La agenda oculta del Papa en #Brasil


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ALBERTO BUITRE.- Son conocidas las posiciones de Jorge Mario Bergoglio contra las políticas sociales en Sudamérica. Son famosas las historias que confrontaron directamente al entonces obispo de Buenos Aires con la presidenta Cristina Fernández, como aquella del 2007 cuando se discutía en Argentina la despenalización del aborto y al sacerdote se le ocurrió declarar: “Las mujeres son naturalmente ineptas para ejercer cargos públicos”.

Curiosamente, ahora asumido como Papa, Bergoglio tiene su primera visita a un país donde gobierna una mujer: Brasil, de Dilma Roussef.

Llegó este lunes para participar en la Jornada Mundial de la Juventud Católica en Río de Janeiro y pretende visitar favelas y otros sitios que le den impulso mediático a su Iglesia en el cúmulo de terreno perdido del catolicismo en ese país, otrora, la capital del mundo apostólico-romano en América.

Pero ha dejado de serlo.

De acuerdo a cifras The Pew Forum on Religion and Public Life con sede de Washington, la población católica en Brasil pasó de un abrumador 92% en 1970, a un decadente 65% en el 2010.

Las causas de tan dramática caída, son varias. Desde las relaciones de corrupción entre la prelatura católica con el sistema político; el ascenso de iglesias emergentes y mucho más carismáticas; o el rechazo de El Vaticano a las comunidades católicas de base adscritas a la Teología de la Liberación, las cuales fueron perseguidas tanto por Juan Pablo II como por Benedicto XVI por considerarlas “marxistas”.

Además, por supuesto, el avance de los derechos sociales del pueblo brasileño en materia de sexualidad, género y diversidad, que tanto molestan a la curia romana. Y ni hablar de los escándalos de pedofilia.

Al respecto cabe resaltar que The Pew informa que mientras el catolicismo se derrumba en Brasil, los templos llamados evangelistas han crecido prácticamente en la misma proporción. De un 5% hasta un 22% en 30 años, cuyo epicentro se encuentra precisamente en Río de Janeiro, lugar al cual llega Bergoglio y donde -se dice-, existen más templos protestantes que católicos.

Queda claro entonces que nada es casualidad en la visita del Papa Francisco. Al menos en cuanto a la nueva campaña que pretende echar a andar para salvar al catolicismo en ese país, y desde ahí, tenderle un lazo a todas las Diócesis de Latinoamérica que atraviesan más o menos la misma crisis.

Así mismo algunos se preguntan si se sentará a dialogar con los teólogos liberacionistas, perseguidos por sus predecesores en el trono de San Pedro; y, por qué no, tender lazos de entendimiento con la corriente “carismática” asentada en la Iglesia brasileña que pretende hacer frente a los evangélicos con las mismas técnicas de mercado, lo cual, tampoco ha agradado mucho a Roma.

Todo es misterio al respecto. Misterios que no obstante se resolverán una vez de vuelta a su hogar en Casa Santa María, el lugar donde eligió vivir, modesto, comparado con el Palacio Apostólico o Castel Gandolfo, la residencia papal de verano.

En lo eclesiástico, por su relación con las voces que se oponen a la política vaticana. Cuenta para ello de una buena pista de arranque donde incluso los liberacionistas como el teólogo brasileño condenado por Roma en 1984, Leonardo Boff, han elogiado el discurso “cercano a los pobres” de Bergoglio. Sin embargo, queda claro por sus antecedentes en Buenos Aires, que nada variará en temas como aborto, uso del condón, mujeres en la Iglesia y diversidad sexual. En sístesis: derechos sexuales y reproductivos que son intrínsecos a cualquier género, y ante los cuales la Iglesia se ha rezagado al menos 300 años.

Y en lo político, están por verse los resultados que arrojan las investigaciones que el Papa mandó hacer, como aquella por corrupción al Banco de El Vaticano y los casos de pedofilia, temas que afectan el interior de la Santa Sede y que al momento sólo son pregones.

Mientras que al exterior, Brasil podría marcar la estrategia política de Bergoglio para expandir -o no dejar morir, en su caso-, la influencia del catolicismo entre los profundos cambios sociales que vive el Cono Sur mediante gobiernos progresistas en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y hasta Brasil, si no se tomara en cuenta que en ese país son los monopolios capitalistas quienes pagan la renta de las reformas. De ahí, dicho sea de paso, que las protestas que no paran ni con la Copa Confederaciones ni ahora con la visita de Francisco.

Con un gran talento para llenar portadas de periódicos (para eso lo eligieron los cardenales), el verdadero rostro del Papa aún no se aprecia. Por eso su ruta en Brasil es importante en términos políticos, pues marcará el fondo y la forma de su papado y develará su verdaderas intenciones: Si es ese Francisco humilde, que se sube al metro de Roma y besa los pies desnudos de los fieles, o aquel obispo Bergoglio, misógino y enemigo del cambio social.

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