Una oportunidad para AMLO y Ebrard


No habrá ruptura entre Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard, como mucho lo desearían tanto enemigos como extremos opuestos del Partido de la Revolución Democrática.

Ha servido el conflicto por la ubicación del mitin por el Centenario de la Revolución que encabezará el Gobierno Legítimo, para avivar el choque de trenes que se prevé a la distancia. Y aunque en la realidad profunda no existirá tal problema, tal coyuntura ejemplifica el trance que reduce la elección entre el tabasqueño y el jefe de Gobierno del DF, a un asunto de método.

Ebrard, predilecto de las clases burguesas que quieren una “izquierda moderna”, pretende que el PRD lo haga elegir mediante votación interna, donde, sabe, contará con el apoyo de los dueños del aparato burocrático del sol azteca. Es pues, la estrategia pragmática. La del dinero, de la estructura, con un defecto: no cuenta con suficientes votos abiertos.

Obrador cuenta con los votos abiertos necesarios para pelear arduamente en la elección presidencial. Sin embargo, tal porcentaje de sufragio positivo es equivalente al negativo. Un severo contratiempo para él y sus seguidores, pues la reducción de sus preferencias es inversamente proporcional a las oportunidades de Ebrard. De tal modo, AMLO prefiere que se le unja mediante elección abierta, donde atraerá a aquella proporción estadística que le favorece.

Hasta ahí las dos perspectivas parecen irreconciliables, más aún, si se toma en cuenta que ambos no cederán sus intenciones a la conformación de un tercera vía. Pero hay una buena noticia: se ha anunciado la pronta salida del actual presidente nacional del PRD, Jesús Ortega.

Llegado al cargo vía Tribunal Electoral Federal, ha sido uno de los promotores de la alianza de su partido con el PAN en los Estados. Así lo pretenden en el Estado de México, circunstancia que habrá de disuadirse con la renuncia de Ortega en marzo y con ello, el fin de la pugna entre Obrador y Ebrard entre el rechazo y la promoción de tal coalición.

La pronta salida de Ortega abre el camino del pronto entendimiento entre ambos personajes. El consejo nacional perredista elegirá a un nuevo Presidente capaz de conducir el proceso interno y, de paso, evitar el derrumbe total del PRD por la elección de su candidato a la Presidencia.

Ortega se ha queda solo, se irá por la puerta trasera. Lo que queda por venir, resta en la voluntad de Lopez Obrador y Marcelo Ebrard.

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