La primera lucha por el Socialismo en México


Asalto al Cuartel Madera, Chihuahua. 23 de septiembre de 1965. Foto: Archivos

Aproximaciones a los fundamentos teóricos de la primera lucha armada por el socialismo en México

por Marco Vinicio Dávila Juárez

Miembro del Comité Central del Partido Comunista de México 

En el Partido Comunista de México hemos reivindicado como parte de nuestra historia y tradición las luchas del pueblo mexicano contra sus opresores. Reconocemos y nos nutrimos de las experiencias de organizaciones que teniendo como guía el marxismo aportaron su esfuerzo al esclarecimiento de la situación del país y pusieron toda su capacidad a la causa de su transformación revolucionaria.

Es el caso de Arturo Gámiz y el Grupo Popular Guerrillero, “precursores en desarrollar el deslinde con la ideología burguesa de la Revolución Mexicana” y cuya discusión teórica culminó con el Asalto al Cuartel de Ciudad Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965, inaugurando en nuestra patria el periodo de las luchas armadas por el socialismo.

El fracaso de su acción militar no significa, como muchos de esos a los que criticaron argumentaron después, que fuera erróneo su análisis político. De los errores tácticos, es decir de los errores militares los propios participantes del Asalto en su tiempo escribieron sus experiencias y valoraciones y, a lo largo de estos cuarenta y siete años militantes de la causa del socialismo e investigadores, algunos serios otros no tanto, han aportado elementos que intentan recuperar los hechos históricos y-o la experiencia de esta acción. Queda, sin embargo, mucho todavía por recuperar del análisis teórico, convertido hoy en aporte invaluable para la lucha revolucionaria, y corresponde a los marxistas-leninistas, a los comunistas esta tarea.

Así como en su tiempo Marx saludó “el asalto al cielo” que significó La Comuna de Paris aún cuando poco antes del mismo alertó sobre lo disparatado de la idea, y estudió a profundidad para recoger las enseñanzas de esta experiencia, los comunistas de México saludamos el asalto al Cuartel de Madera porque vemos en esta acción, si sabemos sacar el mayor provecho de su estudio para la causa del socialismo en México “una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de la revolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de raciocinios.”[1]

Mucho se ha insistido en reconocer a la Revolución Cubana no sólo a su ejemplo, sino también a la Segunda Declaración de la Habana, como la influencia más directa sobre el puñado de jóvenes que atacó el cuartel de Ciudad Madera, Chihuahua y, a la obra teórica del Ché Guevara, sobre todo al manual de La guerra de guerrillas, como el fundamento teórico de los integrantes del Grupo Popular Guerrillero. Esto sin duda es cierto, pero es una verdad parcial. Presentar así los hechos históricos ha dado pie a malintencionadas interpretaciones de los hechos que permiten, en el menos peor de los casos, reconocer a esos jóvenes como idealistas, como soñadores, cuando no como equivocados.

El presente trabajo pretende demostrar que las Resoluciones del Segundo Encuentro en la Sierra Heraclio Bernal, están asentadas teóricamente en el marxismo leninismo. Que en la elaboración de dicho trabajo hay una correcta interpretación de los postulados de Lenin sobre el imperialismo como fase superior y última del capitalismo, y su aplicación certera a la realidad nacional de la época, en que veían a México como un país inserto ya en la cadena imperialista mundial.

En los Resolutivos se encuentra plasmada toda la fundamentación teórica a partir de la cual trazan su estrategia y las tácticas correspondientes. Por la estructura de éstos creemos que hay dos libros cardinales que orientan su análisis marxista: El imperialismo, fase superior del capitalismo, y El Estado y la revolución, de V. I. Lenin.

Comienzan los Resolutivos trazando “un cuadro de conjunto de la economía mundial capitalista”. Lo más importante de este cuadro de conjunto es la comprensión de la tesis leninista sobre los monopolios, sobre todo por el cúmulo de datos que aportan a partir de la Segunda Guerra Mundial, lo que les permite comprender el verdadero carácter de clase de la guerra y de todas las guerras posteriores, incluidas las guerras de Liberación Nacional de los países coloniales y neocoloniales. “Hemos visto que los imperialistas viven en constante batalla campal. Todos contra todos, cada quien para su santo en un verdadero pleito de perros y gatos. El motivo ha sido siempre despojarse mutuamente de las colonias, acaparar los mercados, arruinar al competidor, aumentar la zona de influencia. La lucha entre ellos existirá mientras exista el imperialismo, tiene momentos de agravación y momentos de amortiguación, actualmente se están agudizando.”[2]

Comprenden que el imperialismo no es un espacio geográfico, no lo identifican con un país, ni siquiera con un continente, es un fenómeno histórico mundial. Aunque reconocen que en “Estados Unidos es donde el capitalismo ha alcanzado su máximo desarrollo y por lo mismo donde las contradicciones se manifiestan con más claridad.”[3] No lo identifican ni lo asocian únicamente con él. Esto es muy importante para la construcción de su estrategia. Pues les permite a la vez entender dos cuestiones de suma importancia, que el imperialismo al que Lenin llama como “capitalismo de transición o, más propiamente, agonizante.”[4] es la última fase del capitalismo, “El imperialismo está pues en agonía, pero su descomposición y decadencia inexorable no significa que se amanse, por el contrario, en la medida que se agudicen sus contradicciones y se acerque su muerte se volverá más agresivo y rapaz, con la desesperación del moribundo.”[5] Y, que “el imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado”[6] Así establecen que “sólo mediante la revolución se puede tomar el Poder político y emancipar a las masas. Jamás ningún pueblo ha conocido otro camino para emanciparse que no sea el de la lucha armada. La revolución es el único camino que existe para los pueblos.”[7]

No hay contradicciones ni en sus concepciones ni en la redacción de los Resolutivos, pues entienden que además de los dos grupos característicos de la época, los coloniales y las colonias están “también las formas variadas de países dependientes políticamente independientes, pero en realidad, envueltos por las redes de la dependencia financiera y diplomática”[8]. Comprendiendo muy bien la descripción de Lenin sobre el capitalismo parasitario o en descomposición. De esta manera explican cómo funciona el neocolonialismo como mecanismo de control del imperialismo “sobre naciones aparentemente soberanas, estables y en pleno desarrollo independiente. Los métodos básicos del neocolonialismo son: el control de la economía el control del comercio exterior y el intercambio desigual. Para controlar la economía necesitan hacer inversiones en ciertas ramas y sobre todo en las industrias claves mediante inversiones de capital con el sello de la metrópoli, mixto o de la iniciativa privada que muchas veces es simple alcahuete del capital extranjero.”[9] Y con esta última afirmación vuelven a explicar como se entretejen los capitales extranjeros y nacionales, empujando dichas economías hacia su inserción en la fase superior del capitalismo.

La comprensión de que “el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del “orden” que legaliza y afianza esta opresión”[10] tienen claro que “el Estado sirve siempre y servirá mientras exista a los poseedores de los medios de producción. Sabemos que en nuestro país sirve a los explotadores en general.”[11] Por lo tanto el Estado burgués debe ser destruido por la revolución.[12]

Al afirmar que “El capitalismo de Estado en México significa la integración o fusión estrecha de la maquinaria estatal con el capital nacional, el uso del Estado para facilitar el desenvolvimiento de ese capital, representarlo y protegerlo frente al imperialismo y sobre todo frente al proletariado y buscarle mejores precios a sus mercancías y más mercados.”[13] están cuestionando de raíz las tesis vigentes en la época que en México existía la posibilidad que la burguesía triunfante en la revolución democrático burguesa de 1910 pudiera impulsar a favor de las masas trabajadoras dicho proceso, pues “La burguesía queda en el poder y abre de par en par las puertas al desarrollo capitalista…”[14]…“El pueblo sólo obtuvo mejorías cuantitativas que paulatinamente ha ido perdiendo…”[15] para finalmente declarar que “La oligarquía nacional que nos gobierna se fortalece a ritmo veloz, acrecienta su poderío a todos los órdenes contando para ello de relativa calma y tranquilidad que le permite llenar la barriga y saborearse a discreción, con las ventajas de un control omnímodo de la situación nacional…”[16]

Aclarada la cuestión del Estado y la clase dominante, hacen el análisis de México elaborando nuevamente un cuadro de conjunto; sobre todo a partir de la promulgación de la Constitución de 1917, de esta manera explican cómo fue el proceso de industrialización del país, aunque advierten que este proceso no significó prácticamente ningún beneficio para la clase obrera, ya que “la distribución es injusta, porque la burguesía se queda con la mayor parte de las riquezas. Del ingreso nacional de 1939 a los empresarios les tocó el 26% en utilidades y a los obreros el 30% en sueldos y salarios, distribución muy injusta porque los empresarios son unos cuantos y los obreros son muchos. En 1955 correspondió el 44% (a los empresarios) y a los obreros sólo el 26%. Los empresarios representan el 2% de la fuerza de trabajo y los obreros el 98%. Esta injusta distribución, esta desigualdad se acentúa a medida que se desarrolla el capitalismo.”[17] Importante de este análisis es que da cuenta de cómo se forman los primeros monopolios en nuestro país sobre todo el de la generación de energía eléctrica y la telefonía, en el primer caso la ruina o la absorción de las 27 pequeñas empresas por parte de ‘Mexican Light and Power Company’, en el segundo caso la fusión o ruina de seis pequeñas empresas permite el surgimiento del monopolio Teléfonos de México, ligado a la norteamericana ITT, Co., que a su vez está ligada al National City Bank.”[18]

Reconocen también que el Estado tiene un gran número de empresas monopólicas. Comprendiendo el proceso de centralización y concentración capitalista que se estaba operando en México “La concentración de la producción ha alcanzado un alto grado si consideramos que de 2000 empresas capitalistas más grandes que hay en la República Mexicana 400 absorben el 77% del total de los ingresos de esas dos mil grandes empresas.”[19], y quienes eran los principales beneficiados “El capitalismo de Estado en un país dependiente tiene sus aspectos positivos, inmediatos para la burguesía”[20], reconociendo la naturaleza de clase del Estado “El capitalismo de Estado en México significa la integración o fusión estrecha de la maquinaria estatal con el capital nacional, el uso del Estado para facilitar el desenvolvimiento de ese capital”[21] a favor por su puesto de la burguesía.

Entre lo más destacado de este análisis es que empleando el método marxista usado por Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, estudian y desentrañan la fusión del capital industrial con el capital bancario y el surgimiento del capital financiero de origen mexicano “Otro hecho importante que debe tenerse en cuenta es la subordinación de las industrias a los bancos prueba de la existencia de una poderosa oligarquía que estrangula a la nación. Se han integrado 5 ó 6 grandes grupos bancarios que son extraordinariamente poderosos. Tenemos por ejemplo el “supergrupo” del BANCO DE COMERCIO, S.A. que es el sector reaccionario y proimperialista que conocemos como grupo Alemanista cuyo poder se representa: 31 bancos, 6 fábricas de jabón y aceite, 3 empresas textiles, 18 financieras, 4 empresas de cemento, 1 cervecera, 9 compañías de seguros, 2 vidrieras, 1 fundidora, 3 cías. de finanzas, 1 papelera, 1 embotelladora, 2 emp. de comisionistas, 1 comerico, de cat., 1 tabacalera en rama, 1 editorial, 2 emp. de prods. Farmacéuticos, 1 Manuf. Cigarros 1 emp. de celulosa, otras 2 empresas”[22]

Es partir de estos datos que llegan a una conclusión contundente al entender que “la particularidad fundamental del capitalismo moderno consiste en la dominación de las asociaciones monopolistas de los grandes empresarios”[23] y pueden afirmar categóricamente “La concentración de la producción y la formación de los monopolios que se apoderan de la nación es una ley.”[24] y “Todo lo visto hasta aquí confirma que México es una nación en pleno desarrollo capitalista obstruido por el capital imperialista de los E.U. pero impulsado por una burguesía nacional más o menos impetuosa, sumamente hábil con la experiencia que le han proporcionado 50 años de gobierno y con un control absoluto sobre las masas populares como veremos más adelante.”[25]

En los años en que se realizaron los documentos predominaba sobre prácticamente todas las organizaciones y grupos de izquierda una estrategia que establecía la lucha por la Liberación Nacional como la tarea inmediata y en función de ella implantaban las tácticas correspondientes que imponían, de manera necesaria, la alianza con sectores de lo que denominaban burguesía nacional, ignorando lo que los jóvenes de Madera reconocían ya: la desaparición de las economías nacionales y el establecimiento de la existencia de “una economía mundial” y la inexistencia de tal burguesía. Engendrando así un error estratégico de dimensiones incalculables para la clase obrera y amplios sectores populares que quedaban maniatados en su accionar independiente y sujetos a la dirección de esa burguesía. Este error estratégico sigue pesando hasta nuestros días sobre la clase obrera mexicana.

En los Resolutivos pusieron en tela de duda toda esta estrategia, aportando una infinidad de datos que permiten entender el proceso de acumulación capitalista que se estaba desarrollando en México al amparo del Estado surgido de la revolución democrático burguesa de 1910-17 y de su clase dirigente, por lo que no tuvieron ningún empacho en denominar a este periodo Medio siglo de dictadura burguesa. Dentro del cual el proceso de nacionalizaciones era una necesidad para desarrollar las fuerzas productivas en el marco de las relaciones capitalistas; no era, como muchos supusieron una vía para la independencia nacional, el fortalecimiento de la clase obrera y la implantación pacifica del socialismo.

Entonces si la economía nacional está ya dominada por los monopolios, de capital nacional y extranjero, porque entre los sectores de la burguesía proimperialista y de la burguesía nacional que son las poseedoras de los monopolios “forman la oligarquía que manejan la Nación a su conveniencia.”[26] Y ésta había agotado ya las posibilidades de seguir impulsando el desarrollo independiente del país puesto que se encontraba ya incrustada plenamente en la fase superior del capitalismo, el imperialismo, que es la antesala de las revoluciones proletarias y que “la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante”[27] señalaron las tareas de los revolucionarios “sintetizar y racionalizar la experiencia que las masas obtienen en sus luchas e integrarla con la del movimiento revolucionario universal y señalar la conclusión de que solamente cambiando el sistema las masas populares podrán emanciparse y el único camino que conduce a su liberación definitiva es el de la acción revolucionaria para derribar a la burguesía.”[28] Comprendiendo “la necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta”[29]

El dirigente comunista mexicano, Arturo Gamiz, en un mitin campesino. Foto: Archivos

Por todo ello, los jóvenes de Madera concluyen que la lucha no es por estadios intermedios entre el capitalismo y el socialismo, que la lucha es por la revolución socialista, “El camino que nosotros hemos escogido está perfectamente claro, consideramos que ya es la hora de iniciar la revolución.”[30] No hay tampoco vías nacionales para la construcción del socialismo. Hay “una economía mundial” el imperialismo, por tanto “la revolución sigue siendo una ley universal” puesto que las leyes del desarrollo capitalista son igualmente una ley universal, esto es lo fundamental, no las particularidades nacionales, pues esta desviación lleva a las particularidades regionales y en consecuencia a los modelos regionales de construcción socialista.

No son, por tanto ciertas todas aquellas afirmaciones de quienes creen encontrar en los Resolutivos del Segundo Encuentro en la Sierra Heraclio Bernal solamente una justificación para la lucha armada, son las conclusiones elaboradas por Arturo Gámiz a la luz del marxismo leninismo de la comprensión de su época y las tareas que corresponden a dicha época para los revolucionarios que, como marxistas no privilegiaron una forma de lucha, supieron desplegar y combinar todas las formas de lucha, abierta y clandestina, legal e ilegal. Desde la lucha electoral hasta la lucha armada, fueron dirigentes sociales, campesinos, magisteriales y estudiantiles. No llegan a las armas de manera súbita, antes del asalto al cuartel de Madera ya habían hecho varias acciones armadas de autodefensa y propaganda, pues con lo único que cumplían era con lo que consideraban su obligación “plantear las demandas de las masas populares, obreras, campesinas, estudiantiles, organizarlas y movilizarlas para que adquieran conciencia de clase, experiencia revolucionaria y para que lleguen a la conclusión señalada.”[31] Son los Resolutivos la “buena costumbre marxista (de) hacer una exposición coherente y acabada de los fundamentos de las propias opiniones y de la propia táctica”.[32]

Su correcta caracterización de la época y su comprensión de la inserción de nuestro país en la pirámide imperialista les permite advertir otro elemento a combatir: el oportunismo, inherente al imperialismo “Lo más peligroso en este sentido son las gentes que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se halla ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa”[33]. Y lo combaten abiertamente y sin cuartel. De las organizaciones sindicales oficiales advierten las grandes lacras con que la burguesía y su gobierno las acosan y corrompen, “La corrupción, la violencia, la mediatización y la demagogia. Compra los cuadros dirigentes, los soborna y corrompe, impone a sus agentes al frente de cada sindicato, asesina lideres honestos, lanza el ejército y los granaderos, los bomberos, la secreta, etc. contra cualquier acción obrera, declara ilícitas o `inexistentes´ las huelgas, acusa de disolución `social´ a los mejores elementos del proletariado, toma medidas demagógicas como lo del reparto de `utilidades´ y hace concesiones reales para calmar el descontento. La corrupción de los dirigentes es uno de los principales aspectos del problema, a esto se llama en México `charrismo´, en memoria de un líder obrero prototipo de esta especie degenerada al que apodaban los ferrocarrileros: `el charro´.”[34] Así también su crítica feroz contra el PCM y el PPS, las dos organizaciones de izquierda preponderantes en la época: “En México los partidos de izquierda parecen haber olvidado su misión histórica y quiénes son sus enemigos, pues emplean todo su coraje y todas sus energías en atacarse mutuamente y atacar a las organizaciones de masas, en meterse zancadilla mutuamente y meterle zancadillas a las organizaciones de masas. Las oficinas de los partidos de izquierda no son un cuartel general, ni un centro de estudio y trabajo, rara vez se comenta un libro importante, nunca se analiza el problema de la tierra o la situación de los trabajadores.”.[35]

No aceptan, y explican por qué no, los argumentos de que la correlación de fuerzas favorables al socialismo aceleraría la revolución en cada país. Tampoco aceptan el pretexto que significaba el argumento sobre el débil equilibrio de la paz mundial para retrasar la lucha. Ni el argumento de que la división que en su época tenía el campo socialista hacía inviable el triunfo de cualquier lucha revolucionaria. Finalmente tampoco aceptan el argumento del fatalismo geográfico, cuestionado por el propio triunfo de la Revolución Cubana, al respecto dicen: “Que el imperialismo yanqui está listo para invadir cualquier país y que por tanto un movimiento armado tendría el valor de una provocación para que nos invada E.U. países como México donde la lucha revolucionaria es incipiente y timorata, no tiene el imperialismo la necesidad de mantener un ejército de ocupación, lo cual no quiere decir que no esté invadido y sojuzgado. Los revolucionarios nunca son provocadores, al contrario los opresores provocan la revolución. El imperialismo yanqui, más tarde o más temprano, ocupará militarmente nuestra Patria, pero también al imperialismo se le puede derrotar, se le está derrotando en otras partes y en México también será derrotado.”[36]

Siendo el marxismo-leninismo una ciencia, permite llegar a quien lo haya estudiado y comprendido con una actitud militante y revolucionaria a conclusiones que no sólo sirven para entender como un todo la realidad del momento histórico que se analiza, sino que da la posibilidad de buscar y encontrar los caminos –la estrategia y las tácticas– para la transformación de dicha realidad. Son los folletos para el Encuentro de la Sierra “Heraclio Bernal” un aporte marxista-leninista para la lucha revolucionaria en nuestro país.

Todavía falta mucho por estudiar de los Resolutivos del Segundo Encuentro en la Sierra para poder comprender la gran empresa que acometieron estos jóvenes revolucionarios, y para valorar en su justa dimensión la profundidad teórica de sus planteamientos y el tamaño de los dirigentes que pudieron llegar a ser. Esa tarea seguirá pendiente y será un reto para quienes vemos a la orden del día la revolución socialista para construir la nueva sociedad: el socialismo-comunismo.

(Publicado en El Machete, Revista de teoría y política del PCM)

[1] Lenin, V. I. (1975) El Estado y la revolución, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop. China, p 43

[2] Resolución 1(1965) Primer Dictamen: El Imperialismo, Ediciones Línea Revolucionaria, Chihuahua, México

http://www.madera1965.com.mx/res1.html

[3] ibíd

[4] Lenin, V. I. (1972) El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop.

China, p 163

[5] Resolución 1(1965) Primer Dictamen: El Imperialismo, Ediciones Línea Revolucionaria, Chihuahua, México

http://www.madera1965.com.mx/res1.html

[6] Lenin, V. I. (1972) El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop.

China, p 10

[7] Resolución 2 (1965) Segundo Dictamen: El mundo colonial y semicolonial, Ediciones Línea Revolucionaria,

Chihuahua, México. madera1965.com.mx/res2.html

[8] Lenin, V. I. (1972) El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop.

China, p 108

[9] Resolución 2 (1965) Segundo Dictamen: El mundo colonial y semicolonial, Ediciones Línea Revolucionaria,

Chihuahua, México. madera1965.com.mx/res2.html

[10] Lenin, V. I. (1975) El Estado y la revolución, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop. China, p 8

[11] Resolución 3 (1965) Tercer Dictamen: Medio siglo de dictadura burguesa, Ediciones Línea Revolucionaria,

Chihuahua, México. madera1965.com.mx/resol.html

[12] Lenin, V. I. (1975) El Estado y la revolución, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop. China, p 22

[13] Resolución 3 (1965) Tercer Dictamen: Medio siglo de dictadura burguesa, Ediciones Línea Revolucionaria,

Chihuahua, México. madera1965.com.mx/resol.html

[14] Ibíd

[15] ibíd

[16] Ibíd

[17] Ibíd

[18] Ibíd

[19] Ibíd

[20] Ibíd

[21] Ibíd

[22] Ibíd

[23] Lenin, V. I. (1972) El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop.

China, p 104

[24] Resolución 3 (1965) Tercer Dictamen: Medio siglo de dictadura burguesa, Ediciones Línea Revolucionaria,

Chihuahua, México. madera1965.com.mx/resol.html

[25] Ibíd

[26] Ibíd

[27] Lenin, V. I. (1975) El Estado y la revolución, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop. China, p 9

[28] Resolución 4 (1965) La burguesía ha fracasado y es incapaz de resolver los problemas nacionales, Ediciones Línea

revolucionaria, Chihuahua, México http://www.madera1965.com.mx/res4.html

[29] Lenin, V. I. (1975) El Estado y la revolución, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop. China, p 26

[30] Resolución 4 (1965) La burguesía ha fracasado y es incapaz de resolver los problemas nacionales, Ediciones Línea

revolucionaria, Chihuahua, México http://www.madera1965.com.mx/res4.html

[31] Ibíd

[32] Lenin, V. I. (1980) Acerca del infantilismo izquierdista y del espíritu pequeñoburgués, editorial Progreso, Moscú, URSS, p 6

[33] Lenin, V. I. El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, Rep. Pop.

China, p 163

[34] Resolución 5 (1965) El único camino a seguir, Ediciones Línea Revolucionaria, Chihuahua, México,

http://www.madera1965.com.mx/res5.html

[35] ibíd

[36] ibíd

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