Doble, triple urgencia


Los grupos minoritarios en México –como en el mundo en general-, siguen luchando porque sus condiciones laborales, sociales y culturales sean distinguidas como fruto de la negación de derechos. De tal modo, poblaciones como las de preferencia sexogenérica diversa o sectores productivos como los del trabajo doméstico, sufren la multiviolación de sus libertades, pues por sus roles de clase y de género se les discrimina, al mismo tiempo, por ser indígena y mujer; por ser mujer y pobre; por ser pobre y transexual; por ser transexual y profesionista. Es necesario voltear la cara a estas expresiones de marginación que son la vívida cara del atraso civilizatorio. Como personas, el “hecho” de su libertad a vivir en paz y desarrollarse es innegable; pero hasta que la Constitución no les reconozca ese acceso, nunca serán provistas del “derecho” a hacerlo. Lamentablemente, en este país persisten los sectores poblacionales que son tratados como ilegales, en su propio territorio, por sus propios connacionales. Impulsar mecanismos judiciales y administrativos que los protejan, es una urgencia inaplazable.

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