Miopes


Aleph Jiménez y Blásquez Salinas

[@losangelespress]

En política mexicana nada es como parece. Hay que estar muy atentos para descubrir las pistas que revelan las verdades ocultas. En cada evento, cada declaración, cada conferencia, es imprescindible el ojo avizor para observar cada uno de sus componentes. Fijas las piezas. Darles contexto, una por una. Calcularlas, unirlas y luego, descubrir el mensaje.

Bien lo saben los medios de comunicación institucionalizados. Años y años en la cobertura de política y aún pretenden hacer creer a la gente que nada es casual, o que todo –o casi todo-, pasa sin contexto, historia o intereses creados. Y al grado del patetismo, recurren a elementos de espontaneidad o, en el mejor de los casos, se conforman con las versiones oficiales, es decir, de quienes les pagan. Siempre adrede.

Así ha ocurrido en el caso de Aleph Jiménez, tipificado como “desaparición forzada por motivos políticos” por la Comisión de Derechos Humanos del Noroeste, en la Baja California del impresentable priísta Jorge Hank Rhon, eterno fallido candidato a gobernador y amigo “desde hace más de 30 años” del alcalde de Ensenada, Enrique Pelayo, apurado político que convocó a un cónclave del priísmo californiano cuando su prócer fue preso por posesión ilegal de armas en 2011 y que fuera duramente cuestionado por Aleph no sólo por motivar y luego negar la represión en contra del #YoSoy132 el quince de septiembre en pleno Grito de Independencia, sino por sus aspiraciones a la gubernatura “cuando no es capaz de controlar el municipio que gobierna”, sentenció.

Algo iluso, claro, pues la mano la lleva su amigo, patrón y mecenas, quien seguramente logrará una vez más abanderar el PRI en Baja California en las elecciones a Gobernador del 2013 y que, con apoyo de Peña Nieto y del dinero que le donará desde las influencias de la Presidencia del país, seguramente ganará en un Estado pauperizado por la pobreza y la violencia, laboratorio de compra y coacción del voto al rancio estilo tricolor.

Con razón Aleph se ha obligado a declarar con Carmen Aristegui que no regresará a Ensenada. Con razón “apareció” como si se tratara de un fantasma en el aeropuerto de la Ciudad de México venido desde La Paz, luego de haber viajado previamente “en avión” desde Ensenada hasta la capital de Baja California Sur, según informó CNN México, sin aclarar el pequeño detalle que en Ensenada no hay aeropuerto; o sí lo hay, pero militar.

Por supuesto, menos que aclarar, el portal decidió suprimir simplemente su versión, y sin cuestionar, además, que si estaba “desaparecido”, cómo de pronto se materializó con todo y cámara de video cargada por un empleado del no casualmente “primer senador de izquierda en la historia de Baja California”, Marco Antonio Blásquez Salinas, arrogado “protector” del activista, descubierto en junio por el portal Tijuanahoy.com.mx con una propiedad de más de un millón de dólares en Chula Vista, California, y quien comparte con Enrique Pelayo una relación añeja de amistad con Jorge Hank Rhon, al grado de siempre haber tenido palabras afables, aún en campaña, por parte de la fallecida esposa del ex alcalde de Tijuana, María Elvia Amaya.

¿Y qué pasó después? La PGR y la CNDH emitieron un comunicado con argumentos similares. Que la desaparición nunca ocurrió; que Aleph estaba escondido “porque tenía miedo” y más aún, desestimando las amenazas que recibió ¿Y luego? Los medios desde la centralidad, lo mismo Aristegui que Proceso o La Jornada, se conformaron con la versión, aceptando que el activista de pronto “apareció” sin aceptar que había sido desaparecido, ni aún con relatoría de una asociación civil y sin tomar por válidas las advertencias de su propio padre, Julio Jiménez, quien en todo momento declaró “estoy seguro que mi hijo está privado de su libertad”, en un municipio y un Estado donde lo común, más bien son las ejecuciones.

Y como ya todo resultó bien y el chico volvió a su casa, no había qué hacer caso a sus evidentes signos de raquitismo corporal, desestimar los antecedentes, negar las versiones, normalizar la represión, acorrientar las amenazas, y entonces decir: Cuanta irresponsabilidad, se afecta la credibilidad del movimiento, como escribió el fastuoso columnista de La Jornada, Pedro Miguel, porque, al parecer, ‘si no se ve, es que no sucedió’, en el sistema de medios, columnistas y políticos miopes.

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