El Hijo del Perro Aguayo a los altares


Hay una frase que dice que la lucha libre en Japón es un deporte, en Estados Unidos es una broma, y en México, una religión. Y este sábado, nosotros feligreses, amanecimos con la noticia que uno de nuestros dioses había muerto, el Hijo del Perro Aguayo.

¿Exageramos cuando atribuimos propiedades divinas a atletas de carne y hueso? No es asunto de hoy. La lucha libre tiene en México una historia de casi 150 años. Algunos historiadores aseguran que llegó con la intervención francesa en 1863, pero fue hasta 1933 cuando se fundó la primera Empresa de Lucha Libre mexicana. Luego, con la televisión y de la mano de El Santo y Blue Demon, la trifulca del ring se popularizó de tal manera, que el llamado “El enmascarado de plata”, opacó la influencia de Superman y abarrotó las clases cinematográficas de La Sorbona con filmes surrealistas como “El Santo contra las mujeres vampiro”.

No, no exageramos. Como tampoco lo hacemos al dolernos por la muerte de El Hijo del Perro, el líder máximo de La Jauría del Terror, el Arquitecto de la Lucha Libre. Pienso que su máximo logro luchistico fue quitarle la cabellera al Cibernético en una memorable lucha en el 2013. Pero lo recordaremos por haber devuelto a la lucha libre mexicana la popularidad que perdía frente a la WWE estadounidense. De pronto dejo de ser un acto marginal acudir a la Arena México “Catedral”, el templo de la colonia Doctores, a echar tacos y beber litros de cerveza bajo una mascara de algún ídolo, para convertirse en una escena kitsch llena de extranjeros y burguesía. Durante los 2000, Hollywood y Berlín, miraron hacia acá, fascinados por el espectáculo de los ídolos de carne y hueso.

Se va El Hijo del Perro a lo alto del Olimpo mexicano. Apenas nos recuperábamos de la última perdida sobre el ring, la de Oro, en 1993. Y es que en México, si un luchador muere sobre el cuadrilátero, es elevado súbito a los altares del país. Ahí reposa el alma ensangrentada del hijo del Can de Nochistlan, Zacatecas.

¿Qué son esas banderas rojas? (+ fotos)


ALBERTO BUITRE.- Una voz en medio del contingente se alzó para dar un pase de lista: “Comandante Camilio Cienfuegos”. Y un coro respondió sacando fuerza del vientre, elevando un grito que parecía romper el aire: “¡Presente!”. Luego, la voz continuó: “Comandante Ernesto Guevara de la Serna”. Y antes que el viento volviera, la consigna volvía a quebrar su resistencia: “¡Presente!”, se oyó, mientras la marcha de comunistas avanzaba sobre avenida Reforma, como un barco napoleónico rasgando el océano, blandiendo sobre troncos como brazos poderosos inmensas velas rojas de punta a punta; las banderas del Partido Comunista. Marchaban para rendir honor a la Revolución Cubana, a 60 años del Asalto al Cuartel Moncada que desatara por los seis años siguientes la revuelta que destronara a la tiranía y de la mano de Fidel Castro Ruz, colocara la voluntad de los humildes de Cuba en la silla del Palacio presidencial.

La militancia partió del histórico Hemiciclo a Benito Juárez, dedicado al héroe de la Reforma, el Presidente que de 1862 a 1866 organizó a grupos guerrilleros sobre toda la Sierra Madre Oriental mexicana para vencer la invasión francesa, el entonces Ejército más poderoso del mundo. Un héroe latinoamericano a la altura de José Martí, el apóstol que le diera a Cuba su primera independencia de los españoles en 1898 y que fuera el “autor intelectual” del Moncada, como así lo declarara el Comandante Fidel Castro en su histórica defensa “La historia me absolverá”, tras ser apresado por el fallido asalto del cuartel militar de Santiago.

El destino fue la Embajada de Estados Unidos. Símbolo del imperialismo y la intervención genocida. Desde el Hemiciclo, sobre Avenida Juárez, cruzando la Avenida de los Insurgentes y hasta avenida Reforma, el bloque del Partido Comunista de México parecía sellar así la memoria y su inevitable destino. El mismo de los juaristas, de la insurgencia independentista y de la guerrilla anticolonialista. Paso a paso, los héroes parecían unírseles. Coro a coro. Como una fuerza invisible parecida a una ráfaga de viento que empujaba la marcha, estirando las banderas, haciendo del martillo y la hoz un motor de acero. Les alentaba hacia la historia combatiente mexicana. Hidalgo, Morelos, Zapata, Villa, Arturo Gámiz o Rubén Jaramillo, al lado del contingente rojo; y luego, Camilo, el Che, Almeida, Mella, y también Manuel Marulanda, Raúl Reyes y Alfonso Cano, habitando una bandera de las FARC-EP, que como en cada manifestación del PCM, ocupa su lugar en medio del grupo, justo en el corazón. Seguir leyendo “¿Qué son esas banderas rojas? (+ fotos)”

Prende el fútbol en #Cuba


Señoras y señores -para comenzar escribiendolo en tono de cronista futbolero-, para quienes creían que el deporte en la mayor de las Antillas era sólo besibol, boxeo y atletismo, hay que saber ahora que de la mano de las transmisiones de los torneos europeos y la naturaleza atlética innata del cubano, el futbol ha prendido fuego en Cuba como en niingún otro país actualmente.

Este es un reportaje de la periodista Anett Ríos para la agencia EFE, donde da cuenta que el futbol se ha convertido en el deporte boom en Cuba y tiende a crecer. Ya la selección cubana ganó el campeonato caribeño y existe una liga nacional organizada con equipos de todas las provincias. Mientras tanto, los niños se disputan la pelota en las calles y los parques con playeras de Barcelona y la selección brasileira. Leonel Messi es el ídolo indiscutible de los cubanos y como dato anexo, comparto que el equipo mexicano más popular en La Habana, son las Chivas.

Dificultades, muchas, sobre todo económicas. Pero como bien declara un jugador, si el Estado cubano está por apoyar este deporte “este es el momento indicado”

Por favor no pierda de vista este reportaje:

La chispa del fútbol prende en Cuba

En un país donde el béisbol es deporte nacional y seña de “identidad”, la pasión por el fútbol se abre paso en Cuba y hace furia entre los más jóvenes, mientras los expertos llaman a aprovechar esa “chispa”. Seguir leyendo “Prende el fútbol en #Cuba”

Queja de la democracia


La vieja España tenía a los alcaldes por honorables o por lerdos. Y a cada cual le asignaba un dicho, según hacían feliz o infeliz al pueblo. “A falta de hombres buenos, a mi padre hicieron alcalde”, versa uno que no sé si ofende al oficio político o más aún a la vocación paterna. Un momento: ¿Estamos hablando de la España colonial o del México neoliberal?

Otro: “Nadie le dio vara; él se hizo alcalde, y manda”. Según las potestades de la Ley Electoral, a existen los que son ungidos con la potestad de gobernar a más de 500 mil con tan sólo el 10 por ciento de esos que votaron. O sea que, en términos estrictos, la vara de su Gobierno apenas es medida con la extensión de la mitad de la cuadra donde vive y eso, si llegaran a abrirle la puerta. Pero es el Presidente. El señor. El patrón. Aquel que gobierna con la mira puesta a la altura de sus narices. Aquí vienen unos más, pasadito el tres de julio.

“De alcalde a verdugo, ved cómo subo”. Y sus historias. Escondidas detrás de los volantes, los espectaculares, los spots de radio y televisión, y esa sonrisa de chapulín que brinca y brinca de color en color. Cuando la ignominia es el mejor capital político. Atrás van quedando sus víctimas, ausentes, silenciadas, escondidas. Él, en cambio, toca a la puerta de una nueva oportunidad en el oficio más antiguo del mundo: el cacique. De todo y de nada. De sus portadas y la nostalgia de un mundo de cámaras que ya no existe y que pretende cambiar por las farolas del presupuesto público. Y ahí va.

Y también los otros. No me imagino a alguien con verdaderas intenciones de poder para servir. Son tan pocos que prácticamente no existen. Los he visto, conocido; he charlado con ellos y, creeme, casi nada tengo que decir de ellos. Al escribir esto me acuerdo de ese que recibió a 80 estudiantes de preparatoria. Los muchachos iban a pedirle un puente peatonal que evitara que otro de sus compañeros cayera asesinado por un camión al cruzar la carretera. Y el alcalde les dio el puente; un pedazo de concreto y lámina puesto sobre dos columnas de cemento que, al primer brinco, mató a otros más. “A un burro le hacían alcalde, y no lo agradecía”. Seguramente el burro, por ser burro, no sabe que las delicias de la administración pública dan fuero suficiente para vivir de las rentas… para siempre. Que se pueden poner desde taquerías, ferreterías y partidos políticos hasta gubernaturas. Burro tenía que ser, y el otro, alcalde. Mejor uno que el otro ¿Pero cuál?

“Alcalde cruel, nadie dice bien de él”, ni cuando es candidato. ¿Ciudadano? Favor que me hace. ¿Acaso yo votaría por un tecleador que gusta de la cerveza y los libros para adolescentes para ser mi Presidente Municipal? Pero no soy yo el referido, ni tú, sino él, que a rastras va con su nombre por la ciudad, haciéndose pasar por el empresario que no es, o el político que no es, y el ciudadano que sí es ¿O era al revés? Seguramente. Es tan, pero tan desconocido que nadie dice bien, ni mal, ni regular, de él. Salvo quienes les pagan por hacerlo. Lo que me recuerda una que antes mencioné. “A pueblo muerto, alcalde tuerto” y yo parafrasearía: “A pueblo tuerto, alcalde muerto”. Luego por eso uno se queja de la democracia.

Twitter: @albertobuitre
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¿Tenemos remedio?


Tuvo que llegar un día nublado para detener el trajín del tiempo y reflexionarlo.

México es un país sumido en décadas de degradación cultural y veo difícil que una opción, por prometedora que sea, salve tanto tiempo perdido. Acaso sentar ciertas bases de progreso, esto, con el riesgo permanente de que el retroceso vuelva (ironía cuantitativa) y se instale de nuevo vía del voto, en menos de un año, en un solo día de acción proselitista yelectoral.

Pienso en naciones como Islandia, Noruega, Suecia, Cuba, Uruguay o Japón, quienes hoy encabezan algunas de las más notables estadísticas en desarrollo humano. ¿Cómo hicieron para ser los países que son ahora? Sin duda no fue cosa de un sexenio. Al igual que este México ha atravesado dos revoluciones y otros años más para construirse en lo que hoy es (o en lo que sea que se haya convertido), así mismo, el desarrollo que éstas otras naciones han logrado, ha sido con base en décadas de experiencias culturales.

Así como creo que Islandia, Noruega, Suecia, Cuba, Uruguay o Japón hacen del progreso una dinámica permanente, considerando que El Bien, como paradigma, se construye constantemente; El Mal, de igual forma. Y acaso El Mal implica menos esfuerzo, dado que es más fácil corromper la ética para lograr un objetivo dentro de un sistema corrupto como el mexicano.

Y así sucesivamente.

¿Tenemos remedio país, siendo que, El Mal que nos aqueja, es sistemático y no coyuntural?

Personalmente, ahora mismo, no podría apostar a nada.

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Tonatiuh


En muy pocas ocasiones se observan trabajos de alto valor cultural e intelectual como el desarrollado por el maestro Tonatiuh Herrera Gutiérrez. Y no me refiero solamente a la publicación de su más reciente libro “Los perros del mundo” (Gobierno del Estado de Hidalgo, México, 2010) –que de por sí vale amplios comentarios en un espacio mucho mayor al de una columna-. Me refiero, más bien, a su trayectoria. Imprescindible para conocer la vasta riqueza de una ciudad como Pachuca, única en su tipo en México, y que pocos como Tonatiuh conocen tan profundamente.

Lo conocí en el 2006 en el fragor de la pugna democrática por el cambio en México. Antes, mi referencia como reportero ligaba su nombre siempre a su desempeño como promotor cultural. Cuando por fin lo traté, supe que estaba ante un profuso intelectual. Y casi de inmediato, descubrí que su ejemplo quijotesco, también se plasmaba en lo político. Literalmente.

Sobre Tonatiuh se pueden afirmar dos cosas: su compromiso social y su rigor ético e intelectual. Esto le ha convencido que siempre ha habido injusticias en el mundo y siempre defensores de las causas a favor de las mayorías. Él mismo es uno de ellos. Lo ha demostrado desde niño como asistente a las actividades del Partido Comunista y ya después incorporado a las filas del PSUM, del PMS y del PRD.

Su trabajo académico y de investigación, lo ha dirigido a fundamentar las demandas y herramientas para la lucha social. Nació el 22 de marzo de 1968 en Actopan, Hidalgo. Es licenciado en economía por la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa y egresó de la maestría en esa misma ciencia por el Colegio de México,

Antes de “Los Perros del Mundo”, su pensamiento sobre Pachuca se plasmó en el libro “Del origen al abandono. Historia del primer plano de desarrollo de la Ciudad de Pachuca”, del cual es coautor. Ha paleografeado documentos del siglo XVI sobre la historia de la ciudad y recientemente, como miembro de su Comité del Centro Histórico, hizo posible la restauración de su Reloj Monumental luego de cien años.

Fundamentalmente, Tonatiuh es un Quijote. Haciendo la lucha con un libro en mano, tomando como arma las letras y la inteligencia. Pensando él en Pachuca, sobre él yo acuño aquella frase del Famoso Hidalgo: “El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.

Twitter: @albertobuitre
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