Caitlyn Jenner, líbranos del mal


Hemos escuchado mucho el nombre de Bruce Jenner. El padre adoptivo de las hermanas Kardashian, que saltaron a la fama a través del reality show “Keeping Up With The Kardashians” (KUWTK) que se transmitió por primera vez en el año 2007, en los Estados Unidos.

Hoy el nombre vuelve a tocar las primeras planas de los diarios digitales: Jenner ha aparecido en la portada de la revista Vanitiy Fair con su nueva identidad de género, Caitlyn Jenner.

Jenner no es una figura improvisada. Conquistó el mass media estadounidense en los años 70’s como un exitoso atleta olímpico, medalla de oro en decatlón en Montreal 76. Bien parecido, irrumpió en los hogares del país como imagen de muchas marcas para las cuales realizó comerciales de televisión.

Los rumores en torno a su sexualidad surgieron desde que KUWTK alcanzó fama mundial. Pero fue él mismo quién tomó cartas en asunto en una entrevista con la cadena ABC en abril pasado. “Sí, soy una mujer”, dijo, y desde entonces la prensa sensacionalista alimentó el morbo sobre el momento en el cual Jenner se dejaría ver, finalmente, con su nueva identidad.

Se vino una cacería. Los paparazzis rodearon su casa en Malibú y se hizo famosa la fotografía de Caitllyn con un vestido a rayas blancas y negras, fumando en el porche de su mansión.

Luego entonces, el hito.

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Vanity Fair es noticia mundial. “Llámenme Caitlyn”, dice la nueva celebridad. Suena la caja registradora.

Estoy seguro que pronto veremos a Jenner protagonizar su propio show de televisión. Dictando conferencias y cobrando cientos de miles de dólares por entrevista. Eso a nadie debería sorprender.

Pero tiene un valor cultural más allá del sensacionalismo.

Primero, claro, puedo reafirmar la alta enmienda mediática sobre que el morbo vende, y que la doble moral es una mina de oro para la sociedad noroccidental, que hace de la homofobia un objeto de consumo.

Lo segundo e importante: el mensaje en torno a la transexualidad.

Uno de los grandes valores de Jenner es que ha salido a la palestra con dignidad a mostrar públicamente su nueva identidad sexogenérica. Al menos, hasta el momento. No es asunto menor que lo haga a través de Vanity Fair, una de las revistas más importantes del mundo dirigidas al público femenino, acostumbradas a mostrar en sus portadas a modelos ataviadas con lo más exclusivo que el dinero puedo comprar. Ha sido, desde un punto de vista cultural, una de las generadoras de identidad femenina más importante de Estados Unidos. Leer Vanity Fair te convierte en una mujer de primera línea. Cultura de masas para una sociedad aspiracional, competitiva y mediatizada. No tengo certeza de esto, pero es probable que sea la primera mujer trans en aparecer en la portada de esta importante revista.

Y desde ya, los rumores en torno a la vida privada de Caitlyn. ¿Con quién se acostó? ¿Con quién anda? ¿Desde cuándo es asi? ¡Qué engaño, quiero más!. Se habla demasiado sin saber. La sexualidad es una diversidad de diversidades. Es cierto que la nueva identidad genérica de Jenner es el de una mujer. Pero sus prácticas sexoafectivas son arena de otro costal.

Lo importante es el mensaje que Jenner da al mundo, probablemente sin querer. Lo trans es noticia de ocho columnas, aunque siga representando la última frontera de la discriminación.

Propongo pensar en esto más a detalle. Un afro, es discriminado en la calle, pero al llegar a su casa, su familia, generalmente, es afro también. Un musulmán puede ser agredido en la calle, pero al llegar a su casa, lo más probable es que su familia también sea musulmana. Pero una persona homosexual, o una trans, que es golpeada, insultada y acosada en la calle, al llegar a su casa es posible que reciba la misma violencia, o a veces más, tratándose de su núcleo familiar.

Pero lo Trans está aquí. Y es posible que exista desde tiempos que no imagino. Lo que sí sé es que a lo largo de los siglos nos han impuesto cargas de género basadas en nuestros genitales. Como nací niño, se me impuso el color azul, la violencia, los carritos, y que debían gustarme las mujeres. ¿Debían? Sí, porque la carga cultural te dice que es una obligación, no una decisión. Con los años entendí que, en efecto, las mujeres me atraen sexualmente, y logré ser capaz de definirme como un heterosexual desde una posición consciente. Al mismo tiempo, decidí que mi identidad era ser hombre.

El tema suele ser complejo. Pero el asunto es entender que socioculturalmente, influenciados por las religiones judeocristianas, se nos han impuesto dos modelos de identidad genérica: hombre y mujer. Y una preferencia sexual: hombre con mujer.

¿Y qué si un hombre no quiere definirse como hombre? Pues qué bien. ¿Haber nacido con pene es un problema? No lo es. ¿Por tener pene deben gustarle las mujeres? No necesariamente. ¿Pero si cambia de hombre a mujer, entonces le van a gustar los hombres? De nuevo, no necesariamente. Hay mujeres trans, que son lesbianas, por ejemplo. U hombres trans, que se declaran homosexuales y andan con hombres.

Sé que parece algo enredado e infinito, pero, hey, así es el universo. Y la sexualidad es en sí misma un universo de variables y operadores. Una cosa es el género (decido ser hombre, decido ser mujer) y otra cosa es la sexualidad (me gustan los hombres, me gustan las mujeres, me gustan ambos). El tema es que es un asunto de libre elección que no tiene por qué ser objeto de violencia o discriminación. Así mismo, nacer con vagina, ser mujer, y estar sexualmente atraída por hombres, es tan normal como quién tiene la misma identidad, la misma preferencia, pero nació con pene. La genitalidad no define quienes somos, ni nos dice qué somos.

¿Y qué es Caitlyn Jenner? Una mujer transgénero.

Tengo una amiga trans. Bueno, dos. Pero una de ellas, además, es una pensadora de la transexualidad. Su nombre es Gloria Virginia Davenport y en México fue la primera persona trans en ser funcionaria pública. Ella dice que “trans” significa movimiento. Por tanto, “transgenero” es una persona que se ha movido de un género a otro. Y ser “trans” es un asunto de identidad, no de sexualidad.

De tal manera que mi pregunta debería ser ¿Y quién es Caitlyn Jenner? Una mujer de 65 años que vive en Malibú. Pero eso no vendería revistas, lo sé, porque una mujer transgénero sigue siendo algo sensacional, por definición, algo que llama poderosamente la atención en un mundo barbárico que sigue haciendo guerras por un dios invisible. El día que no ocurra, habremos logrado la normalización cultural de las identidades sexogenéricas. Y ese era el día en el cual podremos llamarnos realmente “civilización”.

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