Dinero ajeno en manos de Eleazar García


Eleazar García nunca se quitó el complejo de empresario menor para tratar de ser alcalde de Pachuca, aún si su ignorancia le indicaba que debía saber algo más que contar dinero para gobernar la capital de Hidalgo, México.

De manera que, en su histeria profesional, terminó por resignarse a ser el prestanombres, acaso el parapeto, de quienes le dieron semejante chamba bajo dos órdenes precisas: no dar problemas y firmar lo comandado para preservar la Presidencia Municipal en calidad de casa chica, fondo revolvente y alcancia política del PRI local.

Este año, el tal Eleazar no sólo se ha conformado con echar a la calle a más de trescientos trabajadores de la dirección de limpias, bajo engaños de que serían contratados y después que siempre no, por la empresa inocua y desconocida “Cambio verde” a quien este mediano alcalde concesionó la recolección de basura pachuqueña, claro, con un módico pago anual de quienes en la ciudad viven además del que de por si pagan vía impuesto predial, y luego amenazas a los ex empleados para aceptar liquidaciones por debajo de lo justo ante los ojos incólumes y priistas de su sindicato charro. También, García ahora avisa que quienes laboran en el Ayuntamiento sufrirán la cancelación de su seguro médico si no están casados pues la “unión libre” no es cosa legal ante la sacrosanta ley del reino de los cielos notariales hidalguenses.

Claro, uno podría alegarle al alcalde de tierras juaristas su ridícula posición romana, católica, apostólica y burguesa, pues bien la medida parece un decreto papal, en defensa a ultranza de la buena moral familiar. Empero o, a saber de sus traumas de catecismo, no parece tanto eso como la simple y baja acción de ahorrarse unos cuantos cientos de miles de pesos sin importar que las parejas, padres, madres, hijos, hijas y trabajadores propios tengan ni para curarse la faringitis o el cáncer en el hospital público, gracias a la inconmensurable altura de estadista de un laboratorista devenido en presidente municipal, cuyo guión político fue escrito por el mismo que escribió “Alcalde por accidente”. Se dice.

No sería raro que, de tal suerte, el pueblo pachuqueño mirará sus impuestos bailar al ritmo de otro impuesto bajado a corruptelas de Atlacomulco, al son que dos ex gobernadores de Hidalgo le bailan con una elección aquí, unas tarjetas de Soriana por allá y unas cuentas bancarias por acullá. Esto, claro, sólo es cosa de políticos, pues en el caso de quien despacha y bosteza en Casa Rule, el ciudadadano nomás calla y obedece, y en su caso, también cobra.

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