Osorio a la mesa de los esclavos


“Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos”, declaró Sigmund Freud explicando las desviaciones propias de una relación neurótica. En el último informe de Miguel Osorio Chong, asi se dió cuenta de los vínculos políticos generados por un Gobierno y sus beneficiados, llegando al punto de que éstos, esclavos del administrador de poder, han soslayado casi toda su capacidad de voluntad y criterio a merced de lo recibido. Ahí ya no vale nada contrario. Cunde el temor fundado de perder el pequeño reino se acaso se llegara a criticar el color que viste el mando y, por el contrario, sobre esa telaraña de emociones neuróticas, una vez suprimido el raciocinio inmanente al homo sapiens, la desviación pare mercenarios.

Pero tras de la puerta sólo queda él. El aún gobernador Osorio Chong quien se mira descargando un costal de fantasmas. Huesos, vivos y muertos que lo siguieron desde las primeras horas del primero de junio del 2005, cuando tomó posesión de manos de otro que cae al piso de los brazos del mandatario. La historia se escribió, el poder se sembró, se cosechó y queda el tiempo de disfrutar y hacer crecer a la medida posible los frutos. Nada pudo haberse robado, el poder no se trata de abiertas vulgaridades. Suyo es el terreno que piso, de donde brota el dinero y el “poder hacer”, bajo, sobre o a través de quien ahora se sentará a repartir la baraja en el mismo escritorio que el mismo heredó, 80 años después, y él, un jugador más… uno más entre varios que lo vuelven a mirar a la altura de los hombros.

Ya no es más el que piensa por todos, es él quien, de perdurar, ha de someterse al vínculo neurótico establecido por quien eligió como su sucesor. Sólo espera haberlo hecho bien, lo que en mínima política significa no traicionar. Esa será la tarea de Francisco Olvera, el nuevo rey, a quien desde ahora pertenecen todas las alfombras. Un ser Hamlet, si acaso despertara su instinto sectario, nervio de su predecesor, justo el dueño actual de toda aquella camarilla de mercenarios que hoy le aplauden y dentro de seis años, lo dejarán solo en la mesa de los esclavos.

Twitter: @albertobuitre

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