Caos urbano y corrupción política (¿Por qué tantos Fraccionamientos?)


Construcción de un nuevo Fraccionamiento. Foto: Diario Vía Libre
Construcción de un nuevo Fraccionamiento. Foto: Diario Vía Libre

ALBERTO BUITRE / CRITERIO HIDALGO .- El caos urbano provocado por la construcción inmoderada de fraccionamientos tiene un vínculo directo con la corrupción política. De hecho, la volvieron la alternativa de enriquecimiento ante la etiquetación de recursos públicos que hicieron casi imposible que un funcionario simplemente se robara dinero para obras o programas sociales. La estrategia cambió. Las licitaciones compradas, los prestanombres, la privatización de bienes enajenados, son la nueva vía para hacerse millonario sin tocar un centavo del presupuesto. Y con los desarrollos inmobiliarios es sencillo. Hay una constructora interesada en hacer casas, negocia con el político en turno, le regala un número indeterminado de lotes cuyo costo por venta va a parar directamente a su bolsillo. Y si la renta de maquinaria o la adquisición de los terrenos también son de su propiedad, negocio redondo.

Y cada vez son más quienes sueñan con participar de la empresa secreta de construcción de fraccionamientos. En todos los pisos de una sede gubernamental, corre la saliva de burócratas de todas las denominaciones por hacerse de uno o más lotes; de una o más licitaciones; de uno o más permisos comerciales. Lo de fondo es la atomización de la tierra. La ambición capitalista liquida la riqueza mineral de los terrenos y hablar de desarrollo agropecuario es como un chiste. Lo de siempre: eso que llaman ordenamiento territorial, basado en negocios y relaciones mercantiles, es tirar a la basura el aprovechamiento sustentable y hasta cultural, patrimonial y arqueológico del suelo.

¿Y las casas? Cayéndose al año. Una vez vendidas todas las habitaciones, los servicios públicos son responsabilidad de los Ayuntamientos, quienes no pueden costear el suministro de drenaje, alcantarillado, luz eléctrica, recolección, basura, educación, seguridad pública, áreas verdes, transporte… y todo aquello se vuelve un desmadre. Uno provocado por quienes aprueban esos complejos, pensando en el cortísimo plazo de su cuenta de banco, jodiéndole el futuro a decenas de miles de familias; las que llegan y las que sufren el embate de la inmigración desordenada.

Por eso ahora el gobernador Francisco Olvera reconoció en mayo que el crecimiento de la zona conurbada de Hidalgo “no ha sido con el orden que debe ser y con la proyección a la que aspiramos”. Lo dijo específicamente por el caos de viviendas que padece el Valle de Tizayuca donde en siete años, la población creció por encima del medio millón de personas ¿La razón? La aparición por todos lados de fraccionamientos, construidos sobre planes y licitaciones secretas.

Pero entonces sí: el secretario de Planeación y Desarrollo Regional y Metropolitano (Sepladerm), Alberto Meléndez Apodaca, anunció este viernes el Plan de Reordenamiento Territorial que pretende dar forma al caos; un plan que pese a los costos ecológicos y sociales, no contempla dejar de construir casas.

Dijo el secretario que la zona que comprende a Pachuca y Zapotlán, incluidos los municipios de San Agustin Tlaxiaca, Mineral de la Reforma y Zempoala, habrá de crecer a más de 1 millón 100 mil personas de las que ya habitan la región; moderadamente, sólo 900 mil.

El periódico Criterio informó que Juan Barragán, consultor de Urbis Internacional, empresa regiomontana que se presenta como “de investigación, análisis y consultoría de los mercados inmobiliario y urbano”, dijo que en Tizayuca, se han otorgado en siete años 30 mil créditos hipotecarios y 60 mil lotes sin crédito que después se convirtieron en casas. Que existen ahí 40 mil asentamientos irregulares, de los cuales el 85 por ciento carece de servicios básicos; además, hay 360 calles sin pavimentar en el municipio. Esto ha provocado que la población del lugar creciera en más de 500 mil personas en ese periodo, 65 por ciento de las cuales no pertenecen a Hidalgo.

En contraste, datos del Programa de Ordenamiento de la Zona Metropolitana del Valle de México señalan que en la región existen de 6 millones 510 mil 353 casas, de las cuales 694 mil 175 están desocupadas. De este total, 211 mil 245 se ubican en el Distrito Federal y 78 mil 959 en municipios de Hidalgo.

Casi 79 mil casas deshabitadas en el Estado. Aún así, en Hidalgo quieren hacer 111 mil 300 casas más, pero “en territorios previamente identificados”, dijeron, sin informar cuales. ¿Cuál es la lógica? Anticipando el jugoso negocio que representan los desarrollos inmobiliarios, la respuesta es simple.

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