Cuba y el Partido Comunista de México


ALBERTO BUITRE – Un contingente rojo destacó en la marcha mexicana por el 61 aniversario del Asalto al Cuartel Moncada. Porque ya no se trata simplemente de solidarizarse con Cuba de manera orgánica, admirativa; con el azul, el blanco y el rojo de la bandera y las camisetas de su selección de Beisbol. Desde que el Partido Comunista de México apareció en cada una de las marchas por el 26 de julio desde hace 19 años, la solidaridad con la Revolución Cubana pasó del folklor a la defensa activa en términos ideológicos y políticos. De comunistas a comunistas. De eficaz internacionalismo proletario, la más poderosa arma con la que cuentan los pueblos y la clase obrera del mundo para combatir al imperialismo; especialmente el estadounidense, origen del criminal bloqueó económico y comercial contra la isla.

Desde antes de la liquidación del antiguo Partido Comunista Mexicano en 1981, las relaciones políticas de la Revolución Cubana con la organización eran sólidas y abiertas. De hecho, los Estados cubano y mexicano en sí mismos mantenían amplios acuerdos históricos, fundados en la decisión del Gobierno de México de no participar en la condena de la Organización de los Estados Americanos contra Cuba en 1964 tras la Declaración de La Habana, en la cual Fidel Castro instauraba el carácter socialista de la Revolución, ni abogó por su salida de propia OEA como lo operó Estados Unidos. A partir de ahí, ambos países sostuvieron intercambios políticos, culturales y económicos, muy a pesar de Washington.

Pero en el plano revolucionario, los comunistas mexicanos y cubanos han tenido contacto histórico, inclusive, previamente al Asalto al Cuartel Moncada.

En 1926 llegó a México Julio Antonio Mella, el héroe del estudiantado revolucionario de la antigua Universidad José Martí – hoy Universidad de La Habana-, y fundador en el 16 de agosto de 1925, junto a Carlos Baliño y José Miguel Pérez, del Partido Comunista Cubano , la primera organización abiertamente marxista-leninista de Cuba. Entonces, el antiguo PCM atravesaba una crisis provocada por el revisionismo trotskista y los aliados del oficialismo que pretendían someter al Partido a las políticas del ex presidente Plutarco Elías Calles, fundador de lo que ahora se conoce como PRI.

Mella formó parte del Comité Central del PCM y jugó un papel determinante en el re-encausamiento de la política obrera de la Sección Mexicana de la Internacional Comunista. En 1928 derrotó, junto a los ilustres artistas y comunistas Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, a la infiltración callista que quería afiliar a los obreros rojos a la oficialista Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), surgiendo en contraparte la Confederación Sindical Unitaria de México (CSUM), que a la fecha está organizada en el frente trabajador del actual Partido Comunista de México.

El gran héroe revolucionario cubano fue asesinado de dos disparos de calibre ’38 por la noche del 10 de enero de 1929, mientras caminaba del brazo de la gran fotógrafa y también comunista italiana, Tina Modotti, por la esquina de las calles Abraham González y Morelos, muy cerca del Paseo de la Reforma, en el centro de la Ciudad de México. El trotskismo oportunistamente culpó a Stalin; los mellistas al régimen de Gerardo Machado; mientras, el Gobierno mexicano, lastimosamente se lavó las manos dejando sin castigo al asesino, creando para justificarse una novela pasional que remitía a Vittorio Vidali, comunista italiano, antifascista y guerrillero republicano de la Guerra Civil Española, como el presunto autor del crimen, motivado por celos. Pero “¿Quién mató a Mella?”. La pregunta sigue siendo uno de los misterios sin develar de la política mexicana, cubana e internacional. Tema pendiente para el comunismo internacional.

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Pasando las décadas de la guerra fría y los ataques del revisionismo a los fuertes del polo leninista, la Sección Mexicana de la Internacional Comunista, como Partido Comunista de Mexicano, se disuelve en 1981 motivado por las posiciones eurocomunistas y liberalizadoras provenientes de Estados Unidos, el revisionismo trostskysta y el oficialismo priísta que nunca le perdonó a los históricos comunistas la derrota de su sección obrera. Tras una reforma electoral creada en 1977 que saca del clandestinaje al PCM, varios miraron su oportunidad y acabaron por entregar el registro comunista para participar electoralmente bajo la justificación hipotética del “Fin de la historia”; un postulado del estadounidense Francis Fukuyama, quien afirmó que tras la caída del Muro de Berlin se derribaba también la teoría de la lucha de clases, la “lucha de ideologías”, y lo que al mundo le restaba era vivir en el capitalismo liberal. De tal manera, miembros dirigentes del antiguo Partido Comunista Mexicano como Arnoldo Martínez Verdugo, Enrique Semo o Valentín Campa, pactaron con el ideólogo del régimen, Jesús Reyes Heroles, el finiquito de la política revolucionara, del marxismo-leninismo. Esto pasó hasta derivar en lo hoy se conoce como Partido de la Revolución Democrática, abierto aliado del PRI y del ultraconservador PAN en la coalición concertacionista denominada “Pacto por México”.

De modo que la historia del PCM se divide en dos: Desde su fundación como Sección Mexicana de la Comintern en 1919, hasta su liquidación en 1981; y posteriormente, su reorganización en 1994 como Partido de los Comunistas Mexicanos hasta que en el año 2010, en su VI Congreso, recupera su denominación como Partido Comunista de México. “Recuperamos el derecho de la clase obrera mexicana de tener su Partido Comunista”, declaró al respecto el primer secretario del PCM, Pävel Blanco Cabrera. Y aunque ya sin Estado soviético que dirija la Internacional Comunista, los revolucionarios mexicanos forman en la actualidad del Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros y del Foro de Sao Paulo, al lado del Partidos Comunistas como el de Grecia, de Alemania, de Turquía, de los Pueblos de España, de Venezuela, del Brasileño, del Obrero Ruso y de la Federación Rusa y por supuesto, del Partido Comunista de Cuba, entre tantos Partidos marxistas-leninistas más.

Las relaciones entre Cuba y el PCM se reanudaron en 1995. Los comunistas mexicanos y el Partido Comunista de Cuba se reecontraron gracias al entonces representante del Comité Central del PCC en México, Pedro Lobainay al actual primer secretario del PCM, Pavel Blanco. De forma directa y atestiguando el trabajo en los círculos obreros, estudiantiles y la dinámica dialéctica e intelectual de la organización, Cuba le extiende la invitación a los comunistas mexicanos para formar parte del enclaves de la actual política internacional anti imperilaista: el Foro de Sao Paulo, creado a iniciativa de Fidel Castro y Luiz Inacio “Lula” da Silva en 1996. En el, el PCM participa de forma activa cada año, denunciando el viraje de los partidos de la izquierda mexicana hacia posiciones contrarias y conspirativas de los propósitos del Foro.

Y a la fecha. En los eventos oficiales por el 26 de julio, Día de la Rebeldía Nacional en Cuba, delegaciones del Partico Comunista de México, participan presencialmente en los actos de La Habana y Artemisa, como parte de sus actividades internacionalistas permanentes en la isla. Las históricas relaciones entre comunistas cubanos y mexicanos se extienden a nivel académico, cultural y análisis político conjunto de la escena mundial.

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Si bien otros partidos políticos de México sostienen relaciones bilaterales con el Partido Comunista de Cuba y el Estado cubano, ninguna como el PCM sustenta su hermandad con el PCC desde hace casi un siglo, superado conjuntamente el tránsfugismo, las desviaciones y las crisis posteriores a la contrarrevolución en la URSS. Y cuando tantas otras organizaciones optan por relacionarse de forma salamera con Cuba, ninguna, debe decirse, comparte expresamente sus objetivos políticos de clase, marxistas-leninistas, y por ende, comprende -también desde la crítica dialéctica-, y se solidariza tan estrechamente con la Revoucion Cubana como el Partido Comunista de México.

 

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