La última muerte de la patria


Luego de los asesinatos de los familiares de la activista chihuahuense, Josefina Reyes Salazar, los gobiernos de Estados Unidos, Venezuela, Francia y Canadá ofrecieron a sus dolientes otorgarles visas de refugiados, debido al gran peligro que corren en la ciudad más violenta del mundo, Ciudad Juárez. El interés de estos países en colaborar con la protección de las víctimas es otra protesta a la guerra fallida contra el narcotráfico de Felipe Calderón, y otro escandaloso fracaso de su gobierno (¿?). Mas, independientemente de lo consabido sobre los “daños colaterales” de la barbarie impulsada por el segundo sexenio panista, el auxilio internacional a ésta familia conduele el ánimo de decenas, quizá cientos, de miles de mexicanos y mexicanas que quisieran largarse cuanto antes del país, antes de engrosar por sí mismos las listas de caídos inocentes entre balas de AK-47.

Si el cambio verdadero no llega a México en las elecciones presidenciales del 2012, es sumamente probable que la mayoría comience a cuestionarse sobre si éste país tiene algún tipo de salvación. Pues de suceder así – es decir, de afianzarse el modelo de capitalismo rapaz y entreguista, de privilegios y componendas financieras en detrimento del bienestar social que son representados por el PRI, el PAN y el ala más reaccionaria del PRD y sus aliados-, entonces no habrá poder humano que venza la polarización cultural, social y política de éste pueblo en pos de la justa causa de evitar que a la nación se la lleve el carajo.

Ya no es escándalo que quienes tienen ansias y posibilidades de hacerlo –inclusive bastarían las simples ansias-, comienzan a barajar los destinos del mundo en los cuales podrían autoexiliarse de ésta locura nacional, aunque no tenga visa explícita de “refugiado”, pese a que en los hechos padezca sus estragos.

Que la gente quiera irse de México ya no es lo grave (el nacionalismo puritano es, de por sí, es un martirio innecesario), sino que lo desee porque ya no hay esperanza, esa sí es la tragedia. Ello sería la evidencia del derrumbe de la historia, de sus héroes; pues, se estaría ante la última muerte de la patria. Y mientras la familia Reyes Salazar ha rechazado el asilo porque, dice, se quedará en Cd. Juárez hasta que haya “justicia”, muchos otros ya cargan su propia idea de justicia en sus maletas.

Twitter: @albertobuitre

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