Queja de la democracia


La vieja España tenía a los alcaldes por honorables o por lerdos. Y a cada cual le asignaba un dicho, según hacían feliz o infeliz al pueblo. “A falta de hombres buenos, a mi padre hicieron alcalde”, versa uno que no sé si ofende al oficio político o más aún a la vocación paterna. Un momento: ¿Estamos hablando de la España colonial o del México neoliberal?

Otro: “Nadie le dio vara; él se hizo alcalde, y manda”. Según las potestades de la Ley Electoral, a existen los que son ungidos con la potestad de gobernar a más de 500 mil con tan sólo el 10 por ciento de esos que votaron. O sea que, en términos estrictos, la vara de su Gobierno apenas es medida con la extensión de la mitad de la cuadra donde vive y eso, si llegaran a abrirle la puerta. Pero es el Presidente. El señor. El patrón. Aquel que gobierna con la mira puesta a la altura de sus narices. Aquí vienen unos más, pasadito el tres de julio.

“De alcalde a verdugo, ved cómo subo”. Y sus historias. Escondidas detrás de los volantes, los espectaculares, los spots de radio y televisión, y esa sonrisa de chapulín que brinca y brinca de color en color. Cuando la ignominia es el mejor capital político. Atrás van quedando sus víctimas, ausentes, silenciadas, escondidas. Él, en cambio, toca a la puerta de una nueva oportunidad en el oficio más antiguo del mundo: el cacique. De todo y de nada. De sus portadas y la nostalgia de un mundo de cámaras que ya no existe y que pretende cambiar por las farolas del presupuesto público. Y ahí va.

Y también los otros. No me imagino a alguien con verdaderas intenciones de poder para servir. Son tan pocos que prácticamente no existen. Los he visto, conocido; he charlado con ellos y, creeme, casi nada tengo que decir de ellos. Al escribir esto me acuerdo de ese que recibió a 80 estudiantes de preparatoria. Los muchachos iban a pedirle un puente peatonal que evitara que otro de sus compañeros cayera asesinado por un camión al cruzar la carretera. Y el alcalde les dio el puente; un pedazo de concreto y lámina puesto sobre dos columnas de cemento que, al primer brinco, mató a otros más. “A un burro le hacían alcalde, y no lo agradecía”. Seguramente el burro, por ser burro, no sabe que las delicias de la administración pública dan fuero suficiente para vivir de las rentas… para siempre. Que se pueden poner desde taquerías, ferreterías y partidos políticos hasta gubernaturas. Burro tenía que ser, y el otro, alcalde. Mejor uno que el otro ¿Pero cuál?

“Alcalde cruel, nadie dice bien de él”, ni cuando es candidato. ¿Ciudadano? Favor que me hace. ¿Acaso yo votaría por un tecleador que gusta de la cerveza y los libros para adolescentes para ser mi Presidente Municipal? Pero no soy yo el referido, ni tú, sino él, que a rastras va con su nombre por la ciudad, haciéndose pasar por el empresario que no es, o el político que no es, y el ciudadano que sí es ¿O era al revés? Seguramente. Es tan, pero tan desconocido que nadie dice bien, ni mal, ni regular, de él. Salvo quienes les pagan por hacerlo. Lo que me recuerda una que antes mencioné. “A pueblo muerto, alcalde tuerto” y yo parafrasearía: “A pueblo tuerto, alcalde muerto”. Luego por eso uno se queja de la democracia.

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Que debatan ya


Las elecciones en el Estado de Hidalgo presentan un cuadro de atraso democrático, anterior a la reforma electoral de 1996, cuando los institutos electorales aún no eran autónomos. Esto lo vino a decir Rogelio Ríos Hermosillo, presidente de Alianza Cívica AC, en las elecciones a gobernador del año pasado, alertando que las elecciones estaban en riesgo por la falta de parcialidad e independencia del Instituto Electoral hidalguense.

Lo peor, no fue la evidenciación del problema sino que los hechos le dieron la razón.

Ríos Hermosillo, académico de siempre y experto en temas de elecciones, dijo que Hidalgo aún no cuenta con estándares de participación electoral en condiciones de equidad y democracia debido a que los organismos encargados de cumplir con este orden son parte de un atraso generalizado en materia política.

Y puso como ejemplo el Estado de Chihuahua, donde el Instituto Electoral de dicha entidad promovió y organizó, no uno, sino dos debates públicos y televisados entre los candidatos. Y mientras en Hidalgo, los partidos debates sobre la conveniencia de hacer debates, porque es más fuerte el miedo a las encuestas.

La realización de debates es la herramienta más efectiva para la difusión de propuestas y la exposición de ideas, más allá de la propaganda electoral, la cual, conduce a la ciudadanía al desconocimiento de los procesos electorales.

Por eso, que las y los candidatos a las 84 alcaldías de Hidalgo abandonen el miedo y sus complejos y debatan ya.

Que debatan y si no, estarían dando lugar a sospechas sobre su mínima estatura moral e intelectual.

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Eleazar García y el mito del candidato “ciudadano”


“Un ciudadano como tú” es el lema del candidato del PRI a la alcaldía de Pachuca, Eleazar García, el cual pretende proyectar la imagen, construida por su partido, de que es un candidato surgido de la sociedad civil. Una gran noticia para la ciudadanía pachuqueña pues, si Eleazar es como cualquiera, entonces somos los privilegiados tanto de la clase empresarial como política a la que estaríamos perteneciendo. Verbigracia, somos los potenciales aspirantes al poder porque el PRI, en lo supuesto siendo nuestro partido, habrá de postularnos aún en contra de su historia e intereses. Sin embargo, ni Eleazar mismo, ni el PRI ni la gente somos tan ingenuos para creernos el mensaje que se queda en eso, en mera propaganda en pos de ubicar a un personaje bajo una fachada que no le pertenece y desconoce, tanto, como el pueblo lo desconoce a él.

García pertenece a una familia que está íntimamente ligada al aparato gubernamental y al gobernador en turno, Francisco Olvera. Pero su candidatura no sólo obedece a ello –el lugar que hoy ocupa pudo haber sido de cualquiera que gozara de la misma relación, más o menos al nivel de Eleazar García-, sino a la pretensión del PRI de privilegiar los intereses del sector empresarial de Pachuca, al cual pertenece su hoy abanderado, recientemente salido de la presidencia de la Confederación Patronal Mexicana (Comparmex) en esta ciudad.

Esto sin soslayar lo más importante: Eleazar García tuvo que someterse a los estatutos del Partido que lo postula para ser su candidato, en alianza con el Verde y el Panal. Uno de los requisitos establecidos para ello es que, cualquiera que pretenda, como en este caso, ser postulado a una alcaldía, deberá acreditar por lo menos tres años de militancia en el PRI, según se establece en el párrafo XI del Artículo 166, Capítulo II sobre “De la postulación de candidatos a cargos de elección popular”. Y siendo el priísmo quien lo propone bajo el acuerdo de sus aliados, éste, entonces, es –y fue-, el primer requisito que debió cumplir para inscribirse.

Por supuesto, la filiación priísta del autodenominado “candidato ciudadano”, es algo que su partido prefiere esconder, quizá, para no echar a perder su plan de ser “como” el pueblo. Dado que, en sentido contrario: ¿Eleazar García pasó por alto su primera obligación legal para ser candidato? Esto, claro, de ser realmente ese personaje independiente que algunos presumen acerca de él. No obstante, la campaña ya inició y el asunto ahí quedara; en el mito o la ilegalidad. Y sólo Eleazar y el PRI lo saben.

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La elección de los alcaldes tuertos


Un PRI fracturado y confundido; la alianza entre el PAN y el PRD hechos más dos (y hasta tres o cuatro) que uno; y el PT y Convergencia que en casos emblemáticos desaprovecha la oportunidad de representar “algo diferente”, con eso arrancan ya las campañas municipales en Hidalgo.

En una elección sui generis en diversos sentidos, cuando los partidos coaligados son rivales en más de cinco municipios, haciendo que los ayuntamientos sean disputados, en unos, por dos o tres opciones, y en otros hasta por cinco.

Así las cosas. Y luego quieren pintar que la democracia está conquistada en México. Por lo menos en Hidalgo es una escalera con pocas tablas formadas.

No obstante, estas elecciones son unas de las más importantes en los últimos periodos; es, quizá, la más trascendente para la localidad después de la gubernamental. Los alcaldes que se elijan, acompañarán toda la gestión del gobernador Francisco Olvera durante los cuatro años con siete meses que durarán. Así, por ejemplo, de refrendar la oposición su triunfo en la capital Pachuca, su candidata, Gloria Romero, estaría contrastando las labores del mandatario, ex alcalde de esta ciudad y perdedor electoral en la misma en los comicios que lo han llevado a la primera magistratura hidalguense, en un ejercicio de contraposición de fuerzas para mal del régimen y para bien de la construcción democrática estatal.

Gracia de la reforma para el empate electoral, que ha modificado el tiempo de la actual administración pública, entrando Hidalgo al 2012 sin más preocupación que definir el rumbo de la nación en la elección de Presidente y Cámaras.

Y mientras tanto, a elegir alcaldes; lo cual en estos tiempos de corrupción ética de la política y fachadas criminales, no resulta una virtud si se revisan las biografías de muchos de los candidatos. Como versa el dicho ibérco: “A pueblo muerto, alcalde tuerto” ¿Será nuestro caso?

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El fraudulento Instituto Electoral de Hidalgo


El Instituto Estatal Electoral de Hidalgo no es un organismo confiable. Su conformación está supeditada a los más profundos intereses del Gobierno local, y de ahí mismo parte la designación de su presidente y consejeros.

Daniel Rolando Jiménez Rojo, titular de la institución, quedó en el cargo gracias al favor que le otorgara el ex mandatario Miguel Ángel Osorio Chong. Y no en balde. Desde el principio de su carrera política colaboró con el PRI en tareas electorales y luego en la administración de los gobiernos priístas en diferentes cargos. Y ahora, conduciendo la administración del Instituto Electoral, se han acomodado consejeros y funcionarios adscritos al régimen.

La intentona de colocar a Nancy Pérez Velasco en la Coordinación Ejecutiva de Administración y Servicio Profesional del IEE, es el último ejemplo de ello.

Gracias a la denuncia de los consejeros del PAN y del PRD, se descubrió que Pérez Velasco es hija de Pablo Pérez Martínez, actual subsecretario de Planeación de Administración y Finanzas de la Secretaría de Educación Pública del Estado (SEPH) y, además, hermana de Pablo Pérez Velasco, director de Administración y Recursos Materiales y Financieros de la Secretaría de Salud (SSH).

Pérez Velasco estaba propuesta para manejar ni más ni menos que las finanzas del instituto y la relación del personal acreditado a trabajar en el IEE.

Pero el PRI y la presidencia del Instituto fracasaron.

Vale la pena recordar la nota del diario Reforma del 29 de junio del 2010, donde se daba cuanta que cuatro de los cinco consejeros electorales en Hidalgo “tienen antecedentes como priistas”.

Así se expuso:

“El presidente del Instituto Estatal electoral de Hidalgo (IEEH) Daniel Jiménez Rojo ha sido funcionario de la Secretaria de Finanzas, el Programa de Agua Potable, de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas y del Registro Público de la Propiedad y el Comercio.

“El consejero Enrique Vieyra Alamilla es hijo del líder priista César Vieyra. Su hermana Marcela es candidata a diputada local por el tricolor. Antes de llegar al Instituto se desempeño como abogado en notarias públicas.

“Guillermo Mejía Ángeles fue secretario de particular del Alcalde priista de Pachuca, Juan Manuel Sepúlveda.

“En 1986, María de Jesús Hernández obtuvo del gobernador priista Guillermo Rosell de la Lama una notaría pública. En noviembre de 2006 se convirtió en consejera electoral.

“El consejero José Alejandro de Jesús Fosado ha sido secretario general, diputado local y regidor del PAN.”

Además, durante la elección a la gubernatura del 2010, el IEEH saboteó las labores de observación electoral independiente. No publicó el encarte de la ubicación de las casillas, por lo que los votantes tuvieron problemas para ubicar la que les correspondía. Y no verificó, pese a las denuncias comprobadas, que en casa de un funcionario del mismo Instituto en Tepatepec, se almacenaron materiales y despensas que fueron entregadas a la gente a cambio de que votaran por el PRI.

Ahí el árbitro que conducirá las elecciones municipales.

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PT y Natividad al filo del pragmatismo


Están a un solo paso de terminar por tirar por la borda lo construido hasta el momento. En el 2009, el Partido del Trabajo en Hidalgo sorprendió al candidatear a perfiles eminentemente ciudadanos y de organizaciones sociales al Congreso. Más, en la coyuntura por hacerse de las alcaldías en las elecciones municipales de este 2011, el PT, que junto a Convergencia conforman la alianza “Poder con rumbo”, está cayendo en el pragmatismo, por decir lo menos.

Me extraña porque el petismo hidalguense no tiene necesidad de vilipendiar el prestigio que a puños y presiones se han ganado, tratando de conformar estructura política desde la formación ideológica de bases. Me consta.

Y ahora, quizá en la urgencia de hacer crecer su capital frente a las elecciones presidenciales del 2012 o de potenciar aún más el camino andado, barajan en su interior la posibilidad que Natividad Castrejón Valdéz sea su abanderado a la presidencia municipal de Pachuca. Si lo concretan, no sólo cometerían un equívoco histórico sino entrarían en un callejón oscuro donde estarían en riesgo de ser atracados por el mismo adversario a quien dicen combatir.

Pienso que suficiente ya tienen al haber postulado a Víctor Rodríguez Gaona por Mineral de la Reforma. Un personaje de las filias del cacique de la UAEH, priísta de cepa y fundador del Grupo Universidad, Gerardo Sosa Castelán. Siendo dirigente juvenil del PRI, saltó al PRD de la mano de otro afamado ex priísta, José Guadarrama Márquez, y ahora hecho candidato petista sin la necesidad de haber renunciado al sol azteca, de donde es -¿o era?-, también dirigente juvenil.

Lo mismo en Ixmiquilpan. Ahí regalaron sus colores a un oscuro, extraño y confesional Pascual Charrez, dirigente de la Sociedad Integral de Organización Nacional (SION), aún formalmente adscrito al PAN. Seguir leyendo “PT y Natividad al filo del pragmatismo”