México: Estado fallido y terrorismo mediático


Por la noche del lunes ocho, el Gobierno de México a través de la Secretaría de Marina emitió un comunicado en donde informaba que tenía “fuertes indicios” sobre la presunta muerte de Heriberto Lazcano , líder del Cartel de Los Zetas, una de las organizaciones criminales más fuertes del país. La caída del capo supone para el sexenio de Felipe Calderón y la burguesía nacional, una condecoración frente a Estados Unidos y la Unión Europea por los éxitos de la “guerra contra el narcotráfico” que subyace la creación de un clima propicio para las llamadas Reformas Estructurales, inversiones del capital que, entre otras cosas, se mantienen a la expectativa de la casi inevitable privatización del sector energético mexicano (PEMEX y CFE) acompañada de la Reforma Laboral que liquida la constitucionalidad de la defensa de los derechos laborales en cualquier sector productivo.

Sin embargo, esa noche y por la mañana del martes, el Gobierno nunca mostró evidencia de los “fuertes indicios” sobre la muerte del narcotraficante. Sólo detalla en boletín oficial que ésta resultó de un combate armado sucedido no el lunes ocho, sino un día antes, domingo siete, alrededor de la una de la tarde en la ciudad de Sabinas, Coahuila. Todo comenzó cuando de la cuenta de twitter del conductor del principal noticiario de Televisa, Joaquín López Dóriga, salió la versión que el apodado “El Lazca” “habría sido” “muerto o capturado” en un enfrentamiento con marinos en el lugar citado. Y más aún, el periodista se atrevió a adelantar que la Secretaría de Marina emitiría un comunicado al respecto, cosa que efectivamente sucedió unos minutos después, y enseguida era leído por el canal 2 por el propio López Dóriga.

¿Y luego? La versión pasó de la incredulidad al chiste cuando desde la oficialidad se informó que la Marina sí habría abatido al capo pero que no presentaría el cuerpo porque éste fue sustraído de una funeraria del lugar. Así, pasadas las primeras horas de la mañana del martes, el otro conductor estelar de noticias de Televisa, Carlos Loret de Mola, adelantaba que fuentes “MUY cercanas” le habían informado que la Marina en breve presentaría fotografías del cadáver de El Lazca que “no dejarán lugar a dudas” sobre la muerte del capo.

Y en efecto, las fotos se conocieron al mediodía, junto a la versión del Gobierno de Coahuila que, en conferencia de prensa, narró que la balacera en donde habría muerto Lazcano, un ex militar adscrito al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, entrenado en contrainsurgencia y operativos de reacción, ocurrió cuando éste se encontraba en un partido de beisbol con un acompañante cuando de repente abordó su camioneta y se topó ,o huyó y luego fue interceptado, con la Marina, siendo abatido en la calle sin que los marinos supieran que se trataba del líder de Los Zetas hasta que los peritos locales les avisaron, claro, hasta después que un comando armado habría asaltado la funeraria particular a donde supuestamente depositaron el cadáver, y que por eso no presentaban el cuerpo. Lo último, al momento de escribir estas líneas, fue que los perfiles criminales de la DEA y la PGR respecto a Lazcano, no coincidían.

Los analistas del narcotráfico analizarán las posibles consecuencias y ambages que pueden resultar del aparente deceso de Lazcano. Un asunto que propiciaría el morbo y acaso en lo más importante: que la gente se entere cómo esto repercutirá en su cotidianidad, con sus pueblos y ciudades tomadas como plazas de la criminalidad armada. Sin embargo, existe algo más dentro de la forma en cómo se dio a conocer, y luego cómo se manejó esta información.

A sabiendas que las redes sociales en México son caldo de cultivo para el rumor, es muy fácil para la burguesía propietaria de los medios masivos de comunicación acuñada en Televisa, que actualmente controla el aparato del poder público nacional, desatar indicios de un hecho para que sean atados por la histeria colectiva en múltiples versiones de una supuesta verdad.

La tarea principal de esta táctica de terrorismo mediático es sembrar con violencia supuestos de una pretendida verdad a través de los medios masivos con un fin político o económico escondido.

No es casualidad que la información sobre el abatimiento de Heriberto Lazcano se haya producido justo en el día que el Senado de la República iniciara discusiones sobre el dictamen de Reforma Laboral. Y no sólo por esta iniciativa en particular. La maniobra se conecta con la transición del poder presidencial y los intereses creados para salvaguardar el gran negocio de la explotación de los recursos a través de su legitimación política, económica y armada, en medio de la crisis global del capitalismo que busca asegurarse su futuro con la privatización de bienes públicos en países inestables. Piénsese que México es un país situado en África y confírmese su calidad de Estado fallido, sin que esto sea negado por los medios de comunicación.

En la trama superior del poder político y económico de los monopolios a través de acciones armadas –legales o ilegales-, la muerte de El Lazca es tan sólo la muerte de un capo, como la caída de un Secretario suele serlo, sustituible como cualquiera. Quien paga, manda. Y quien paga, es el gran capital donde lo mismo caben banqueros, políticos, industriales y poderosos narcotraficantes, casi siempre, todos interconectados por sus áreas de inversión.

Así sucedió con la operación Contra-Nicaragua en la década de 1980, cuando desde Washington se alentó la producción de cocaína para poder financiar la compra-venta de armas para equipar los operativos de anti-insurgentes para combatir a la Revolución sandinista. De acuerdo a los documentos desclasificados ofrecidos por la periodista Anabel Hernández en su libro “Los señores del narco”, esto propició el crecimiento de grandes capos como Amado Carrillo Fuentes en México y Pablo Escobar Gaviria en Colombia, alzados y hechos caer de la mano de Estados Unidos.

Claro, abajo la guerra puede tornarse tan cruenta e impune como se ve en los caminos de México. Pero la del narco, como cualquier guerra, también es un negocio que involucra compra y venta de armas, equipamiento militar, rutas, vehículos, investigación y exploración de nuevos mercados, con ganancias tan estratosféricas que hacen lucir imposible su cancelación. Y con la protección de los organismos políticos y judiciales de todo orden, la inversión es segura. Pero ninguna guerra es eterna, y esto lo sabe bien la plutocracia mundial. Por ello hay que abrirse a nuevas facturas. La explotación privada de los recursos naturales, principalmente el agua y el petróleo, es el negocio en boga y detrás de ellos, los minerales. La idea es neutralizar la rebelión mediante la legalización, también, de la explotación humana.

@albertobuitre
Publicado en [@losangelespress]

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