonas –DF (PRD) y Edomex (PRI)-, sobre la cual el panismo oscurantista de Felipe Calderón no tiene influencia. “Todo poder es una consideración permanente”, fue la enseñanza del novelista Honoré de Balzac.

luis@desdeabajo.org.mx

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