Lloren gusanos, Fidel nunca muere


Es muy difícil escribir hoy, pero es necesario. Partió Fidel. Y duele su ausencia física, pero tal dolor se acompaña de una sonrisa cínica porque el Comandante en Jefe partió invicto.

Durante mucho tiempo me preparé para un día como el de hoy. Y la noticia sobre ese momento indeseado que finalmente llegó, me ha amargado más de lo que siquiera imaginé. Y es que no, uno nunca está del todo listo para un momento así; para ya no compartir la misma tierra con un gigante. Porque uno nunca sabe el tamaño que tiene un ser humano en este universo, hasta que sentimos en carne viva el vacío que éste deja. De tal tamaño el vacío, de tal tamaño su presencia.

No obstante, esta amargura no es como otras, del todo inesperadas, inevitablemente depresivas. Al partir Fidel, deja con nosotros 90 años de historia viva. Deja un legado tan extenso que nadie tendrá vida suficiente para abarcarlo. Porque Fidel parte invicto, lo que significa que en su vida nunca hubo un punto final, y sigue escribiéndose en cada una de las obras que nos ha heredado.

Porque “Fidel es Fidel”, como dijera Raúl, lo que significa que sólo Fidel pudo encarnar tal enormidad histórica, política, intelectual, tan grande, que sólo millones, unidos, podremos continuar su obra. Para entender la inmensidad del Comandante en Jefe, piensese en la historia de toda la humanidad del siglo XX.

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Fidel ríe con los titulares de la prensa de Estados Unidos que llaman a asesinarlo, en 1959. 

 

Qué tan grande es Fidel que el imperialismo no pudo contra él –como versa el guaguancó–, a pesar de tenerlo a 90 millas de distancia; a pesar de haber destinado por más de 50 años cientos de millones de dólares en fallidos proyectos para acabar con él y con su Revolución. Por eso en Miami y en Madrid, como en todas aquellas mazmorras donde yacen asquerosos liberales ultraderechistas, vociferan hoy de rabia porque el Comandante partió incólume, intacto. Pobres gusanos, nunca antes como hoy lucen tan insignificantes.

Fidel no puede morir. Lo atestiguamos hoy. No por sentimentalismo, por esa cursilería infantil de quien no quiere dejar partir a quien se ha ido. No puede morir por aquello que enseñó Jorge Luis Borges que, la inmortalidad se alcanza con las obras. Y la herencia del Comandante es inmensa; abarca más de medio siglo, ni más ni menos. No obstante no termina ahí, puesto que su Revolución en tanto socialista, es dialéctica, se construye todo el tiempo, en cada conversación, en cada jornada de producción, en cada vida que es posible gracias a esta inconmensurable estructura social, política, cultural, científica, humanitaria que gestó desde Cuba para el mundo.

“Buenos días historia, agranda tus portones, entramos con Fidel”. Las palabras de la actriz cubana Corina Mestre lo dicen todo. Hoy el Comandante ha dado un paso hacia la inmortalidad, pero entre el cielo y el suelo que es este tiempo, Fidel permanece. Al fin y al cabo, ¿cómo puede morir aquel que ya ha vencido a la muerte?

Pacifista o terrorista: ¿Quién era Shimon Peres en realidad?


Un “pacifista”, un “estadista”, “líder histórico”. Me pregunto si, en realidad, Shimon Peres, era todo esto que, de él, dicen hoy los grandes medios.

Y resulta que no. Al contrario, Peres era un terrorista que pasó de paramilitar a genocida. Pero como todos los muertos son siempre buenos y habiendo una hegemonía judía controlando los principales medios de comunicación en occidente, se hace creer que la muerte ocurrida este martes 27 de septiembre del ex primer ministro de la entidad sionista de Israel, es una pérdida para el mundo.

Como comunicólogo que soy, es elemental saber que el 96% de los medios de comunicación en occidente son controlados por judíos. No lo digo yo. Estas son estimaciones del sociólogo noruego Johan Galtung, actual profesor de la Universidad de Hawai, quien, al mismo tiempo, señala que el 70% de las plazas docentes en las universidades de este hemisferio, están en manos judías. Luego entonces, se entiende la normalización de la violencia genocida de Israel sobre los territorios que pertenecen a Palestina. Y se explica así que se haga pasar a uno de los principales artífices de este apartheid militar, Shimon Peres, como un “pacifista”.

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Peres es el padre del armado nuclear de Israel, y estuvo lejos de ser un hombre de paz, a pesar que en 1994 se le entregó el Premio Nobel –lo que demuestra otra vez la hipocresía de la Real Academia de Ciencias de Suecia–. Fue un terrorista que desde muy joven de adscribió al grupo paramilitar Haganah, responsable del genocidio étnico cometido contra pueblos de Palestina entre 1947 y 1949 en el cual, judíos sionistas como él, asesinaron a casi 1 millón de palestinos y palestinas de todas las edades y condiciones físicas. Un periodo que se conoce como Al-Nakba, o “la catástrofe”, en árabe, que dio origen al auto-proclamado “Estado de Israel”, sobre territorios palestinos ocupados. Fue tal el desprecio racista de Peres que él mismo declaró que, antes que Israel existiera, “no había nada aquí”, justificando el holocausto.

De tal modo que, con su muerte, “el mundo respira un poco mejor sabiendo que hay un terrorista menos”, me comenta Galeb Moussa, periodista árabe-argentino quien no duda en colocar a Shimon Peres a la altura criminal del dictador Jorge Rafael Videla, presidente de facto de Argentina, culpable de crímenes de lesa humanidad.

“Shimon Peres tiene una larga lista de crímenes contra inocentes, contra gente indefensa. En primer lugar, formando parte de esta banda terrorista (Haganah) que asolaba las aldeas palestinas; luego en funciones oficiales como primer ministro ordenó la operación ‘Uva de la ira’ donde asesinaron a cientos de niños con bombas de fósforo y mutilaron a otros tantos con bombas de racimo en 1996, en el Líbano”, subraya Moussa.

Por eso hay que reiterarlo: Peres no era ese “defensor de la paz” que dicen los medios, y es mentira que pretendía ser amigo de los palestinos. De hecho, los Acuerdos de Oslo que firmó junto a la Organización de Liberación Palestina (OLP) con Estados Unidos como testigo, los hizo pelota y los tiró por la cañería a la primera oportunidad. Era un asesino, como continúan habiéndolos dentro de ese movimiento político-militar llamado “sionismo” que lleva azolando a Palestina desde hace más de 60 años. Le siguen Netanyahu, Lieberman, y otros. Es importante que lo sepas, porque, desde ese 96% de medios controlados por la ideología judía, pretenden ocultarte el verdadero rostro de esa clase de genocidas.

Ya en serio: ¿Venezuela viola los derechos humanos o no?


CIUDAD DE MÉXICO. —No es un asunto sencillo hablar de derechos humanos en Venezuela. Los boletines de diversas organizaciones internacionales en la materia como Human Rights Watch, —cuyas actividades son financiadas mediante proyectos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —, se centran en asuntos políticos, pintando un panorama realmente opaco sobre este país, afirmando en sus informes que “la acumulación de poder en el ejecutivo y el deterioro de las garantías de derechos humanos han permitido que el gobierno intimide, censure y persiga penalmente a sus críticos”.

No obstante, la perspectiva de Venezuela sobre el concepto de “derechos humanos”, cambió radicalmente desde el arribo de Hugo Chávez Frías a la presidencia del país, en 1999. De hecho, tal acepción se contrapuso radicalmente a la que se ofrece desde la hegemonía, la cual privilegia la noción de “libertades” que al mismo tiempo protege la liberación absoluta del mercado, dejando a la clase trabajadora —sobre todo las capas más bajas—, en un estado de indefensión frente a la progresiva privatización de servicios públicos de salud, educación, tierra o cultura, como ocurre en países como México o Colombia. Por supuesto, esto no se cuenta como “violaciones a derechos humanos” pues pasan por regulaciones capitalistas, no humanas.

Tal revuelco conceptual sobre los derechos humanos propuesto por Chávez tuvo su anuncio cuando el líder bolivariano decidió el retiro de Venezuela del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en el año 2012 al denunciar que el aparato de protección de los derechos humanos está bajo el dominio de una “mafia” que los utiliza con “doble rasero” para sus propios fines políticos y en detrimento de países que han decidido no alinearse a la estrategia geopolítica de Estados Unidos.

De esto ya había hablado el Comandante Fidel Castro, durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU en 1979, cuando expuso la notable diferencia entre “derechos humanos”, y “derechos de la humanidad”:

“Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la Humanidad. ¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos, para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años, para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser miseramente pobres, para que otros sean exageradamente ricos? Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan. Hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas, hablo en nombre de aquellos a los que se les ha negado el derecho a la vida y a la dignidad humana.”

En ese sentido, Venezuela propone una concepción de derechos humanos desde la noción primigenia de humanidad. Ha creado un sistema político-económico que privilegia garantías colectivas, donde todos y todas tengan pan, trabajo y bienestar, y en el cual nadie pueda explotar estos tres valores para su propio beneficio económico. Y ha echado adelante su propio derecho a defender a la clase trabajadora del país ante las amenazas de quienes pretender romper esa estructura progresista, y regresar al país a los dominios del neoliberalismo, donde los “derechos humanos y libertades” son, en primera instancia, la libertad de lucrar con las necesidades de las personas. Cuando éstas amenazas son apresadas con apego a la justicia, es cuando organizaciones como HRW rompen en denuncias, sin considerar a un pueblo que, de hecho, ya goza por beneficio estatal, de esos derechos que reclama.

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La embajadora de Venezuela en México, María Lourdes Urbaneja Durant, participa en la mesa redonda “Sociedad, Cultura y Derechos Humanos”, organizado por el gobierno de la Delegación Tlalpan, de la Ciudad de México. FOTO: Oficial

Esto mismo lo recordó el pasado 8 de septiembre la embajadora en México de la República Bolivariana de Venezuela, Maria Lourdes Urbaneja Durant, durante la mesa redonda “Sociedad, Cultura y Derechos Humanos”, organizada por la delegación Tlalpan, de la Ciudad de México.

“Mundialmente los derechos humanos son usados para defender posiciones hegemónicas y para apalancar la intervención en naciones y pueblos que transitan senderos emancipatorios y libertarios”, dijo la diplomática, recordando que, la experiencia de Venezuela en cuanto a derechos fundamentales “significa hoy el desarrollo de un proceso innovador, revolucionario en derechos, comprehensivo y de más empoderamiento del pueblo”

En ese sentido la embajadora Urbaneja Durant afirmó que “los excluidos hoy han ganado voz propia, se han visibilizado en una lucha intensa asumiendo la conducción de procesos importantes, lo que sin duda impulsan la profundización de los cambios tanto conceptuales, como en el quehacer de lo público”.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de derechos humanos en Venezuela?

Hablamos de un país que sacó de la pobreza al 80% de su población. Que no exento a fracasos y sí, sujeto a una necesarísima autocrítica política, pero inocente de esas acusaciones de las agencias estadounidenses que, por un lado, aseguran que bajo el chavismo hay persecución política y censura y, por el otro, ocultan que ningún otro país en el mundo (mucho menos en las naciones protegidas por Washington) se han realizado tantas elecciones como referéndums, incluido el actual que pretende acreditar la derechista Mesa de la Unidad Democrática para revocar al presidente Nicolás Maduro.

Por eso, hablar de derechos humanos en Venezuela, no es sólo es hablar de libertad de expresión o de libertad de asociación: “hablar de derechos humanos en la Venezuela bolivariana es hablar de superación de la pobreza, de la desigualdad, es educación pública gratuita y de calidad, es la conformación de un sistema de salud público que atienda a las grandes mayorías”, como bien dijo la embajadora Urdaneta, en México. Algo que, obviamente, no entienden las mentes enajenadas por el capitalismo.