Habla un profesor traicionado: ¿Donde quedó la Reforma Educativa?


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Cuando Enrique Peña Nieto promulgó la Reforma Educativa de la mano de los monopolios de la televisión, supuso acaso que abajo, entre las personas, quedaría por sentado cada uno de los mensajes de la propaganda reformista. Sin duda hubo quienes creyeron que la educación en México cambiaría y que el país podría deshacerse del presunto lastre que significaba el magisterio sindicalizado. Que habría docentes de calidad porque –se afirmó-, cada cual se ganaría su puesto de trabajo mediante una calificación del Sistema de Servicio Profesional Docente otorgada por algo que por nombre lleva Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Sin embargo, las cosas no cambiaron. Es más, este nuevo modelo legal-educativo, arroja historias que no harán sino ahondar la frustración de los incautos, como ya frustra a algunos profesores que, creyendo en la nueva época, se han topado con el mismo sistema de siempre. Ese que no cambiará con tan sólo la promulgación de unas leyes porque, de fondo, no se le ha toca ni un pelo al cacicazgo.

Héctor Monterrubio Hernández es profesor de la Escuela Secundaria General número 1 de Pachuca, capital del Estado de Hidalgo. Su madre, orientadora vocacional de la institución, le heredó su plaza de maestra cuando se jubiló en el año 2001 y aún era derecho en México la legación de un patrimonio laboral. Así entró a trabajar como prefecto, posteriormente, como encargado del laboratorio de cómputo. Han pasado catorce años. El maestro al tiempo quiere mejorar si situación profesional, y pasar su clave de prefectura a una de docente frente a grupo. Ya presentó dos exámenes de oposición, y la respuesta sigue siendo la misma: “No hay plazas”. [[MORE]]

El último de estos exámenes lo realizó apenas en este 2014, ya habiéndose aprobado la Reforma. Frente al INEE, el profesor presentó su examen obteniendo más de 100 créditos y el tercer lugar estatal como uno de los maestros mejor evaluados. Pero a la fecha, sigue esperando lo que Peña Nieto y el Pacto por México prometieron: “Los criterios para determinar la promoción o el sistema de reconocimientos corresponderán exclusivamente al mérito y a la preparación de cada maestro”.

La realidad es que nadie -o alguien, algunos-, no quieren darle lo que legítimamente se ha ganado. La realidad es que la corrupción política del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) sigue determinando quien sí o quién no, obtiene un puesto de trabajo. La realidad es que la reforma del sistema educativo parece no hacer sino asentar los cotos de corrupción interna de un sistema magisterial que obedece intereses financieros, y desobedece los derechos de los trabajadores.

La Reforma Educativa ha sido aplicada en México por órdenes de la Organización para el Comercio y Desarrollo Económicos (OCDE), para abrir la educación al mercado privado en tiempos de crisis del sistema financiero global. El capitalismo mundial, azotado por una recesión de sobre acumulación de producto y ínfima capacidad de compra por parte de la población, requiere la apertura de nuevos campos de “inversión”. Para lograrla, antiguas áreas que permanecían bajo la tutela del Estado como la salud, los recursos naturales, los energéticos y, por supuesto, la educación, han debido abrirse a la “iniciativa privada”. Es decir, des-socializar los bienes generales para convertirlos en mercado administrado por manos particulares. Así funcionará ahora la educación en México.

Pero hacía falta resolver un problema. Dijeron los empresarios: ¿Cómo deshacerse del sindicato de maestros? Sencillo. Una reforma a la ley donde los que resulten bien evaluados, se quedan; y los que no, se van. El criterio lo determinan esos privados, quienes, a posteriori, serán los encargados de crear –dicen-, “más y mejores” escuelas, cuya cuota es fijada por el mercado.

El problema es que un sindicato de 15 millones de maestros no fue fácil de doblegar. Había que invertir en su cooptación. Y lo hicieron. Entonces los derechos sindicales se quedaron; salvo, que la evaluación resultara negativa y hubiera que correr al docente. Algo que no convenía del todo al SNTE por lo que hubo que sentarse a negociar. La reforma va, pero el control del magisterio, seguía siendo del Sindicato. Donde por magisterio se entiende sus maestros, donde por sus maestros se entiende los trabajadores alineados al nuevo estado de cosas. Y en medio, queda un charco de lodo que todo lo enturbia. Y ahí, hay lugar para la protección de esos pequeños intereses grupusculares que nada tienen qué ver con tener buenos y mejores profesores, aún sí éstos salen bien evaluados. A la hora de las cuentas, las sumas salen por el lado de los recomendados.

Así es como Héctor no ha logrado obtener su plaza. Actualmente trabaja 36 horas por un sueldo de 3 mil 300 pesos más algunas compensaciones. Con ese salario debe mantener a su casa y familia de tres hijos. Si la Reforma Educativa, el INEE, el SNTE, Peña Nieto y el Pacto por México, le dieran lo que ya ganó en dos exámenes de oposición, probablemente Héctor no obtendría más salario, pero sí una plaza docente más justa y acorde a su carrera magisterial. Ganaría exactamente lo mismo, pero reduciría a 19 horas su tiempo de trabajo y con esto podría conseguirse un segundo empleo para entonces, ”vivir mejor” (¿Dónde se ha oído eso?).

El primero de mayo del 2013, el profesor Héctor Monterrubio salió a marchar en Pachuca denunciando su situación. Lo que obtuvo fue que la dirección de la Secundaria y su titular, Marta Navarrete, le negara el acceso a su laboratorio de cómputo. No le dio las llaves para ingresar al aula, y desde hace un año, al maestro deambula entre los pasillos de la institución sin un lugar de trabajo. Acude al trabajo como un visitante. Charla con los alumnos. Sólo algunos profesores hablan con él pero se van rápido por miedo a represalias. Se planta frente ala puerta de su salón para que la dirección no argumente que no se presentó a laboral. Sin embargo, piensa que es cuestión de tiempo para perderlo por completo, sino es que antes la Reforma Educativa le dé lo que algunas autoridades menores le están negando.

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