El Estado mexicano en guerra contra la CNTE


Descompuesto, con el sudor rompiendo las capas de maquillaje y la mirada clavada en el vacío…

… así luce Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública mexicano, cuando le toca referirse a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), organización gremial que, desde hace tres años, sostiene una férrea oposición poítica y social contra la Reforma Educativa impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto, la cual pretende privatizar el sistema educativo básico del país y liquidar los derechos laborales del magisterio.

Peña Nieto ha consignado a su secretario de educación la tarea de combatir a la CNTE y destrabar la imposición de la Reforma Educativa. Pero la realidad concreta indica que no ha podido con la encomienda.

 

Eso sí, a pesar de esto, sus esfuerzos gozan del favor del aparato mediático del Estado.
Así fue como, a mediados de mayo, en todas las primeras planas y noticiarios del país se difundió que Aurelio Nuño expulsaría y sustituiría a 3 mil 119 docentes que han faltado a clases por participar de las protestas.

Sin embargo, la propaganda no le ha rendido los frutos esperados al funcionario.
Por ejemplo, en el Estado de Chiapas, donde en las últimas semanas se ha focalizado el conflicto, son prácticamente 60 mil maestros y maestras quienes se encuentran en las calles peleando contra la Reforma.

¿De dónde sacaría el Gobierno de México esa cantidad de docentes para sustituir? No puede.

Tal certeza estaría provocando en Nuño la descomposición de su gesto; y aún más, una momentánea pérdida de vigor en el discurso anti-magisterial provocado por la obligación de tragarse acusaciones contra la CNTE como aquella del pasado 31 de mayo, cuando luego de afirmar que habían sido profesores centistas quienes detuvieron y humillaron a directivas que “sí querían trabajar”, se reveló que no había sido el magisterio en huelga sino elementos del PRI al servicio de la alcaldía de Comitán.

El aparato mediático de Estado, calló, y Aurelio Nuño no pudo sino decir, tibiamente, que “no tenía elementos para afirmar” que había sido la CNTE.

La maniobra, sí, quedó en evidencia. Pero más aún fue exhibida la estrategia de guerra contra la CNTE dirigida desde el Estado por vías políticas, coercitivas y mediáticas, con el afán de debilitar las protestas, poner a la gente en su contra y cumplir el cometido de Peña Nieto impuesto a Aurelio Nuño.

Porque no renunciarán al deseo de imponer la Reforma Educativa. El problema es que, agotadas estas vías, las opciones del Gobierno peñista son pocas, y la represión es una de ellas. Esto es algo que ya ha probado antes; ha ocurrido en Guerrero, en Oaxaca, en Michoacán, en la Ciudad de México y ya pasó recién en Chiapas donde la policía estatal y federal lanzaron bombas lacrimógenas y equipo táctico contra una marcha del magisterio.

La experiencia de Ayotzinapa debe alertar al país.

Frustrados y sabiéndose vencidos, la experiencia nos dicta que la plutocracia depende de la violencia para imponer sus propósitos. Ojalá que no sea el caso. Y es que no hay forma que la Reforma Educativa pase ya.

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