Quédate ahí flotando


Para la noche, cuando la vida es tragada por una bestia invisible,
Mis ojos dejan de ver, abiertos, la luz de la realidad;
Y sueño despierto con el jirón de tu falda y tus manos carcomidas por el tiempo,
Con una figura de estambre plateado que aparece en medio de la oscuridad.

Es tu silueta de carne luminosa que ondea entre abismos
Donde nada es cierto salvo la fe y la soledad.
Es tu mirada invisible,
Tu sonrisa silenciosa,
Tu compañía que no se toca y apenas se siente como una brisa de tu aliento en la cara,
Tu olor a calle y cocina,
Y esta quietud infame que me hace esperarte, cuando nada de tu cuerpo está.

Quédate ahí flotando entre imaginaciones,
Sostenida por la desesperación, por la impotencia, por el amor muerto, de un muerto, amor.
Mírame un poco, miedoso, terriblemente ansioso,
Parco, deprimido, con el gesto de asesino y las manos de un cobarde.

Piel de tu hijo marchito,
Un perro perdido que aún ciego y rendido, no sabe olvidarte.
Y quiere que vuelvas. Que te quedes,
Aun oculta en la noche,
Aún muerta,
O sin vida,
O por mi culpa, sin paz.

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