AMLO y Ebrard a las trincheras


La estrategia de Andrés Manuel López Obrador para ser el candidato de las izquierdas a la Presidencia de México en las elecciones del 2012, pasa por hacerse aprobar mediante el voto duro que, desde el 2003, cuando se enfrentó al proceso de desafuero, lo sigue invariablemente. Sin embargo, las perspectivas del tabasqueño se complican al tener su contrincante interno, Marcelo Ebrard, actual jefe de Gobierno del Distrito Federal, cada vez más adeptos, cada vez mejores opiniones por parte de la población abierta y de las organizaciones sociales debido a su defensa y promoción de los derechos de las mujeres, de la diversidad sexual y ambientales, por lo cual fue galardonado como el mejor alcalde del mundo; curiosamente, en los mismos temas que fueran evadidos por AMLO, en su oportunidad antecesora como gobernante de la capital del país.

Y mientras se acerca la primavera fatídica en la cual se habrá de elegir al candidato del polo progresista al 2012, López Obrador y Ebrard tienden y distienden las diferencias que las unen y los separan; un proyecto que los une en fondo, pero los confronta en la forma.

El alcalde capitalino opta por la implementación de una política moderada, aliada a todos los sectores que confluyan en la defensa de libertades –incluida la de mercado-, para sacar a México de 30 años de retrocesos. Para ello, Ebrard ha ubicado a su principal adversario en Enrique Peña Nieto, a la vez actual gobernador del Estado de México y candidato del PRI y las televisoras, sobre el cual impulsa una alianza con el PAN para derrotarlo en su propia localía, por considerarlo la nueva propuesta del autoritarismo.

Ebrard, cabe resaltarlo, es candidato de un núcleo social, empresarial y académico de avanzada, que le cierran la puerta espantados a todo lo que suene a polarización y ahondamiento de la violencia. Esa es, precisamente, la cara que pretenden vender de López Obrador.

AMLO, ligado a los sectores de la izquierda llamada “radical”, tiene a su favor un proyecto nacionalista, contraneoliberal, pero que no centra su agenda en el desarrollo de libertades, sino de combate al hambre y el saqueo patrimonial, en un estilo centralista de Estado.

Ambos proyectos benefician al país de una y de otra forma. Someterlos a debate es una opción atractiva para dilucidarlos y derribar, al mismo tiempo, la tensión sometida por su estrategia y necedad ¿Serán capaces de abandonar sus trincheras?

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