"Tellería volvía a tomar la calle"


“Pepe Tellería volvía a tomar la calle, junto a su esposa, como hace 10 años, como hace siempre, como si nunca se hubiera ido. Algo místico cubría la tarde. El sol se resistía a morir, y una candidata le daba vida”, relata la crónica sobre la marcha convocada por la candidata de la alianza “Hidalgo Nos Une” a la alcaldía de Pachuca, Gloria Romero, efectuada en el primer cuadro de la ciudad y que terminó con un mitin frente a la Casa Rule, sede del Ayuntamiento.

Era el último día soleado de la semana. Sobre el parque de los Niños Héroes, camino al Reloj Monumental, los tantos cientos que acompañarían la marcha de Gloria Romero, se fueron sumando en grupos. Otros, ajenos a la estructura que llevó el evento, se acercaron igual a pie, movidos por nada, sólo mirar, enterarse, participar sin participar. Acompañar.

La fachada cubría multicolor a la muchedumbre. Detrás, los llevados por el PRD y delante, los incondicionales panistas de la ciudad. Comenzaron a marchar juntos, pero no revueltos, aliados, pero no hechos uno. En dos bloques, marchando juntos. Al centro, la camiseta rosa mexicano dibujaba en su dorsal: “¡GLORIA PARA PACHUCA!”. Ella saludaba, besaba, abrazaba, sonreía. “¡Vamos”!, dijo y luego avanzaron.

Un reportero se acercó a tomarle una foto. Gloria reparaba en la lente de quien la enfocaba y sonreía. Tomó del brazo a una vecina y posó para el periódico de mañana. En la imagen se dibujaba el espíritu de aquella campaña. Por encima del cabello castaño y liso de la candidata, el cielo parecía abrazarla con un cartel de su difunto esposo, maestro e iniciador político. Su rostro sonreía colocado sobre la mano que sostenía su gesto. Pepe Tellería volvía a tomar la calle, junto a su esposa, como hace 10 años, como hace siempre, como si nunca se hubiera ido. Algo místico cubría la tarde. El sol se resistía a morir, y una candidata le daba vida. Llevaba tenis blancos y su camiseta rosa era del color alrededor del cual todo, ahí, vivía y no moría, como Pepe.

Luego el sol se fue. La noche cayó y la marcha seguía. El cartel con el rostro de Tellería yacía en lo alto partiendo el cielo, el mismo de la propaganda que lo llevó a ganar las elecciones de noviembre de 1999. A su mástil parecía asirse toda aquella muchedumbre. La que le tomaba fotos orgullosos, curiosos, nostálgicos.

Gloria, de rosa, y los demás, de Gloria. Arribaron a la plaza Pedro María Anaya gritando y haciendo sonar los tambores. Las puertas principales de la Casa Rule, sede del Gobierno municipal, cumplían dos horas cerradas. “¡YA LLEGAMOS!”, gritó uno.

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