Lecciones racinguistas contra el fútbol moderno


Momento en el cual el portero y capitán del club Racing de Santander, Mario Fernábdez, anuncia al árbitro Gil Manzano la decisión del equipo de no disputar el juego de Copa frente a la Real Sociedad en protesta por la deuda salarial de la directiva contra jugadores y cuerpo técnico. Enseguida el silbante pira el final del partido. Foto: Agencias
Momento en el cual el portero y capitán del club Racing de Santander, Mario Fernández, anuncia al árbitro Gil Manzano la decisión del equipo de no disputar el juego de Copa frente a la Real Sociedad en protesta por la deuda salarial de la directiva contra jugadores y cuerpo técnico. Enseguida el silbante pira el final del partido. Foto: Agencias

 

Estaba a punto de nevar en las montañas cantábricas. Anunciaba el cambio de estación no solo sobre la estepa, sino también en la primavera verde que encierra el campo de El Sardinero.

Igual heló, más no fueron cristales.

El invierno que se desató sobre la Liga Española duró apenas cuarenta segundos, pero bastaron para congelar más de 150 años de fútbol mundial en una simple lección, un copo de dignidad.

Jugadores, cuerpo técnico e hinchada del Racing de Santander pararon en seco la vuelta del partido a las seminifinales de la Copa del Rey contra la Real Sociedad, para iniciar una huelga indefinida por la dimisión del presidente del club sardinero, Ángel Lavín, quien le debe a la plantilla más de seis meses de salario.

Enseguida cayó la nieve de encabezados por todo el planeta de la prensa deportiva:

“Con el honor no se juega”, titulaba Marca. “Racing no juega la vuelta de Copa como protesta”, dijo La Ciudad Deportiva. Con un sello indeleble en su oración: “… protesta”.

Pasaron más de cien años para una acción política tan radical dentro del fútbol-negocio.

Cuando todo éste murmullo ensordecedor de cajas registradoras apenas comenzaba, en 1907, el galés Billy Meredith organizó el primer sindicato de futbolistas en Inglaterra contra las estrepitosas ganancias y la relajación de restricciones en los negocios de dueños de equipos a costa del trabajo de los jugadores del fútbol. Su motor, el paro.

A pesar de no tener mucho éxito, Meredith demostró hace cien años que no hay líneas que separen al fútbol de lo político. Podría afirmarse que no existiría lo uno son lo otro. Historia irremediable

Ocurrió en México.

En medio de las batallas por mejores condiciones de trabajo por parte de los trabajadores mineros de la Compañía Real del Monte a finales del siglo 19, mexicanos e ingleses amenizaban el paro obrero con cascaritas sobre los jales minerales. Así, poco a poco se gestó el Club de Fútbol Pachuca hacia el 1900.

Sin diferencia de años, cada una de estas pequeñas gestas nos devuelve a lo esencial. El motor de la historia es la clase trabajadora. Ni un engrane se movería sin la fuerza de las y los obreros.

No hay fábricas sin trabajadores.

No hay periodismo sin periodistas.

Sin futbolistas, no hay fútbol.

La buena noticia que la historia nos tiene es que sin empresarios, sin corporaciones, seguiría habiendo fábricas, periodismo y fútbol.

El fútbol es un deporte que, como actividad productiva, ha sido privatizada para ganancia de unos cuantos.

Desde los medios se ha creado la idea de que el buen deporte se practica solamente asociado a las grandes marcas comerciales. Playeras, botines, balones. Hinchar por un equipo, cuesta al menos un cuarto de salario.

Por ejemplo, el mismo Club Pachuca. Nació como un equipo obrero, pero cien años después los trabajadores de esta ciudad –que igual liquidó la minería-, ni siquiera pueden asistir al estadio porque hay que acompletar la despensa. Ni hablar de comprarse una camiseta. Ya ni siquiera mirarlo por televisión, sino es exclusiva de una compañía satelital, cuando antes podría mirarse al club sentado desde la piedra de un cerro.

En este fútbol.-negocio, los empresarios arrancan niños de sus familias para ganarse un par de dólares. Luego los botan como perros. Mueren perdidos porque durante la mayoría de su vida no hicieron otra cosa que obedecer.

Pero la oncena del Racing de Santander ha dado un pequeño ejemplo de que hay otro camino.

Que hay fútbol más allá del fútbol moderno.

Que antes que las relaciones mercantiles, está la dignidad humana.

Finalmente, los jugadores racinguistas hicieron lo que cualquier trabajador debe hacer en plena defensa de sus derechos. Unirse y pelear. Más, al tratarse de un deporte de alto impacto mediático, la protesta le dio la vuelta al mundo en cinco minutos.

Esto tiene el fútbol. Que sí es capaz de cambiar el estado de cosas que parecen inamovibles.

Finalmente echaron a Ángel Lavín.

Sin embargo existen miles como él en todas las ligas dispuestos a exprimir la vida del trabajador del fútbol como un bien de consumo. Ganar y ganar, sin perder en lo mínimo. Aún tratándose del salario de un futbolista.

O de un periodista.

Como de cualquier trabajador.

Pero el fútbol es otra cosa. La pelota rodará en tanto haya quien la juegue. No hace falta que ‘Nike’ te patrocine, ni un representante que te quite el 80 por ciento de tus ganancias.

No aprendimos fútbol comprándolo

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