Evo en los corazones


. La visita del Presidente de Bolivia, Evo Morales Ayma, al Distrito Federal dos días antes de la Cumbre de Río en Cancún, deja sembrada una semilla de esperanza justo en medio del corazón de la izquierda mexicana. “México pronto se liberará”, es la frase que acuñó su estadía, rodeada de organizaciones y personas revolucionarias que en este país permanecen luchando por obtener una nación soberana, socialista y democrática, que en algo se parezca a la tierra aymara que desde el 2005 florece bajo la sombra del líder del Movimiento al Socialismo.

Por Luis Alberto Rodríguez / Desde Abajo

“México pronto se liberará”, fue la oración que despertó miles de aplausos y consignas entre los que acudieron al Jardín Miguel Hidalgo de Coyoacán, en el acto encabezado por el Presidente de la República Multinacionalista de Bolivia, Evo Morales Ayma. Quizá por el entusiasmo del momento o por la larga noche que nuestro país ha atravesado desde la imposición tecnocrática del PRI, pero aquella respuesta fue la misma que se otorga a quien desde lo alto de la moral dirigente entiende y valora el sentir del corazón de un pueblo.

Pudieron ser varios los que trajeran el mismo mensaje, en el mismo contexto; pero que haya sido el Presidente Evo, tiene un significado especial: Bolivia es apenas la segunda nación en Latinoamérica que es gobernada por un indígena; México fue la primera, en manos del Benemérito Benito Juárez García.

Ambas naciones han padecido durante siglos la humillación de sus pueblos originarios, quienes, poseedores de una tierra basta en recursos energéticos y minerales, han resistido los embates del capitalismo –sus gobiernos e industrias-, que quiere despojarlos de todo cuanto poseen: propiedad patrimonial, intelectual, cultural y hasta histórica.

Es el caso de los indígenas de las Huastecas, por ejemplo, quienes ahora mismo se enfrentan al Gobierno Federal que pretende echarlos de sus comunidades en aras de la explotación del recurso petrolero que yace debajo de ellas, con base en el proyecto del paleocanal de Chicontepec o Aceite Terciario del Golfo. De la misma manera, los indígenas aymaras – dirigidos en un buen lapso de tiempo por el propio Morales Ayma-, se enfrentaron al Gobierno boliviano en turno y a la misma CIA, defendiendo la siembra y reproducción de la hoja de coca y sus tierras, bajo de las cuales aún permanecen grandes cantidades de gas natural y litio por las cuales se envilecen las transnacionales.

Evo Morales se hizo rodear de indígenas, sindicalistas y revolucionarios mexicanos durante su estadía en el Distrito Federal –bastión de la izquierda mexicana-, antes de partir a la Cumbre de Rio en Cancún que terminó en la integración de un bloque latinoamericano, tipo OEA, pero sin Estados Unidos ni Canadá. Depositó sobre un monumento a Benito Juárez una ofrenda y montó guardia al ilustrísimo americano, promoviendo, al mismo tiempo, la integración de Latinoamérica en una sola nación bolivariana, martiana y juarista –los tres libertadores continentales.

Su sola presencia infundió aliento a las miles de organizaciones y personas que en México anhelan un proceso revolucionario como el que el propio Evo encabezó y sigue encabezando. Pero sobre todo, su mensaje tocó lo hondo de los corazones de quienes, como él, en este país, no paran en la lucha por tener una nación próspera, soberana, democrática y socialista.

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