José, obrero: Falta dinero


Aquí, en una ciudad que recrudece el frio otoñal, existen familias que arriesgan sus días entre el pan diario y la amenaza interminable de perder la salud. Son los damnificados de la pobreza. Las víctimas renovadas de la actual crisis económica.

A la cabeza de una de ellas está José. Un joven trabajador industrial a quien la vida le sonrió con una hija y la súbita conformación de una familia de tres.

Todos los días, arropando sus pies en unas botas mineras con casquillo que son su orgullo desde hace cinco años, baja en punto de las siete de la mañana de su casa ubicada en el popular barrio de Azoyatla hasta donde el taller que le otorga un salario de 2 mil 500 pesos al mes. Con tal cantidad, se medio alimentan él y Gloria, su mujer, y paga el sustento de su pequeña de cinco meses de edad. Pese a esto, hay quincenas favorables donde la venta de refrescos en canastilla le arrojan unos cientos más.

José es un hombre alto, moreno de cara pero más bien tostado de los brazos. Sus ojos negros relucen de conmoción al bajar por las escaleras de piedra de su barrio, mientras piensa en la veleidad de su primogénita y la dureza rutinaria de la paternidad. No duerme bien, no come bien, no vive bien. Y cuenta que a consecuencia de su condición de pobre, ningún presidente municipal logrará brindarle con promesas los pesos necesarios que ve pasar inalcanzables todos los días.

Los primeros dos meses transcurrieron bien; apretados, pobres, pero ajustados. Pero esta semana, José tuvo que comprar con un vendedor ambulante un paquete de 120 pañales desechables de la peor calidad por 80 pesos, que apenas le durarían tres semanas. Sus bolsas del mandado se redujeron a la mitad y un bote de fórmula de leche de 900 gramos por 300 pesos tendría que alargarse todo el mes, combinado con lo que su madre podría proporcionarle a la bebé. El taller donde José trabaja cerró, pues sus proveedores bajaron su productividad –y por ende la refacción de su maquinaria-, debido al despido de unos 70 obreros que ya eran insostenibles para la nómina de la fábrica. El colapso del capitalismo y su consecuente depresión económica tocó a las puertas de este hogar pobre de Pachuca.

No contento el lado miserable de la vida, hoy mismo acudirá donde los separos de la Policía Municipal pues su hermano adolescente es acusado de robo en flagrancia. Hace dos semanas que “piquetaba” cigarros en un supermercado, hasta que fue descubierto cuando, esta última vez, decidió llevarse, debajo de su suéter, un kilo de carne de res. Por su libertad, José está obligado a pagar 12 mil pesos que no tiene.

Para solucionar la falta, acudió a Linda, su casera, quien le guarda cierto cariño a José pues de vez en vez le repara algunas fallas en su negocio de abarrotes. Digamos que le dio crédito por 6 mil pesos. Los otros seis restantes, saldrían de su guardadito en el Banco Azteca, que le cobrará 12 por ciento de intereses si no paga completo antes de que termine el mes que viene.

De un tajo, este joven trabajador agotará sus ahorros, préstamos y bondades a las que se ha hecho acreedor para solventar un problema legal. Este mes será el peor, y eso que apenas empieza a no tener dinero.

José es la cabeza de una familia que se ahoga en el hoyo de la actual crisis económica.

luis@desdeabajo.org.mx

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