El periodista les vale madre


Resulta comprensible que una empresa como MVS comunicaciones haya echado a una periodista como Carmen Aristegui por haber violado su “código ético”. Comprensible también que el escueto comunicado al respecto emitido por la empresa para justificar el despido de la conductora no goce de credibilidad ni sustento, ante las decenas de miles de personas que en México le han seguido a lo largo de los años, desde que, por primera vez y bajo las mismas excusas, Televisa y Grupo Prisa la eliminaran del noticiario matutino de W Radio. El cruce entre ambos escenarios que envuelven el tópico más comentado en redes sociales y en mesas políticas ciudadanas durante la semana que comienza, invita a razonar sobre las verdaderos motivos que envuelven el escándalo.

A la superficie surge el interés que tuvo Aristegui para difundir la noticia sobre la manta expuesta por diputados del Partido del Trabajo en la Cámara de Diputados donde llaman a Felipe Calderón: “borracho”. En el fondo, yace la supeditación de MSV a los intereses financieros y políticos de la Presidencia de la República en materia de medios de comunicación, sobre los cuales manda lo que se dice, lo que no se dice y quien lo dice en la prensa escrita y electrónica en este país. Una lógica de la que no se escapa ningún medio comercial que pretenda obtener ganancias económicas mediante el periodismo. Al final, todo obedece a ello; inclusive, pasando encima de las libertades y garantías sobre información que, se supone, protege la Constitución y las Leyes federales. Empresarios, periodistas o políticos que se empeñen en decir lo contrario no solamente mienten con descaro sino que deberían ser sujetos de recomendaciones por violación a garantías fundamentales y laborales en detrimento del gremio periodístico mismo y el patrimonio nacional de las comunicaciones; y más aún, de la ciudadanía en general que padece su ambición.

En democracia a la mexicana, casi cualquiera con suficiente poder y dinero puede ser dueño de una estación de radio o de un periódico. Casi cualquiera entre quienes pocos periodistas se cuentan; quizá, porque al ejercer su oficio conforme a la teoría, tienden a fracasar en el torbellino de corrupción política que los sujeta. Y, en efecto, ese cúmulo de corrupción entre medios y políticos y/o Gobiernos, es el detonante que decide echar a un periodista por dinero y poder… vale madre que se llame Carmen Aristegui.

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