Crónicas mexicanas: ¿Por qué están matando periodistas?


Con el homicidio del reportero Javiér Valdéz Cárdenas, ya van 124 periodistas asesinados desde el año 2000; 31, con Peña Nieto;  seis en lo que va del 2017. La violencia contra periodistas en México es esencialmente un problema económico. Mucho se habla de la impunidad y la corrupción, y es cierto; pero hasta este punto muy pocos en el gremio se han cuestionado de qué manera influye la contradicción entre el capital y el trabajo en la facilidad con que se amedrentan y matan a periodistas en este país.

Soy un convencido que el primer acto de violencia e impunidad contra el gremio se comete al interior de las redacciones. Tengo la certeza de que una amplia mayoría de periodistas en México no cuenta con contratos fijos, mucho menos con contratos colectivos. Una gran mayoría no tiene prestaciones laborales, no se les paga seguridad social, derecho a la vivienda, vacaciones, utilidades, pensiones y ni hablar de horas extras o cobertura por accidentes de trabajo. Muchos han sido arrojados sin garantías a la subcontratación.

En contraste, ¿cuánto ganan quienes ostentan la propiedad de las empresas mediáticas? ¿Cuánto dinero se arrogan por la firma de convenios de colaboración informativa con los gobiernos? Dinero a cambio de protección. Recuerdo que en mi tesis de grado realicé un análisis acerca de este fenómeno y los datos cualitativos arrojaron severas afectaciones para la libertad de prensa en México derivado de los pactos entre autoridades y empresarios.

Es claro que estos pactos de corrupción alientan la impunidad. Cuando atentan contra un reportero, ¿cómo exigirá cuentas un patrón al gobierno, si con éste tiene un convenio de complicidad?

Y algo más grave: Hemos contado historias como si fuésemos ajenos a la crisis. Pues bien, la realidad nos ha golpeado en la cara. ¿Qué diferencia hay entre un trabajador que produce en nueve minutos el valor total de su salario, y nosotros periodistas? Ninguna. Nosotros nos llevamos el nombre, pero ellos las ganancias. La muerte nos lleva a nosotros. Ellos nos sustituyen con alguien más en la línea de producción.

El asesinato de periodistas es un problema económico porque es un problema de explotación. Cada periodista asesinado no es un caso aislado, sino que está anclado al modelo financiero y político que ha puesto al dinero por encima de la vida de periodistas, estudiantes, activistas o trabajadores por igual. Radicalmente (que por definición es ir a la raíz), si queremos acabar con esta violencia, habrá de liquidar este sistema, comenzando por dejar de ser su cómplice. Pasa que aún no hemos visto de lo que somos capaces ¿Qué pasaría si en México las y los periodistas paráramos las redacciones, hasta obtener condiciones justas de trabajo? El miedo deviene de la cultura, pensaba Freud; es decir, de lo que humanamente se hace o se deja de hacer.

Crónicas mexicanas: El chile de Peña Nieto (La Opinión)


“No hay chile que les embone”, dijo el presidente mexicano Enrique Peña Nieto el lunes 17 de abril a un grupo de periodistas al referirse a la detención del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, acusado de asociación criminal y desfalco. “Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”, añadió con senda elegancia el administrador de Los Pinos, según informó el columnista Francisco Garfias. Seguir leyendo “Crónicas mexicanas: El chile de Peña Nieto (La Opinión)”

Crónicas mexicanas: Nadie, sino nosotros


Hace unos días atraparon al ex gobernador del estado norteño de Tamaulipas, Tomás Yarrington, en Italia, luego de años de supuesta persecución por asociación con el narcotráfico. Según fuentes italianas, el ex mandatario asociado al Partido Revolucionario Institucional, el mismo partido del presidente Enrique Peña Nieto, vivía cual si fuese un jubilado; es decir, sin preocupaciones. Lo que resulta más insólito es que el tipo permanecía resguardado ¡por escoltas del gobierno! Eso explica entonces que, de no ser porque la policía mediterránea lo atrapó, este narco-político hubiese permanecido disfrutando de su retiro en Calabria. Por cierto, este personaje fue pre candidato del PRI a la presidencia en 2006.

Hace unos meses ocurrió lo propio con el ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira. La policía de Madrid lo atrapó luego que un juez español girara orden de aprehensión contra él por blanqueo y organización criminal. La captura se hila con el hecho que Moreira aumentó la deuda pública coahuilense en más de 17 mil millones de pesos. Luego entonces, el político se hallaba viviendo en un lujoso departamento en Barcelona de tres mil quinientos euros la renta, estudiando una maestría y bebiendo el mejor vino de la región. ¿Qué hizo el gobierno de México? Le envío abogados, lo defendió y hoy el ex presidente nacional del PRI –cargo que ocupaba cuando Peña Nieto era candidato presidencial–, busca ser diputado local en su estado natal. Nada mal, ¿no?

De hecho, si buscas en internet “político mexicano prófugo” encontrarás más de 250 mil resultados, con extensa diversidad de casos, unos más actuales que otros. Esto se debe a que la corrupción política en México es una característica estructural. No precisamente un “mal endémico” como algunos colegas analistas le identifican, ya que no se trata de una enfermedad: la criatura ya nació así, corrupta; esa es su forma de ser. Por eso ninguna reforma podrá salvarnos de ese engendro llamado política mexicana. Aun si no todas las personas que le componen son iguales, el sistema es un pantano del cual no sale un cisne sin mancha. Es el caso de Andrés Manuel López Obrador. Más que un político, un dirigente. Un tipo honesto, estoy seguro. Sin rastro de corrupción. Pero con un defecto: se ha rodeado de mucha gente equivocada. Y al igual que con el líder revolucionario Francisco I. Madero, tal grado de confianza podría ser su sepulcro.

¿Qué diablos nos depara entonces? La agudización de la barbarie. Por eso es necesario saber que un cambio real no dependerá de ellos, los de arriba, sino de nosotros, acá abajo. ¿Cómo? Mira a tu comunidad, empodérense y tomen el futuro con sus propias manos.

Crónicas mexicanas: Papa Francisco, ¡excomúlgueme, por favor!


Mi madre es católica y va a misa casi todas las semanas. Pero al volver de la iglesia este domingo, su gesto lucía particularmente duro.

Me contó que el sacerdote ocupó media hora de homilía en insultar a los homosexuales, y a hacerle propaganda a la campaña del Frente Nacional por la Familia —impulsado por el Episcopado mexicano y el Partido Acción Nacional—, el cual salió a marchar en varias ciudades de México el sábado 10 de septiembre contra la iniciativa de aprobar en la Constitución el Matrimonio Igualitario.

El cura dijo que las y los homosexuales eran una conspiración para acabar con las familias, que tienen ganado el infierno y que no es cristiano convivir y, menos, apoyar la “sodomía”. Que quienes lo hagan, están cometiendo un pecado grave. Mi madre me dijo que, por primera vez en mucho tiempo, sintió ganas de abandonar la iglesia.

Por una razón similar yo dejé el catolicismo. Abandoné, de hecho, cualquier religión. Y no fue una decisión sencilla. Me sentía bien asistiendo a los grupos juveniles de la iglesia, pero el sacerdote del barrio se encargó de aplastar todo dejo de fe en mí, y en mis amigos. Ególatra, corrupto, amante de la vida fácil, aceptaba todo tipo de regalos de sus amigos millonarios, incluidas las limosnas para remodelar un templo que, a la fecha, no tiene yeso en el techo. Un día corrió de la oración a uno de mis amigas por llevar minifalda y a mi mí me negó la eucaristía por tener el pelo largo.

Pero pensé que dios era más grande que eso y, aprovechando un año sabático obligado en mis estudios de prepa, entré al seminario de Tulancingo, Hidalgo. Cuartos individuales, agua caliente todo el día, mesas de billar y ping pong, cancha empastada de fútbol y un grupo de monjas esclavizadas en la cocina para atendernos, en tanto los sacerdotes estacionaban sus autos de reciente modelo y llegaban a comer, apartados de los mortales seminaristas. Se entiende el amor de estos curas por la vida galante. Por eso, cuando entre todo ese burgués escenario, corrieron a mi amigo David por preferir orar en otomí y no en latín, me fui. Dios era una trampa y tenía que largarme de ahí.

Desde entonces, como ahora, sólo tengo una petición al Vaticano: Excomúlguenme, por favor. No quiero seguir bautizado bajo un régimen corrupto, homofóbico e hipócrita, que en México está asociado a las redes de pedofilia y al narcotráfico. Además, bastante tengo yo con mi propia doble moral.

(Un artículo original para mi columna “Crónicas Mexicanas” del diario La Opinión, de Los Angeles, CA. Foto: Un hombre implora a dios (presumiblemente Noé). Elemento del monumento central de la ciudad de Baden, Austria. Tomada de Toughts and Places.org )

Crónicas mexicanas: Plagia y serás Presidente (La Opinión)


Peña Nieto plagió más de la cuarta parte de su tesis universitaria. Esto, según una investigación periodística revelada por el portal Aristegui Noticias el pasado domingo 21 titulada “De plagiador a presidente”. El reportaje expuso que, quién ocupa la Presidencia de México, plagió –o sea, se robó–, al menos 197 párrafos de la tesis con la cual se graduó de la Licenciatura en Derecho por la Universidad Panamericana; 20 de ellos, copiados íntegros de un libro del ex presidente mexicano Miguel de la Madrid. Al respecto, la vocería del Gobierno respondió diciendo que las pifias del Presidente fueron “errores de estilo”. Por su parte, quien fuera el asesor del entonces estudiante de derecho Peña Nieto, Alfonso Guerrero Martínez –actual magistrado del Poder Judicial de la Ciudad de México–, rechazó una deshonestidad y minimizó las faltas a meros “errores de imprenta”.

 

Una más, pues, de Peña Nieto. Pero no en balde, ya que me da la oportunidad de condicionar a mis alumnos y alumnas a que no plagien sus propias tesis, so pena de convertirse en Presidente de México.

Como profesor de Filosofía y Comunicación, es mi materia cuestionarles sobre las implicaciones éticas de cualquier fenómeno mediático. ¿Se trata de un robo intelectual o de un burdo error?, les pregunté, a lo que la mayoría en clase respondió que Peña Nieto había cometido un fraude. Sólo una de mis alumnas defendió al Presidente: “¿O sea que, si no le pongo comillas a un texto, me pueden acusar de plagio?”, cuestionó. Por supuesto, le respondí. A lo que ella contestó: “¡Pero imagínese cuantas tesis están hechas así!”. Su triste respuesta se pareció mucho a la que dijo el igualmente triste #LordAudi, un tipo bautizado así en twitter al ser exhibido en la Ciudad de México agrediendo a un ciclista, destrozándole la bicicleta y amenazándolo con un bóxer. Para quedar en impunidad, el agresor se justificó a sí mismo ante un policía: “Es México, wey, capta”.

Sobre tal laxidad moral, es igualmente penoso reconocer que, sobre las experiencias de una larga lista de “errores” de Peña Nieto que han quedado impunes, no hay razón para imaginar que el Presidente asumirá, esta vez, la responsabilidad de lo que hizo. Sobre una premisa: Plagiar una tesis, como acto de deshonestidad, le valdría renunciar al cargo. Pero en eso radica precisamente el problema: EPN no lo hará. Goza de la protección de un sistema de poder donde la ley fue plagiada por la impunidad. Lo hizo #LordAudi y lo hace el Presidente, porque: Es México, wey.

(Un texto original para mi columna “Crónicas mexicanas” en el diario La Opinión. Búscame en Facebook: @albertobuitreblog)