Guerrilla y fútbol: El barrismo y los caminos para la paz en Colombia


ALBERTO BUITRE / LA CIUDAD DEPORTIVA .- Más de 40 años de conflicto armado en Colombia podrían terminar, y al fútbol habrá que darle su parte de agradecimiento.

La semana pasada, representantes de las hinchadas más poderosas de Bogotá, Santa Fe y Millonarios, se reunieron en el Foro “Juventudes, Fútbol y Sociedad”, para encontrar caminos que desde sus propias realidades colaboren con la paz colombiana.

La guerrilla comunista de las FARC-EP y el Gobierno de Juan Manuel Santos se han sentado en torno a una mesa provista en La Habana, Cuba, a discutir las vías que conducirían a Colombia a terminar con un conflicto armado de más de 40 años, el más duradero del Continente.

Los diálogos tienen prácticamente involucrada a toda la sociedad colombiana. Organizaciones de todos los sectores se han reunido en Foros a discutir las profundas causas de desigualdad que han exacerbado la violencia. Ambos bandos, tanto la dirección de las FARC como el Ejército, han reconocido implícitamente que las balas no resolverán mucho de lo que hoy Colombia tiene en juego con la pobreza, los campesinos sin tierra, el paramilitarismo, el narcotráfico, la infiltración de las agencias estadounidenses y la crisis de su sistema económico.

“Los diálogos en La Habana son reconocimiento expreso de la imposibilidad, hasta ahora, del triunfo militar (…). Por eso acordamos sentarnos a en igualdad de condiciones a buscar soluciones incruentas al conflicto”, comentó a este periodista, el Comandante Marco León Calarcá, delegado de paz de las FARC, en una entrevista realizada en junio.

Ahora toca el turno al fútbol encontrar su propio camino de paz.

No combaten con balas en los montañas, pero los pleitos entre la Guardia albiroja y los Comandos azules han desatado sus propios muertos. A principios de año, una pelea entre santafereños y millonarios dejó un adolescente de 17 años asesinado a punta de navaja. El criminal fue condenado en julio pasado a pagar con 16 años de cárcel.

Pero no sólo en Bogotá. La violencia entre barristas incumbe a América de Cali, Atlético Bucaramanga, Independiente de Medellín, Atlético Nacional y Deportivo Cali, que junto a Santa Fe y Millonarios, tienen las barras más bravas de Colombia. En junio de 2012 ocurrió la condena más alta provocada por la violencia entre hinchadas. Treinta y tres años al sujeto que asesino a un hincha del Deportivo Cali.

No en balde se creó la Fundación Madres por el Fútbol, que pretende promover la tolerancia entre hinchadas, luego que la violencia arrebatara la vida a varios de sus hijos. Sus integrantes se reunieron en Bogotá este 2013 en un taller sobre alternativas que alejen a las juventudes del pandillerismo, sin que ello implique dejar el barrismo.

Y es que la violencia de las barras no es casual, ni viene de origen. Por décadas, ya en Colombia como en cualquier parte del mundo donde el fútbol es un catalizador social, han existido grupos dedicados a alienar la pasión para que las hinchadas no encuentren en la grada, un pretexto para organizarse políticamente. El Estado y los empresarios que se han apoderado del deporte profesional, tiemblan ante la posibilidad de que esos canticos que llaman a decenas de miles, se vuelvan causas sociales contra el deterioro del sistema económico. Por eso alguien, en algún punto escondido del graderío, siempre está dispuesto a fomentar el odio entre colores; la fascistización del fútbol, con la represión policiaca como aparato.

Frente a ello, el foro “Juventudes, Fútbol y Sociedad”, marcó una diferencia. En unos días, dos de las barras más gloriosas de Colombia demostraron que la grada no sólo es alcohol y fuego. Las mismas FARC-EP reconocieron el esfuerzo y lo saludaron en un video difundido desde La Habana a cargo de los guerrilleros Sergio Ibañez y Emiro Jiménez, vestidos respectivamente con las camisetas de Sante Fé y Millonarios. Afirmaron que las barras “son expresiones del pueblo, y como tales, deben estar del lado del pueblo”:

“A través del aguante y del amor a los colores del club se canalizan las profundas desigualdades que aquejan a los barrios de nuestros país. Sabemos que hay grandes enemigos en el camino del barrismo: el fútbol-negocio que quiere hacer de nuestra pasión una mercancía, el Estado policivo que reprime las expresiones del pueblo, los empresarios del crimen que pretenden convertir las barras en mafias desvinculadas de sus orígenes populares”.

Así las barras colombianas le harán un favor no sólo a su país, sino a toda Latinoamérica. Incluso al mundo. Derrumbar las mallas que estigmatizan a los hinchas. Púas y alambre como símbolo de criminalización, arma de provocación de un Estado que tiene miedo al poder de organización de la juventud. Masas enérgicas unidas por el fútbol, con posibilidades políticas infinitas. Los barristas de Colombia están a punto de transformar su país, mientras en otros países, los capitalistas del juego discuten como eliminar a las hinchadas por considerar que amenazan su imagen; es decir, su ganancia.

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