Wikileaks: “Sin miedo”


El 8 de diciembre de 1980, un obnubilado Mark Chapman asesinó a Jhon Lennon, tras largas horas de espera afuera del edificio Dakota, en Nueva York, convirtiendo su caso en el ejemplo más famoso de la violencia generada por el odio irracional. Salvando comparativos, lo mismo podría pasarle al fundador de Wikileaks, Julian Assange, si es extraditado a los Estados Unidos – al parecer, la cuna de los traumas sociales-, a raíz de su probable encarcelación en Suecia, desde Londres, donde fue detenido, acusado por un presunto caso de violación.

Sabido de las trampas que la Interpol a sometimiento de Estados Unidos pretende imponerle con tal de detenerlo, Assange, de 39 años, se personó voluntariamente ante la policía británica ante el caso del que lo acusan. Sin embargo, WikiLeaks anunció enseguida que no se detendrá la publicación de los 250 mil cables confidenciales de la diplomacia norteamericana y que provoca la ira creciente de Estados Unidos y de otros países concernidos por las revelaciones. Este es el primer gran movimiento del australiano para desvincular su actividad informativa del delito del cual se le acusa y evitarle pretextos a Londres para su extradición, luchando contra la orden de interrogarle después de que dos mujeres le acusaran de violación y agresión sexual en agosto pasado.

Los abogados de Assange temen que si es extraditado, Suecia lo entregue a Estados Unidos, país que lo ha amenazado abiertamente, incluso con el asesinato en voz del Partido Republicano. Sin embargo, la batalla legal durará muchos meses hasta llegar hasta la Corte Suprema británica.

Según lo difundieron las agencias, el abogado de Assange, Mark Stephens, declaró que las acusaciones suecas estaban “políticamente motivadas”, y agregó que esperaba una oleada de apoyos para su cliente en internet. Pero Estados Unidos aguarda paciente tenerlo en sus manos y ya lo considera su enemigo número uno; tanto que el secretario de Defensa, Robert Gates consideró “una buena noticia”, la detención

Pero WikiLeaks anunció en twitter que las acciones contra Assange “no van a afectar” sus operaciones. “Difundiremos más cables esta noche como de costumbre”, agregó. Mientras tanto, Visa y MasterCard anunciaron la cancelación de las cuentas del portal, lo cual, no obstante, no merma las intenciones de los activistas quienes declararon que seguirán difundiendo “sin miedo”.

Es el tiempo de la solidaridad internacional con Assange.

Miseria de periodismo


La acusación de Televisa contra la revista Proceso de recibir dinero del narcotráfico, y la defensa de éste último medio, desatan en México la última gran crisis mediática, donde el periodismo resulta en un choque de poder e intereses donde informar es la tarea menor. Pero este pleito no es olvido nuevo ni de hoy y, seguramente, tampoco pasajero; tanto como afirmar que un día se eliminará la competencia comercial entre periódicos para perseguir el afán socializante del derecho a la información. Una utopía en el mundo capitalista.

Hacer periodismo en México significa subsistir necesariamente frente a los intereses comerciales y políticos. En realidad, sólo los políticos son redituables. Según el medio, es la cantidad de dinero que Gobiernos, secretarías, partidos o empresas, destinan para el favorecimiento de información acorde a sus planes, entre los cuales la publicidad es fundamental. Un camino diferente significaría el suicidio económico a gran escala. De tal modo, nadie –salve el atrevimiento-, de los grandes medios de comunicación en este país está a salvo de la rendición. “Así es este negocio”. Un cheque millonario es el cambio del derecho y la libertad de información.

Y sobre esa magra realidad, es que las empresas periodísticas se ven orilladas a defender sus propios intereses, que a su vez son los intereses de un tercero; es decir, del pagador. Es la lógica del derecho privado: Toda propiedad genera violencia.

Si los medios de comunicación recogen los cambios que se producen para incorporarlos a la sociedad, al tiempo que hacen nuevas propuestas de comportamiento social, pueden entonces sugerir o propiciar nuevas imágenes. ¿Pero qué consecuencia conlleva la aplicación de exactamente lo contario?

Televisa y Proceso –cada cual con su historia ética y profesional conocida, lo que no se discute aquí-, se vuelven medios que recogen lo negativo cultural: la violencia que sugiere más violencia, dentro de un país violento. Y los medios deberían estar para otra cosa fundamental: preservar un derecho humano, una actividad de impacto social que debería privilegiarse por encima de la defensa de los otros que pagan. Es el vicio indeclinable del capital que orilla al periodismo a comportarse como extremo mercader, donde todo vale, incluso la injuria, con tal de preservar el negocio. Miseria de periodismo.