La privatización de PEMEX y los muertos que vienen


ALBERTO BUITRE / THE HUFFINGTON POST .- En 1980, el entonces presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari dijo que la paraestatal Teléfonos de México (Telmex) era “ineficiente” y que necesitaba “modernizarse”. Con ese pretexto dictó la venta de todas las acciones propiedad de la nación al Grupo Carso, de Carlos Slim Helú. La transacción parió al hombre más rico del mundo; pero también el tercer servicio telefónico más caro entre los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

En ese mismo año y con ese mismo Presidente, la banca mexicana se desnacionalizó. Entonces se dijo que el sistema bancario mexicano necesitaba “rejuvenecerse y modernizarse” ¿Y qué pasó? Desde 1998, los mexicanos pagan de sus bolsillos vía impuestos, un rescate bancario que al año 2013 ya asciende a los 128 mil millones de pesos. La privatización se convirtió en deuda pública. El Fobaproa es una deuda que los mexicanos de hoy seguirán pagando hasta 15 años después de muertos. O más.

Con estos antecedentes, no parece casualidad que muchos especialistas mexicanos tengan en Salinas de Gortari al autor intelectual de la inminente privatización de Petróleos Méxicanos (PEMEX). Una operación gestada en el sexenio de Felipe Calderón y que tiene su toque final con Enrique Peña Nieto.

El actual administrador del Gobierno mexicano presentó oficialmente la reforma este lunes 12, acompañado de un mensaje transmitido en cadena abierta nacional de televisión, seguido de muchos spots de soporte.

Señala la propuesta que la reforma a PEMEX “modernizaría” al sector. Un discurso similar al de la privatización del Telmex. “PEMEX necesita modernizarse y fortalecerse”, sostiene Peña Nieto, asegurando al mismo tiempo que el petróleo mexicano no contraviene la disposiciones defendidas en 1938 por Lázaro Cárdenas del Río; el ex presidente que un 18 de marzo promulgó la expropiación petrolera. Un día feriado en el calendario escolar del país.

Pero dice Peña Nieto que su reforma recupera el espíritu de Lázaro Cárdenas y la nacionalización del petróleo. Que “Pemex no se vende ni se privatiza, Pemex se fortalece y moderniza”.

Sin embargo, las declaraciones de altos funcionarios de la Secretaría de Energía concedidas en junio pasado al Wall Street Journal parecen contradecirlo. Según sus versiones, México entregará a empresas extranjeras la disposición de un plan seguido hasta el año 2025 que contempla “la apertura a la inversión privada de la exploración y la producción en aguas profundas, donde se cree que está más de la mitad de los posibles recursos petroleros de México”.

De tal modo, México no tendría el control por un cuarto de siglo de lo que emane de su propio territorio, más allá de las ganancias divididas. La ecuación luce sencilla: Yo pongo el petróleo, tu pones la tecnología, y que todos ganemos, dicen.

Ganancias que resultan pérdidas, según se quiera ver.

Las empresas extranjeras se llevarían la renta petrolera mexicana por los siguientes 22 años, incluida la de productos como el llamado petróleo de esquistos bituminosos, también conocido como shale oil, considerado el futuro de la industria petrolera. Dicen los expertos que este producto es tan redituable que Estados Unidos pudo paliar la crisis del 2009 gracias a él, pasando de los cinco a los nueve millones barriles producidos. Así que mientras Washington o Venezuela, llegan primero a disfrutar las miles negras de este tesoro, México apenas tendrá que conformarse con lo que sus arrendados quieran negociar.

Pérdidas, también si se considera que el petróleo deja unos 40 mil millones de dólares anuales de ganancia. Lo mismo el narcotráfico. La industria mexicana de la droga mueve en el país entre 25 a 40 mil millones de dólares, a decir de la organización de inteligencia empresarial, Kroll. De hecho, el narco es el quinto mayo empleador del país con 468 mil personas viviendo de su dinero. Algo tres veces más que PEMEX.

¿Cómo se moverían estas cifras con la privatización de PEMEX? Nadie se atreve a precisarlo, aunque la mayoría se lo imagina. Aunque si se considera que los ingresos del narcotráfico pueden ser mayores a los del petróleo, el tema de la reforma energética tendría que ir más allá de lo económico.

Y Peña Nieto ha presentado la reforma energética sólo como eso, un plan financiero. Uno que privaría a México del 40 por ciento de su presupuesto en gasto social derivado del petróleo y que sin él, la propuesta será simplemente subir los impuestos. Homologar el IVA al 17 por ciento, incluidas medicinas y alimentos, y elevar el Impuesto Sobre la Renta (ISR) hasta el 30 por ciento. El proyecto ya está ahí. Al mismo tiempo, el aumento gradual del precio de la gasolina -que casi alcanzan ya los 12 pesos por litro. Y con ello, el encarecimiento de la vida misma, sobre todo de la canasta básica de alimentos.

¿Qué significa esto en un país con 60 millones de pobres? Y si la violencia deviene de la pobreza, ¿cuál será el impacto, cuando el narcotráfico ha regado ya más de 150 mil muertos ? A juzgar por lo que pasó con Telmex y los bancos, los efectos de la privatización de PEMEX se antojan brutales; y por brutalidad, entiéndase lo contrario a “modernización”.

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