¿Cómo lo hace? CUBA tiene 99 % MENOS MUERTES que BÉLGICA con los mismos habitantes


PARA NINGÚN PUEBLO EN EL MUNDO HA SIDO FÁCIL LA LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS. Pero CUBA es un país que se ha destacado por sus éxitos ante esta pandemia. Al tiempo de este editorial, la isla suma UNA SEMANA SIN FALLECIMIENTOS a causa del COVID. Ningún país en el mundo ha logrado esto. Y tres datos alentadores más sobre sus hitos: han recuperado a más del setenta por ciento de sus pacientes; su índice de mortalidad es del 0.002 por ciento y, quizá lo más alentador, NINGÚN NIÑO O NIÑA cubana ha enfermado de este virus.

Quizá se piense que se trata de un país pequeño, con apenas once millones de habitantes. No puede compararse con el caso de México que supera los ciento veinte millones. Pero basta un contraste de cifras para entender que, en la pelea contra la enfermedad, NO SE TRATA DE CUANTOS HABITANTES, sino del MODELO DE ATENCIÓN que se aplica.

Así, por ejemplo, un país que tiene el mismo número de habitantes que Cuba es BÉLGICA con casi once millones y medio. Pues este país europeo suma más de nueve mil muertes a causa del COVID, al momento. Por su parte, Cuba, tiene setenta y nueve. ¿Cómo es posible que dos países con la misma cantidad de personas pueden presentar resultados tan drásticamente opuestos? CUBA TIENE 99 % MENOS MUERTES QUE BÉLGICA  TENIENDO LA MISMA CANTIDAD DE HABITANTES.

Bueno, es cierto, Bélgica se sitúa en punto de mucha movilidad por lo cual existe una variable de riesgo muy alta; pero si a esas vamos, Cuba estaba lleno de turistas, como es costumbre, al momento de que todo estalló.   De hecho en todo el mundo siempre hay flujo de personas, a menos que vivas en Turkmenistán o algo así.

La DIFERENCIA entre Cuba y Bélgica se haya en el modelo social.

Mientras la primera ministra belga, Sophie Wilmes, decidió permitir la movilidad en el país priorizando lo económico sobre lo sanitario, el presidente cubano, MIGUEL DÍAZ-CANEL, ordenó el confinamiento general y convocó a decenas de miles profesionales de la salud, incluidas estudiantes, a levantar de inmediato un CENSO ENTRE LA POBLACIÓN para pesquisar a quien presentara síntomas o estuviera en riesgo de contraer la enfermedad.

No está de más recordar en que en la isla los servicios de salud son gratuitos por lo que una prueba de coronavirus que en México puede costar casi cuatrocientos dólares, en Cuba no cuesta. Esto brinda entre la población cubana un clima de confianza en sus servicios sanitarios. Este levantamiento de información es cotidiano y el Ministerio de Salud colocó un sistema online  para que la gente pudiera descartar o confirmar posibles síntomas.

Pero eso no queda ahí. El verdadero FACTOR DE ÉXITO se encuentra en sus liderazgos sociales. En cada calle, en cada barrio, Cuba tiene DIRIGENTES sobre quienes recae la responsabilidad de gestión y resolución de las necesidades de cada individuo o familia. De modo que si alguien requiere apoyo con relación a un asunto que necesita la intervención del Estado, como por ejemplo, algo relacionado a la escuela, servicios púbicos, seguridad o salud, el dirigente de barrio es el intermediario. Ellas y ellos saben quien está enfermo, incluso antes que la familia del implicado.

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Esa COHESIÓN SOCIAL ha permitido a Cuba salir a flote. No hay brechas entre la población y el Gobierno. En MÉXICO TENÍAMOS ALGO ASÍ cuando existían los jefes o jefas de manzana o jueces de barrio. Eran los liderazgos comunitarios, quienes gestionaban las necesidades vecinales, electos o depuestos por los propios vecinos, según sus aptitudes. Pero llegó el NEOLIBERALISMO Y NOS LO QUITÓ. Si aún tuviéramos ese modelo heredado de la Revolución mexicana, no sufriríamos los estragos de la DESCOMPOSICIÓN SOCIAL que produce episodios como las agresiones a profesionales de la salud y la irrupción violenta en hospitales. No solo Cuba, nuestro país también sería un ejemplo ante el mundo.  De hecho, cualquiera que se atreva a seguir el ejemplo del modelo cubano. 

Al diablo su “NUEVA NORMALIDAD” – El COVID NO se irá


La Organización Mundial de la Salud acaba de declarar que es muy posible que el CORONAVIRUS SE QUEDE entre nosotros. Esto tiene lógica, si lo piensas, ya que hoy en día existen virus en el mundo que matan a miles de personas todos los años y para los cuales no han encontrado una vacuna; por ejemplo, el VIH.

“(El COVID) puede convertirse en otro virus endémico en nuestras comunidades y ESTOS VIRUS PUEDEN NO IRSE NUNCA”, dijo MIKE RYAN, jefe de Emergencias Sanitarias de la OMS en una teleconferencia esta semana. Mientras el director general de la Organización Mundial de la Salud, TEDROS ADANHOM GHEBREYESUS, fue más allá al decir que este coronavirus podría reducir la esperanza de vida de la humanidad hasta en 5,5 años.

¿Debemos hacernos a la idea de QUE NO VAMOS A SUPERAR AL COVID? Mis entrañas se niegan a considerarlo, pero mi conciencia ya se acomodó en su sillón, adaptándose cada vez con más RESIGNACIÓN a esa posibilidad.

Por ejemplo, yo era uno de los férreos opositores de los servicios de reparto corporativo tipo Uber Eats. Consideraba —y aún considero—, que son ejemplos contemporáneos de cómo el capitalismo precariza la fuerza de trabajo. Ahí van, jóvenes y viejos, empujando sus bicicletas hasta los domicilios, donde muchas veces son maltratados y no reciben propina pues, ya se incluye el costo del envío. Y mientras los negocios tienen que cobrar un porcentaje debajo de sus precios habituales para pagar el valor del servicio y el repartidor recibe menos de lo que cuesta su trabajo, las ganancias se las lleva la empresa.

¿Vamos a superar al COVID? Mis entrañas se niegan a considerarlo.

Sé que aquí cabe la discusión sobre la necesidad económica de las personas e, incluso, la posibilidad de contratar otros servicios locales de reparto que mantienen esquemas cooperativos de trabajo, de modo que puedo escoger entre unos sobre otros para tener limpia mi conciencia. Pero dejando de lado ese tema (creo que valdría para un nuevo texto), lo que es un hecho es que la pandemia del coronavirus que nos obliga a quedarnos en casa nos FUERZA TAMBIÉN A VARIAR NUESTRAS OPCIONES para surtirnos de productos domésticos, abarrotes y, a veces, algún antojo, claro que sí. Y, ya que no podemos ir al súper o al mercado como lo habíamos acostumbrado, y dado que no sabemos cuando llegará el día en el que podamos hacerlo de nuevo sin riesgos, ya tengo descargadas mis aplicaciones y en mi whatsapp he agregado a tres o cuatro contactos de reparto o de comida a domicilio. Y sí, ninguno es Uber Eats.

Sirva esto como ejemplo de cómo yo, poco a poco, VOY ADAPTÁNDOME A MI “NUEVA NORMALIDAD”. Creo que en todo lo que resta del 2020 no regresaré al supermercado. En estos meses me he resuelto yendo a la tienda que está en la esquina de mi calle, muy temprano para no encontrar gente, y pido a domicilio. Afortunadamente, la señora del pollo y la de las verduras, a quienes siempre he comprado en el mercado de mi barrio, se las ingeniaron para llevar sus productos hasta nuestros hogares.

Una “NUEVA NORMALIDAD” donde TODO SEGUIRÁ IGUAL.

Me considero afortunado pues desde el 2006 trabajo con y desde internet. Más no soy una isla. Dependo de lo que otros producen y corro el riesgo de quedarme sin sustento, si es que se quiebra la cadena de producción. Somos la gran base trabajadora que tiene que salir todos los días; la que más sufrirá los estragos de esta llamada “nueva normalidad”. En ese sentido, la CONTRADICCIÓN CAPITAL-TRABAJO NO CAMBIARÁ. Algunas empresas se han adaptado al teletrabajo y hasta han incrementado las medidas de explotación. Por ejemplo, el académico de la Universidad Autónoma Metropolitana, MANUEL FUENTES, escribió para el diario La Silla Rota que, en lugares como Francia, la jornada laboral se amplió de ocho a once horas diarias, extendiéndose treinta y cinco horas más durante los fines de semana. Y aunque en ese país europeo los grandes sindicatos están logrando frenar tal abuso, EN MÉXICO NO EXISTEN CONDICIONES para organizar a los trabajadores al modo francés. “Es un mal de los nuevos tiempos el teletrabajo, que convierte a la jornada laboral en interminable (…) Es un nuevo esclavismo que va acabando con las personas (…) Desgraciadamente a nuestras autoridades no les importa este problema”, escribió el doctor en derecho.

Mientras tanto, debemos incorporar ya el uso permanente del gel antibacterial, cubrebocas, evitar el saludo de mano o abrazos a gente extraña, desinfectar todo lo que llegue a nuestros hogares, así como lavarse las manos obsesivamente al menos una vez cada hora, todo lo cual se ha convertido en parte indispensable de nuestra cotidianidad y no solamente vicios de los obsesivos compulsivos de la limpieza (quien lo dijera: tuvieron la razón todo este tiempo).

La contradicción capital-trabajo no cambiará.

Y si el coronavirus se queda, pues, muchas cosas tendrán que cambiar, porque hay otras REALIDADES NO SE PUEDEN IGNORAR. Por ejemplo, nos hemos dado cuenta de que, al menos, LA MITAD DE LOS EMPLEOS SE PUEDEN HACER DESDE CASA. Y que hay muchos TRABAJOS EN LOS QUE SE DEBE GANAR MUCHO MÁS, como los relacionados a la limpieza, servicios sanitarios, alimentación, reparto y, POR SUPUESTO, médicos, médicas, enfermeros, enfermeras, camilleros, choferes de ambulancias, paramédicos, y cualquier cantidad de personas que trabajan en los hospitales, así como quienes se dedican a la investigación médica, biológica y largo etcétera.

Esto por el lado de las personas y lo que podemos hacer en nuestra vida cotidiana. Por otro lado, está lo que ha declarado el escritor de origen libanés YUVAL HARARI, sobre la RESPONSABILIDAD DE LOS GOBIERNOS ante la inminente permanencia del coronavirus: el virus es global, por lo tanto, se debe pensar en un MUNDO SIN FRONTERAS, no solo para enfrentar al COVID sino para lo que, el autor llama,“red de seguridad económica mundial”.

“En bicla” es un servicio cooperativo de reparto. FOTO: Blanca Gutiérrez / DESDEABAJO.MX

En una entrevista con el diario español El País, el escritor de “Sapiens” delineó lo que, para él, debería ser el PLAN DE ACCIÓN COMÚN de las naciones en esta emergencia:

“Uno, COMPARTIR INFORMACIÓN FIABLE: los países que están pasando por la epidemia deberían enseñar a los que todavía no la están atravesando. Dos, coordinar la PRODUCCIÓN MUNDIAL Y LA DISTRIBUCIÓN EQUITATIVA de equipo médico esencial, como material de protección y máquinas respiratorias. Tres, los países menos afectados DEBERÍAN ENVIAR MÉDICOS, ENFERMERAS Y EXPERTOS a los países más afectados, tanto para ayudarles como para adquirir experiencia. Cuatro, crear una red de seguridad económica mundial para SALVAR A PAÍSES Y SECTORES MÁS AFECTADOS. Cinco, formular un acuerdo mundial sobre la PRESELECCIÓN DE VIAJEROS, que permita que un pequeño número de personas esenciales sigan cruzando las fronteras”.

Estas son buenas ideas, más parece que “no hay un adulto en la sala”, dijo Harari, lo cual concuerda con lo denunciado por el intelectual sirio-francés THIERRY MEYSSÁN: “las respuestas de los gobiernos al Covid-19 han sido políticas, y NO DE NATURALEZA MÉDICA”.

Todo esto, más lo que escribió el mexicano Manuel Fuentes, me hacen pensar en que los Gobiernos nos han hablado de una “nueva normalidad” pero, en esencia, LAS COSAS SEGUIRÁN IGUAL. O sea que, mientras las personas nos ocupamos de bañarnos en gel antibacterial y variamos nuestros hábitos de consumo, seguiremos siendo la carne de cañón del capital. Y lo que vemos en el ajedrez geopolítico es que las naciones tienden a cerrarse más y han ocupado la pandemia para expulsar migrantes y DESMOVILIZAR LA PROTESTA que venía en ascenso en casi todo el globo.

Una nueva normalidad sería un mundo sin explotadores ni explotados

Hasta el momento, ¿qué Estado de los llamados democráticos ha hablado de GARANTIZAR EL ACCESO A SALUD PÚBLICA gratuita y de calidad, a partir de lo sufrido en esta emergencia? Los hospitales privados cobran fortunas por las pruebas de COVID y los laboratorios están una guerra de patentes por una eventual vacuna, si es que la encuentran. ¿Renunciarán a sus ganancias en pos de la civilización? No lo creo. Veamos a ESTADOS UNIDOS, donde este coronavirus ha desgarrado aún más la diferencia de clases entre ricos y pobres, entre blancos y el resto de afros, latinos y otros inmigrantes. Como en ese país, así ocurrirá en la mayoría de los países dominados por el capitalismo, DONDE LOS QUE MÁS MUEREN SON LOS QUE MENOS TIENEN.

Creo que quedo un poco deprimido al final de este texto. Parece que el mundo se ha vuelto un tanto más insoportable de vivir. Al menos antes nos quedaba el placer de escaparnos hacia donde hubiera un mejor atardecer. Ahora nos tienen encerrados, creyendo que la nueva normalidad es descargar una aplicación de reparto a domicilio, estudiar o trabajar desde casa…

¿Sabes qué sería una VERDADERA NUEVA NORMALIDAD? Un mundo sin explotados ni explotadores. Llámame un soñador pero no soy el único, dijo el primer beatle. De modo que, mientras pueda, seguiré comprándole a la del mercado de mi barrio y no por medio de Uber Eats. Me pondré gel para cuidarte en la calle y me aferraré a escribir en tanto el oficio me permita vivir.

¿Todo por unos pinches patos?


“Los empresarios no estamos defendiendo uno u otro proyecto, estamos defendiendo un modelo de nación”, dijo el presidente del Consejo Coordinador Empresarial varios minutos después de que López Obrador lo hiciera con relación a los resultados de la consulta que da por rechazada la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco. “Estamos defendiendo un modelo de nación”, dijo y repito tal declaración porque ese es precisamente el fondo el asunto cuando hablamos de la #ConsultaNAIM: el modelo de negocio de los hombres de corbata, dista mucho de lo que votamos este fin de semana.

Yo voté temprano, con algo de frío y con cierta incertidumbre sobre los resultados ¿De qué servirá todo esto? No tenía garantías y, sin embargo, marqué por la opción de Santa Lucía, gustoso, no porque tenga mis dólares invertidos en ello, sino porque por primera vez una administración me consulta sobre un proyecto que impactará mi forma de vida. Antes que eso fueron los muertos y las violaciones de Atenco del año 2006, la manera en cómo el Gobierno preguntaba a la gente: ¿estás de acuerdo con que nos valga madre lo que opines sobre el nuevo aeropuerto? Tome su toletazo.

Personalmente creo que no necesitamos aeropuerto, como no necesitamos más automóviles (escribí hace una semanas sobre eso en mi blog)  pero la consulta fue valiosa para mí por el simple hecho de serlo. A votar fui con mi sobrino y el impacto cultural es enorme porque a este imberbe de 16 años se le demostró que en México la democracia directa es posible, y no estamos condenados a pagar continuamente con sangre las imposiciones de una plutocracia, tal cual él ha aprendido en sus clases de historia que así ha sido en este país a lo largo de 500 años.

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El voto del presidente electo López Obrador en la Consulta NAIM.

Y otra cosa: Ahora resulta que a los “grandes mercados” les preocupan los 45 mil empleos que se perderían con la cancelación de Texcoco. Pero algo no me cuadra. Tengo varios amigos por la zona, y esos amigos tienen familiares trabajando como peones en las obras del hoy fallido nuevo aeropuerto. A algunos les pagan seis mil pesos al mes pero con recibos de honorarios, lo que significa que le dan a Hacienda casi el 40 por ciento de su salario en impuestos, más lo que le toca al contador, lo cual apenas les da para comer y para pasajes. Además, no hay contratos. Otro además: les hacen pagar un seguro de vida que ni siquiera es IMSS, según me cuentan. Pero no todo es así, mi amigo Rubén realmente se ve afectado por el desistimiento de la construcción. “¿Todo por unos pinches patos?”, refunfuñó al tiempo que entendía que deberá trasladar su carro de tacos de canasta a otro lado ¡¿Cuantos más, Obrador?!

Está bien que no se haga Texcoco. A mi me registraron ahí y de mi infancia texcocana lo único que recuerdo es mucho cemento y olor a caca. En las monografías se decía que ahí había un lago, pero de agua sólo recuerdo las lluvias ácidas que alentaban el paso de los guajoloteros. Pero eso no lo ve un magnate que reparte su tiempo entre Nueva York, España e Interlomas. Su modelo de país no es modelo sino una fórmula bursátil. Nuestro modelo, el del México real, es de la supervivencia; el de aprovechar cada mecanismo existente para participar en cada consulta sobre asuntos públicos, por una sencilla razón: Nosotros y los patos aquí vivimos.

Los humanos desechables


Una columna original para el diario La Opinión

Los migrantes somos el desecho del capitalismo. Migramos porque en nuestro territorio no existen condiciones necesarias para vivir dignamente y preferimos arriesgar la vida con tal de ganarla un poco.. ¿Qué tuvo qué pasar para llegar a este nivel de necesidad?

El trabajo ya no dio lo suficiente para vivir y nos empobrecimos al grado de la hambruna. Esto no siempre fue así. Antes, nuestras familias pudieron subsistir. La tierra daba lo suficiente, la fábrica otorgaba los derechos necesarios. Pero un día todo acabó. La entrada de las políticas capitalistas luego de la segunda guerra mundial favorecieron a las grandes empresas, pauperizando gradualmente el modo de vida de la clase trabajadora.

Migrantes hondureños se arrojan al río Suchiate que separa a México con Guatemala con el propósito de pasar al lado mexicano. FOTO: REUTERS
Todo se reduce a lo que separa los regulares de los psicópatas: la moral. La voracidad, el ímpetu de ganancia sin límites, es lo que ha propiciado la concentración de la riqueza en unas cuentas manos. Es mentira que detrás de cada millonario se halle una historia de esfuerzo y sacrificio; en realidad, son pocos, realmente muy pocos quienes crearon su fortuna así. En la gran mayoría de los casos, el dinero surge gracias a la sobreexplotación de las y los trabajadores. Son estos quienes producen la riqueza de la cual gozan sólo algunos, considerados ricos.

Los trabajadores, al carecer de oportunidades de progreso (como de las que carece un naranjo plantado en el desierto), rentan lo único que tienen: su fuerza de trabajo. La rentan a quienes sí tienen esas oportunidades, tales, que son dueños de los medios con los cuales se produce todo lo que necesita el ser humano moderno para sobrevivir: energía, infraestructura, alimentos, acueductos y hasta la provisión de salud y educación. A cambio de su trabajo, el rico le da al trabajador una parte de la riqueza que produce, una mínima parte. Por ejemplo, un análisis de la UNAM reveló que un obrero promedio genera el valor de un día de trabajo en sólo nueve minutos. ¿Donde queda la riqueza que genera en las siete horas con 41 minutos restantes? Por supuesto, se las queda el rico. Es así como logra obtener su riqueza, sobre-explotando.

Esta lógica fue ganando cada vez más poder al punto que supeditó al Estado a su servicio. Incluso, millonarios como Donald Trump de hecho se hicieron gobernantes políticos. Entonces arrasaron con todo y mataron a la gallina de los huevos de oro. A la clase trabajadora la hicieron desecho y esta ¿que haría entonces? Por supuesto, migrar para no morir de inanición. Y como era de esperarse, los que antes nos explotaron, ahora levantan muros y mandan a la policía para no dejarnos salir de nuestro confinamiento. Alberto Buitre Domingo 21 Oct-001

Pornocracia


Las veo al pasar, casi todos los días cuando salgo de la universidad, a las afueras de un motel al que a leguas se le notan las cucarachas que le anidan. ¿De dónde vienen? ¿Quién las llevó ahí?

Quizá ni son de aquí. Quizá fueron sacadas a la fuerza de algún lugar, secuestradas mientras hacían un mandado. Y ahora están a las puertas de un sucio motel, cobrando cien pesos a los pusilánimes que necesitan pagar para tener sexo. Pero alguien más se lleva la ganancia.

Otros cobran también por hacerse los tontos, a bordo de patrullas o despachando en los ministerios, sin cortar el hilo que las tiene esclavizadas porque les deja dinero. “Pero ¿qué tal si les gusta?”, me dijo un alumno un día. Recolecté algo de paciencia y le respondí:

–¿A ti te gusta el sexo?

–Sí.

–¿Y por eso estarías dispuesto a hacerlo cuando no tienes ganas, con personas que no quieres y por órdenes de alguien más, sabiendo que si te niegas te arriesgas a que te maten?

–No, pus’ no–, dijo él.

Eso es explotación sexual. Lo que lo vuelve más lacerante es que cuatro de cada diez víctimas, son niñas.

Otros datos: México es el primer lugar mundial de abuso sexual infantil, según la ONU. En este país hay, cuando menos, 70 mil niñas que están esclavizadas por redes de tráfico sexual, según la organización Unidos contra la Trata. La esclavitud sexual va desde obligarlas a ser violadas por otros (la mal llamada prostitución), la pornografía y su venta a otros países. Además, están las víctimas que son traídas a México, principalmente, de Centroamerica y representan el 15 por ciento de las víctimas.

Ahora mismo en Baja California están explotándose a mujeres haitianas. Llegaron a Tijuana pidiendo asilo humanitario en Estados Unidos, pero se los negaron. No hablan español, no tienen papeles, ni comida. El Comité Ciudadano en Defensa de Naturalizados y Afromexicanos ha pedido ayuda del gobierno de México, sin obtener respuesta. Denuncia que ya son varias mujeres las que se encuentran en bares: “Ellas no llegaron solas a esos lugares, y las autoridades deben investigar quién las llevó”, dijo Wilner Metelus, presidente de la organización.

¿Quién hará algo por esto? Coaliciones internacionales denuncian que el turismo sexual está aumentando en México. Todos los años en el mundo son esclavizadas de dos a cuatro millones de personas. Más del 80 por ciento son mujeres. La mitad, niñas. No es casual que las víctimas estén y provengan de países hartos de corrupción. México, EEUU, Filipinas, Centroamérica ¿Qué tienen en común? El modelo. Ahí el dinero vale más que la vida. Quien paga más es quien manda. Una pornocracia.

¿Aún tenemos patria?


Schopenhauer estimó que la existencia humana está destinada al pesimismo en tanto que no somos capaces de percibir la esencia de las cosas, donde reside la belleza. Por eso, naufragamos en vida y damos tumbos en las paredes de la violencia, la corrupción y la enfermedad.

Si este filósofo alemán hubiese vivido en México comprobaría que su argumento no sólo tiene un efecto personal, sino que bien aplica a la sociedad. Si como individuos no tenemos remedio, como colectivo somos el acumulado de fracasos humanos. La rueda de la historia, en nuestro caso, parece girar en sentido contrario.

De tal manera, el gobierno es producto de lo que en sociedad hemos construido. Hemos permitido el ascenso al poder de un grupúsculo de ejemplos nítidos de nuestra derrota cultural. Es nuestro espejo vuelto puntas afiladas que nos acribillan cada vez, y sólo nos depara la destrucción.

¿Es posible ser optimista, a pesar de esto? Confieso que mi primera respuesta es No. Aunque quizá sean los recientes casos de espionaje de Estado; la imparable violencia; el dramático aumento de la pobreza; que dos tercios de la riqueza nacional está en poder del 10% de la población; o fue eso que vimos el domingo pasado en Tabasco, donde la gente saqueó un camión de mariscos que se volteó en la carretera, robó la llanta de refacción y se robó el dinero del conductor, sin importar que éste yaciera muerto justo al lado de donde se cometía tal acto grotesco de rapiña.

Pensándolo mejor, puede que sí tengamos esperanza si recuerdo que no se puede juzgar a un país de casi 130 millones de habitantes por lo que hicieron un grupo de ellos, o lo que hacen otros tantos de millones más, de manera similar, quebrantando cualquier código moral y de ética, como en una película de horror.

No es que “los buenos” seamos más. Eso no existe. Casi todos nos quebramos éticamente en algún momento, o corremos el riesgo de hacerlo. En cambio, hay otros que son todo un ejemplo de dignidad. El doctor Ernesto, por ejemplo. Salió de Oaxaca y se fue a los límites de Veracruz e Hidalgo porque “ahi todavía se puede hacer algo” por el país.

Por eso, en honor a quienes, pese a todo y contra todo, siguen dando la batalla por un México mejor, prefiero pensar que aún tenemos salvación. ¿Qué no dice el refrán que al mal tiempo, buena cara? De tal modo quiero decirles a todas esas personas que en este país aún están haciendo algo por mejorarlo: por favor, no se rindan. Los cínicos puede que ya no tengamos remedio; pese a eso, créanme, ustedes no dejen de intentarlo. Vuélvanos la cara y digannos lo que el prócer chileno Manuel Rodríguez pronunció: Aún tenemos patria, ciudadanos.