Vlog: Quieren que olvidemos Ayotzinapa


La más reciente entrega de mi Videoblog, a 6 meses de la masacre de Ayotzinapa donde 42 de los 43 estudiantes normalistas siguen desaparecidos y el Gobierno mexicano no sabe,  no puede,  no quiere dar respuestas a las familias de las victimas, al país, ni al mundo que sigue señalando la responsabilidad del Estado en este crimen de lesa humanidad.  No te olvides suscribirte al canal y dar tus comentarios http://youtube.com/user/albertobuitre/

Ayotzinapa: Todo menos el Ejército


“Que nos van a rendir, va a estar difícil”.

Eso dijo al noticiario de Carmen Aristegui el estudiante Omar García, uno de los sobrevivientes de los ataques policíacos contra los miembros de la Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, del pasado 26 de septiembre de 2014.

Lo dijo ante el carpetazo que quiere dar el Gobierno de México a la masacre de la cual derivaron el asesinato de 6 estudiantes y desaparición de 43, uno de los cuales, Alexander Mora Venancio, es el único cuya muerte ya ha sido acreditada.

Han pasado 4 meses y la Procuraduría General de la República (PGR) sólo ha atinado a dar versiones inconsistentes respecto al caso; y al mismo tiempo, intentar cerrarlo dando como “verdad histórica”, el asesinato, mutilación y posterior incineración de los normalistas, en voz del propio procurador Jesús Murillo Karam, quien, ufano, salió a declarar eso en conferencia de prensa el pasado martes 27. “Está clarísimo”, dijo.

Al mismo tiempo, los padres y familiares de los normalistas expusieron en una conferencia alterna, 10 puntos sobre los cuales fundan sus razones por las cuales el caso Ayotzinapa, no sólo sigue abierto, sino que apuntan a un mal trabajo de la PGR. Malo, por decir lo menos.

El punto número 9 de los expuestos por los padres y familiares, se encuentra el que tiene qué ver con la responsabilidad del Ejército mexicano en la masacre.

Señalan las víctimas:

“No se ha indagado la responsabilidad del Ejército, puesto que en el expediente hay indicios de su complicidad con la delincuencia organizada, pues el policía Salvador Bravo Bárcenas afirmó, ante el Ministerio Público, que el Ejército sabía desde 2013 que Guerreros Unidos controlaban la policía de Cocula.”

Además que el testimonio de Omar García da cuenta que efectivos militares adscritos al 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala los interrogaron, les tomaron fotografías y amenazaron, cuando los normalistas se encontraban en la clínica “Cristina” rogando porque se atendiera a los heridos. Al mismo tiempo, los soldados no intervinieron en auxilio a los estudiantes, a pesar de los gritos de auxilio ni por encontrarse en una zona circunvecina al cuartel.

“¡Callense! ¡Ustedes se lo buscaron, querían ponerse con hombrecitos, y pues ahora aguántense y éntrenle”, relató Omar García a diversos medios mexicanos y extanjeros.

Además, el testimonio de Rafael López Catarino, padre del normalista desaparecido Julio César López, refiere que el GPS del celular de su hijo indicó que el último lugar donde estuvo antes de desaparecer, fue en las instalaciones del 27 Batallón de Infantería de Iguala.

“Estamos enfocados a los militares. El celular de mi hijo, su GPS dice que estuvo en el cuartel militar de Iguala. Por eso ellos participaron, ellos saben dónde están los muchachos”, dijo.

López Catarino reveló que unos conocidos suyos de la Procuraduría General de Justicia del Estado le ayudaron a investigar la trayectoria que siguió el celular de su hijo gracias al GPS.

Y todo apuntó al Ejército.

Pero esto ha sido omitido como versión oficial. Ni los medios ni el sistema político se ha atrevido a respaldar las investigaciones independientes de los padres de los normalistas, cuyas pruebas también piden indagar al Ejército. Una versión que se perfila como única al estar a la vera de cuatro meses -¡cuatro meses!- sin que se sepa de los muchachos.

Que la PGR excluya al Ejército de sus investigaciones, es pedir que el Estado mexicano se investigue a sí mismo, me dijo el segundo secretario del Partido Comunista de México (PCM), Diego Torres, quien menciona, al mismo tiempo, cómo las autoridades judiciales han omitido investigar casos como las ejecuciones militares en Tlatlaya, Estado de México, o en Michoacán. Asi como el paramilitarismo en el Estado de Guerrero, sede de la masacre de Iguala, así como de cinco ejecuciones más sin resolver de militantes comunistas en el muncipio de Coyuca de Benítez, durante el año 2013.

“Todos ellos son asuntos violatorios de la supuesta justicia que defiende el aparato estatal, donde se ocultan y solapan responsabilidades, los juicios grises de la administración militar se efectúan lejos del escrutinio nacional e internacional entre los muros del Campo Militar 1”, dijo, en tanto subrayó que, pese a estas evidencias, este tipo de crímenes se siguen cometiendo.

En suma, si el Estado mexicano no investiga a sus aparatos es para no ponerse a sí mismo en una crisis, menos aún, frente a las crecientes protestas y manifestaciones anti sistémicas, cada vez más radicales. Así fue que padres, familiares y pueblo acudieron al cuartel militar de Iguala el 12 de enero, y con un tráiler derribaron la reja del batallón, suscitándose un enfrentamiento con los soldados.

El propósito de las víctimas era tan simple como determinante: A los normalistas podría tenerlos el Ejército, y hubo que acudir los cuarteles. Y no era la primera vez que llegaban a las puertas de la sede castrense. Antes del enfrentamiento del 12 de enero, ya había ocurrido una manifestación importante frente al 27 Batallón de Iguala el 26 de diciembre. Simpatizantes de la causa Ayotzinapa pintaron los muros del cuartel. “Aquí están los asesinos”, se leyó.

Para el 15 de enero, el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, dijo que “evaluaría” que se abriera sólo el cuartel de Iguala. Algo que no ha ocurrido. En tanto, las versiones oficiales y los medios de comunicación asociados al poder se cuidan mucho de no involucrar el nombre del Ejército en el tema Ayotzinapa, aún si los propios padres y familiares insisten en la necesidad de abrir una línea de investigación hacia dicha institución.

Esto ocurre así, me dice Diego Torres, dirigente del PC mexicano, ya que el Estado procura evitar que escale una confrontación que lo ponga en riesgo de caer. En ese sentido, el Ejército es la “última línea de resistencia de la clase opresora”. Involucrar a los militares, significaría exponer su último bastión de poder.

“El problema para la burguesía es como evitar que se dé una confrontación que socave y a la larga determine la caída del gobierno, la caída del Estado mismo, una crisis de su aparato de dominación completo. Por ello los medios no tienen empacho en prestarse a los juegos electorales de sus clientes, o en expresar sus intereses de negocio directamente lanzando a veces fuego sobre las casas blancas y los actos de corrupción de Peña Nieto y otras veces desnudando la colusión del PRD con el narcotráfico, etcétera; pero se cuidan mucho de exponer al Ejército. Presidentes van y vienen, pero el ejército es la última línea de resistencia de la clase opresora.”

En ese sentido, el periódico MILENIO, publicó apenas el pasado 26 de enero un reportaje titulado “El Ejército en la noche de Iguala” en donde entrevista a solados no identificados quienes niegan las imputaciones hechas por los normalistas. El texto muestra a un Ejército acomedido a auxiliar a los estudiantes, llamando a ambulancias y custodiando los cuerpos abatidos.

Cuando Ayotzinapa te alcance [@BonSportant]


Si como alegara el existencialista francés Albert Camus, todo lo que aprendí sobre moralidad y obligaciones fue gracias al fútbol, ¿qué debo esperar de este bendito deporte frente a una crisis como la de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, México?

O es que, sobre la lógica del técnico mexicano Miguel Herrera previo al partido del combinado tricolor frente a Holanda, ¿el fútbol es fútbol y no nos podemos percatar de nada más?

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El futbolista Javier “Chicharito” Hernández manifestó con esta foto su apoyo a las manifestaciones del 20 de noviembre pasado en exigencia de justicia por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Foto: twitter

Tengo como política no esperar algo de nadie ni de nada. No lo espero de eso que se llama “fútbol mexicano”, que en sentido ontológico, es un ente sin substancia. De tal manera que, aunque lo quisiera, no podría; al menos que decidiera esperar una moral contaminada por marcas de cerveza y televisión. Eso explicaría el silencio ominoso de su comunidad frente al crimen de Estado como lo ha sido Ayotzinapa. El Estado en México es la economía de mercado y las leyes que la protegen por encima de todo lo humano.

Este sábado 22 consignaron a once presos políticos, llevados a reclusorios de máxima seguridad acusados sin proceso penal de delitos como terrorismo, tentativa de homicidio y motín, tras su participación en las protestas del pasado 20, #AccionGlobalPorAyotzinapa. La mayoría estudiantes, uno de ellos chileno, doctorante en Letras por la UNAM.

El fútbol se juega dentro y fuera de la cancha. Su poder salta la línea de cal y se diluye en las calles donde tiene lugar la vida misma. Se involucra con ella, trabaja y sufre el obrero ataviado con la 14 del Chicharito, golpea la lata vacía emulando el gol bañado de la gloria que la jornada le niega.

El fútbol es, pues, un arma poderosa porque apunta al alma. Por eso la mercadotecnia se pelea sus espacios; es la naranja mecánica, la aguja hipodermica, un plátano pelado, un negocio seguro. Mussolini miro en la Lazio una vía al fascismo, y el club Corinthians una consigna contra la dictadura militar. Lo entendió en el #20novMX Chicharito Hernandez. Su foto encapuchado, siendo uno mas a la distancia entre quienes quemaban la efigie de Enrique Peña Nieto.

Esto es fútbol, juego de mujeres y hombres, nada humano le es ajeno. Así también lo hubiera dicho el poeta Terencio. Mucho menos lo político, siendo los humanos -como dijo otro griego, Aristóteles-, animales políticos por naturaleza.

Ayotzinapa no puede quedar como algo aparte a este deporte. El sistema culpable del crimen es el mismo que administra las posibilidades legales y comerciales del “fútbol mexicano” y de todos los deportes en el país. No se debe olvidar, además, que en los ataques de los policías municipales de Iguala en la noche del 26 de septiembre, fueron asesinados también tres futbolistas del equipo Avispones de Chilpancingo. Sobre ello la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) se ha callado como es su costumbre miserable ¿Que hubiera sido si los deportistas acribillados pertenecieran a la primera división? Posiblemente a la FMF se le dificultaría más callarse.

Hinchas del club Pumas de la UNAM despliegan mantas de apoyo a la busqueda de justicia por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Foto: Bonsportant
Hinchas del club Pumas de la UNAM despliegan mantas de apoyo a la busqueda de justicia por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Foto: Bonsportant

Es cierto que hechos son hechos. Como hecho es que, más allá de las voces levantadas por la afición en Holanda o en México (durante el encuentro de semifinales entre Mineros de Zacatecas y Necaxa, hinchas zacatecanos desplegaron una manta por los 43, la cual fue destruida por la seguridad privada del estadio Francisco Villa), de algunos periodistas deportivos, algunos futbolistas como Javier Hernández o el defensa de Queretaro, Yasser Corona, o la tímida recomposición de Miguel Herrera, el “fútbol mexicano” ha preferido taparse los ojos. O incluso, atacar las manifestaciones de indignación. Así, la pusilánime FMF multó al club León con más de 20 mil pesos debido a que su barra oficial “Los de arriba” desplegará cartelones exigiendo la aparición de los normalistas y consignando “Gobierno asesino”. Una actitud temeraria e ignorante por parte de quienes lucran con este juego, pues de lo que de Ayotzinapa resulte, afectará el devenir del deporte, si de lo que se trata es de cambiar al Estado criminal, bajo el cual se administran los negocios del fútbol. Todo se les vendrá abajo. – ALBERTO BUITRE / BONSPORTANT http://www.bonsportant.com/cuando-ayotzinapa-te-alcance/

De Ayotzinapa a la Villa Francia – Entrevista con @rvfradiopopular


Cabina de Radio Villa Francia. Foto: puroperiodismo/Flickr
Cabina de Radio Villa Francia. Foto: puroperiodismo/Flickr

Un sol de media tarde ilumina de ámbar la periferia de Santiago. Hacia el centro y este, en el corazón de la comuna Estación Central, emerge como flores en la llanura, un laberinto de cemento. Bloques de departamentos, casas pequeñas y pequeños parques, grandes jardines, avenidas amplias y también pasadizos por los cuales sólo andan los que de aquí son.

Es la Villa Francia, barrio histórico. Terruño de los hermanos Eduardo y Rafael Vergara Toledo, militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), asesinados por la dictadura de Augusto Pinochet el 29 de marzo de 1985. Cada año, en esa fecha, el pavimento de villafrancés arde entre barricadas y el clamor de una comunidad que no olvida. Es el Día del Joven Combatiente.

El sol enmudece, pero deja su beso ardiente. El termómetro marca los 28 grados y mi cuello es un lienzo aperlado.

Luego de varios pasos inmersos entre los bloques laberínticos, llegamos a la Radio Villa Francia. Emisora popular, la primera de todo Chile, que comenzó transmisiones en abril de 1990 por el 107.5 FM. Que por popular es revolucionaria, que por revolucionaria es popular. Un afiche de Salvador Allende. Llegamos.

Luego sale Antonio, su coordinador, saluda y ofrece café.  A mi lado, Eugenia bebe mate, entre dos labios aprieta la bombilla mientras su mirada se resuelve altiva entre el rayo de la tarde. Ramón asoma a la computadora, sonríe, serio, algo nos dice, y vuelve a sonreír.

Pasamos a cabina, hablamos de Ayotzinapa, de México, del periodismo. De lo dicho, el portal del RFV tituló: “Una radiografía a México.- El periodista mexicano Alberto Buitre: “Lo que hay hoy en México es un Narco – Estado” .

Esto fue lo que se escuchó.

http://www.ivoox.com/entrevista-rvf-a-alberto-buitre-periodista_md_3714311_wp_1.mp3″

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