Los buenos modales de Noroña


La actitud del diputado del PT, Gerardo Fernández Noroña, es tan reacia y radical que suelta todo tipo de sospechas y halagos. Surgido de las filas de las organizaciones populares, éste personaje se ha convertido en el adalid de miles que han visto correr los años sin que representante alguno sea capaz de vociferar verdades a plomo del sistema político mexicano. En general, la historia lo alienta, pero ¿es acaso un simple paroxismo de un porro reservado o se está ante un político diferente, frontal y sin ambages? ¿Son leales las intenciones de Noroña?

En tiempos donde las ambiciones de los partidos políticos se dirimen en buen porcentaje a través del multimedia y las redes sociales, Noroña es, quizá, el más seguido, pero sobre todo, el más interactivo. Mientras otros utilizan Facebook y Twitter para informar asuntos disímbolos, el diputado petista cuestiona y contesta sin rigor tanto a seguidores como a detractores. El tipo no pasa desapercibido. De modo que la nula exposición –y a veces intimidación-, de la mayoría de las televisoras y radiodifusoras mexicanas sobre sus acciones – como el reciente conflicto suscitado de la manta donde acusa a Felipe Calderón de “borracho” que pasó prácticamente desapercibido en los principales noticiarios de las grandes cadenas mediáticas-, disminuye el efecto negativo que podría tener quien aspira, según dice, a la candidatura por el Gobierno del Distrito Federal.

Posiblemente no lo logre, pero su influencia en Twitter es tanta que algunos de los columnistas políticos mejor pagados del régimen mediático, se han visto obligados a no dejar opinión ajena a lo que Noroña hace o dice. La relación entre el diputado federal y los medios llegó al punto de permear en el despido de la periodista Carmen Aristegui, conductora estelar de MVS Radio debido a las acusaciones del petista sobre el presunto alcoholismo de Felipe Calderón; asunto que ha sido aprovechado muy bien por el legislador que convirtió su accidentada protesta en una consigna que lo mismo clama libertad de expresión para él y para la conductora.

Hasta el momento, es difícil proyectar a Noroña en un lugar ejecutivo, lejos del massmedia y la calle; pero, mientras permanezca, la antítesis de la comunicación comercial tendrá en él al mejor bastión de propaganda. Ya quedará en él tiempo demostrar que, éste personaje que no gusta de corbatas ni buenos modales, no sólo tiene virtudes panfletarias con motivos aún sin develar.

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