Miseria de periodismo


La acusación de Televisa contra la revista Proceso de recibir dinero del narcotráfico, y la defensa de éste último medio, desatan en México la última gran crisis mediática , donde el periodismo resulta en un choque de poder e intereses donde informar es la tarea menor. Pero este pleito no es olvido nuevo ni de hoy y, seguramente, tampoco pasajero; tanto como afirmar que un día se eliminará la competencia comercial entre periódicos para perseguir el afán socializante del derecho a la información. Una utopía en el mundo capitalista.

Hacer periodismo en México significa subsistir necesariamente frente a los intereses comerciales y políticos. En realidad, sólo los políticos son redituables. Según el medio, es la cantidad de dinero que Gobiernos, secretarías, partidos o empresas, destinan para el favorecimiento de información acorde a sus planes, entre los cuales la publicidad es fundamental. Un camino diferente significaría el suicidio económico a gran escala. De tal modo, nadie –salve el atrevimiento-, de los grandes medios de comunicación en este país está a salvo de la rendición. “Así es este negocio”. Un cheque millonario es el cambio del derecho y la libertad de información.

Y sobre esa magra realidad, es que las empresas periodísticas se ven orilladas a defender sus propios intereses, que a su vez son los intereses de un tercero; es decir, del pagador. Es la lógica del derecho privado: Toda propiedad genera violencia.

Si los medios de comunicación recogen los cambios que se producen para incorporarlos a la sociedad, al tiempo que hacen nuevas propuestas de comportamiento social, pueden entonces sugerir o propiciar nuevas imágenes. ¿Pero qué consecuencia conlleva la aplicación de exactamente lo contario?

Televisa y Proceso –cada cual con su historia ética y profesional conocida, lo que no se discute aquí-, se vuelven medios que recogen lo negativo cultural: la violencia que sugiere más violencia, dentro de un país violento. Y los medios deberían estar para otra cosa fundamental: preservar un derecho humano, una actividad de impacto social que debería privilegiarse por encima de la defensa de los otros que pagan. Es el vicio indeclinable del capital que orilla al periodismo a comportarse como extremo mercader, donde todo vale, incluso la injuria, con tal de preservar el negocio. Miseria de periodismo.

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