La inviabilidad de las candidaturas ciudadanas


La apertura de candidaturas ciudadanas en el México abatido de corrupción política y violencia social, abriría las puertas a mercenarios y otros saqueadores que, básicamente, comprarían campañas con dinero de procedencia dudosa. Si ya para eso se cuenta con el sistema mexicano de partidos que mal hacen desmenuzando las riquezas del país y gobernantes a quienes, de no ser por el cobijo de sus siglas políticas, también se les cerrarían las puertas de ser “candidatos ciudadanos” al no pasar los exámenes de honorabilidad y no antecedentes penales.

Es prácticamente un hecho incontrovertible que la situación política, social, económica y cultural de México no aguanta que cualquiera que así lo desee lance su candidatura con apoyo de las leyes electorales y de los recursos de la Federación. El país se sostiene por un tejido de componendas que ya han filtrado casi la totalidad del Aparato de Estado, haciendo al territorio ingobernable. De modo que si se aprobara una reforma para abrir el camino hacia las candidaturas ciudadanas, ipso facto surgirían los oscuros patrocinadores dispuestos a pagar el precio que sea para hacerse del control de gubernaturas, diputaciones y hasta de la misma Presidencia de la República.

Esto no significa que la ciudadanía debe permanecer ajena a los devenires políticos, y mucho menos a los partidistas –salvando las diferencias entre ambos conceptos, pues política es un ejercicio del contrato social que cualquiera en sus circunstancias puede practicar. ¿Cómo, pues, podría esto suceder?

Unos de los ejemplos claros de la injerencia ciudadana en los partidos políticos es el de Xóchitl Gálvez Ruíz o de otras personajas como la Dra. Marcela Lagarde. La primera de ellas logró conciliar posiciones ideológicas no tan distintas entre una fracción del PRD y el PAN para hacerse de la candidatura al gobierno de Hidalgo, sin militar en ninguno de ellos. El segundo caso, quizá, es aún más significativo pues la Dra. Lagarde llegó al Congreso de la Unión en la LIX Legislatura y desde ahí creó e impulsó la aprobación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, tan vital como revolucionaria.

Queda a las y los interesados sin militancia partidista hacer labor ciudadana que, tal vez, podrá ser vertida en las siglas de algún partido para cierta elección. Y aunque tal camino es pastoso y contracorriente, hasta ahora es el único viable y seguro para concretar “candidaturas ciudadanas”.

@albertobuitre

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