Las nauseabundas campañas electorales


Por mucho que trate de evitarlo, no puedo: las campañas electorales que han comenzado me causan nausea por ser éstas la escenografía –quizá la última-, de un sistema electoral que vive pero que está muerto. Y peor aún que, en su letargo de muerte, atropella con su cuerpo putrefacto a millones de ciudadanos y ciudadanas que llegarán a cruzar la boleta este primero de julio, esperanzados, algunos, obligados, a elevar a cualquiera de los cuatro aspirantes que se presumen como sabedores y capaces de ocupar la Presidencia de México.

Algunos de firme convicción democrática votarán por Andrés Manuel López Obrador asegurando que él es y podría ser el cambio verdadero, teniendo que ignorar las señales que le preceden como un político de severas incongruencias que poco, o nada, tiene de izquierda; convirtiéndose así en solamente la cara más amable de la depredación capital que de bajo depreda también las ideologías. Aún así, probablemente AMLO sea la única opción (opción a secas) de palie la actual crisis nacional desde el Ejecutivo, sin que esto implique el sistema de opresión cambie en lo absoluto.

Pero nosotros y nosotras, ciudadanía, deberíamos aspirar a algo más. Las causas y luchas que tanto AMLO como cualquiera de sus tres contendientes representan tienen fecha de caducidad. Luego de las elecciones, gane quien gane y pierda quien pierda, el México real permanecerá y, a la postre, se pretenderá del pueblo una cierta obediencia al régimen que ha de elegir “democráticamente”.

Yo me quedo con lo expresado por Fidel Castro el 27 de agosto de 1966 ante trabajadores cubanos “…tendrá que llegar el día incluso que no haya políticos, en que cada ciudadano sea el político, en que cada ciudadano sea el cuadro político. Tiene que llegar el día en que esta odiosa función de cuadro desaparezca”. Sólo entonces, pienso, ese sistema putrefacto de elecciones cambiará mediante una verdadera revolución de la gente, de la clase trabajadora, donde no quepan ni los AMLOs, ni los Peñas, ni las Josefinas ni alguno de sus partidos, que, está más que visto, han causado más división al país que la sucedida durante la Independencia o la Revolución de 1910.

@albertobuitre

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