Feliz año nuevo: Todos mienten


México comenzó a demolerse en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, abrió paso al neoliberalismo con Miguel de la Madrid y terminó de pudrirse con Felipe Calderón en el orden cínico de sus torpezas. No obstante, el sistema de partidos trata de convencer a la ciudadanía que, aunque sea en pocas materias, existen avances que mantienen al país a flote. Pero mentir ya no es un ejercicio redituable para la clase política. En miras de la transición presidencial del 2012, las esperanzas de la renovación nacional se agotan y no hay quien, en un honesto y sano juicio de sus capacidades, pueda enderezar el rumbo. Luego entonces ¿La nación tiene futuro?

El filósofo rumano de la miseria, Emile Ciorán, afirmó que “podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos”. De modo tal que ni siquiera el 2012 podría significar una esperanza. (Perdone la lectora y el lector al autor de esta columna si interfiere con histerismos al espíritu de la Navidad, pero se ruega considerar que, más allá del incremento de suicidios provocados por acontecimientos navideños causados por reminiscencias de la infancia, el país no espera a enero para intentar salvarse de la muerte).

Y es que cada artículo, cada libro, cada noticiario, cada periódico inundado de mentiras, es un aliciente a la desesperanza. Por supuesto, existen quienes desenvainan la espada de Andrés Manuel López Obrador y /o similares; están también los amnésicos que afirman tener en el PRI la solución al desmadre panista; y los mitómanos azules con puchero religioso de perdón. Sin embargo, salve al pesimismo la contundencia de un dato que obliga a cuestionar ¿Cuál cambio?: De acuerdo con el INEGI, 2.6 millones de mexicanos no tienen trabajo, los cuales se suman a los 5.4 millones que, de por sí, explica el rotativo, “ya desistieron de buscar, porque consideran que no tienen posibilidades de encontrar” – La Jornada

Y para documentar aún más el pesimismo ante la hipocresía de quienes prometen un giro de timón en la conducción nacional, otra de el exquisito Ciorán: “¿Quién se revela? ¿Quién se levanta en armas? El esclavo raramente; pero casi siempre el opresor convertido en esclavo”. Citado lo anterior ¿Entonces la esperanza de la nación será depositada en otro opresor, quien al igual que el pueblo, clama su libertad pero con máscara de esclavo? La respuesta parece sacada de una filosofía barata pero convincente: Todos mienten.

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