La revolución sí se tuiteará


México tuvo un breve ejemplo de lo ocurrido en la Plaza Tahrir con la restitución de Carmen Aristegui en la titularidad del noticiario de MVS Radio. Lo sucedido en Egipto trascendió y obtuvo fuerza gracias a la información filtrada y recorrida mediante las redes sociales; mientras que el despido de Aristegui, una vez que en la mayoría los espacios de los massmedia se comentó a cuentagotas, Facebook y Twitter hicieron lo propio para exigir la restitución de la periodista, hecho que se consumó este martes.

Es un hecho que las redes sociales pueden determinar el flujo de un acontecimiento pues son el termómetro inmediato de la opinión pública. Sin embargo, tanto en lo ocurrido con Aristegui como en Egipto, demostraron, además, ser un conducto de organización entre personas dispuestas a accionar mecanismos de protesta  casi a la par de cualquier suceso, provocando una reacción en masa sin que pueda ser calculada a simple vista su capacidad de convocatoria.

De manera que nadie en estos tiempos informáticos podría concebirse sin estar inmerso en internet, constantemente, y sus aplicaciones de difusión de ideas y datos. En política, el uso de las diversas redes sociales es una herramienta indispensable de comunicación y su alcance es tanto, que mientras la banda ancha llegue a más lugares, la reforma electoral tendrá que considerar su influjo sobre el mal uso o buen uso de propaganda. Podría imaginarse, incluso, que Twitter, Facebook, Hi5, MySpace, etc., son la nueva versión de la antigua campaña de toque de puertas: elecciones a ras de gigabytes.

De por sí es difícil encontrar a una persona desenvuelta en ámbitos profesionales que quede exenta de la telaraña informativa. Rumores, noticias y alertas se conocen, en su mayoría, antes que en la radio o la televisión, tanto como los portales de noticias dedican notas y/o secciones especiales a lo que se dice en ellas. Los columnistas y reporteros agregan su cuenta de Twitter antes que su correo electrónico, sino es que han terminado por suplantarlo por las posibilidades que éste ofrece.

Por eso no resulta sorprendente el poder de la información web en casos como los arriba mencionados. No obstante –y he ahí lo que sí asombra-, aún falta por conocer todo el poder político, social y cultural que pueden ofrecer las redes sociales. Y si ya se sabía que la revolución no se televisará, ahora se sabe que sí será tuiteada.

@albertobuitre

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