Juan Núñez y El Sitio


[Intuición No. 103]

Dicen los que saben de política que las elecciones municipales son las que más votación levantan por ser las que más interés despiertan entre la gente. Entre más chico sea el municipio, mayor pasiones confrontará. El candidato o candidata siempre es vecina, comadre, hijo, suegro, mandamás o amante de alguien. De modo que votar por esa persona es votar por tres años –cuatro y siete meses en el caso de este periodo por venir-, de dominación de un cierto clan que se apoderará de las influencias y facultades de la administración pública local. Así se forjan los cacicazgos.

En Tizayuca, por ejemplo, este poder es reserva del priísta Octavio Soto Martínez. La familia Rojas lo intentó. Al final, la presidencia municipal es un recurso renovable que muy probablemente caiga ahora en manos de Juan Núñez Perea. Sí, el mismo que ya fue alcalde en el 2000. Botón de muestra que una alcaldía es sujeta de caprichos que en nada tienen que ver con el sucio discurso de la democracia. Uno va, vota (si es que no hay fútbol en el televisor) y entonces un grupo de cómplices decide sobre una mesa llena de cervezas a quien será el nuevo edil. Así dicen que funciona el negocio. En él participan todos los partidos; por lo menos sus dirigentes.

Cuando Núñez Perea fue alcalde por primera vez del 2000 al 2003, yo estaba vomitando en el baño del bar El Sitio. Por eso no recuerdo los detalles de su administración. Me contó un buen vecino que la gente se congratuló con él por haber construido el camellón central de la Avenida Juárez. “¿Qué Él construyó?”, pensé. Como si los recursos de infraestructura y obra pública no llegaran etiquetados ya desde el Gobierno Estatal o Federal. A menos, claro está, que le hayan visto con la pala al hombro. Yo no lo sé de cierto; como decía, para esos días yo estaba viendo bailar a mi profesora de Biología sobre una mesa de El Sitio, dedicándole mis mejores tragos a cambio de un diez.

Yo me esperaré a ver quien lanza el Partido del Trabajo. Espero que sea Gerardo Fernández Noroña. El tipo tiene lo indispensable: actitud y cojones. Sí, bueno, ya sé que él no lo será. Pero el membrete me brinda esperanzas. De todos modos yo no voto aquí.

El otro día un amigo me advirtió que irá un panista por la alianza PERRE-AN; o sea, PRD-PAN. No conozco su nombre, pero me asegura que tiene lo suficientemente maiceada a las estructuras para lograr hacer algo en la elección ¿Será? Para mí la mayoría de los políticos son iguales. No importan colores ni historias, al final todos se manosean sí como si estuvieran actuando en un comercial de ron Bacardí. Y actuando muy mal, por cierto. Se hablan con la voz engolada y con discursos compuestos de oraciones diplomáticas que ni ellos entienden. Como diría mi abuela, uno como sea pero las criaturas son las que la llevan. Luego por qué los niños tizayuquenses andamos por ahí vomitando cerveza en lugar de ser buenos escritores.

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