Pornocracia


Las veo al pasar, casi todos los días cuando salgo de la universidad, a las afueras de un motel al que a leguas se le notan las cucarachas que le anidan. ¿De dónde vienen? ¿Quién las llevó ahí?

Quizá ni son de aquí. Quizá fueron sacadas a la fuerza de algún lugar, secuestradas mientras hacían un mandado. Y ahora están a las puertas de un sucio motel, cobrando cien pesos a los pusilánimes que necesitan pagar para tener sexo. Pero alguien más se lleva la ganancia.

Otros cobran también por hacerse los tontos, a bordo de patrullas o despachando en los ministerios, sin cortar el hilo que las tiene esclavizadas porque les deja dinero. “Pero ¿qué tal si les gusta?”, me dijo un alumno un día. Recolecté algo de paciencia y le respondí:

–¿A ti te gusta el sexo?

–Sí.

–¿Y por eso estarías dispuesto a hacerlo cuando no tienes ganas, con personas que no quieres y por órdenes de alguien más, sabiendo que si te niegas te arriesgas a que te maten?

–No, pus’ no–, dijo él.

Eso es explotación sexual. Lo que lo vuelve más lacerante es que cuatro de cada diez víctimas, son niñas.

Otros datos: México es el primer lugar mundial de abuso sexual infantil, según la ONU. En este país hay, cuando menos, 70 mil niñas que están esclavizadas por redes de tráfico sexual, según la organización Unidos contra la Trata. La esclavitud sexual va desde obligarlas a ser violadas por otros (la mal llamada prostitución), la pornografía y su venta a otros países. Además, están las víctimas que son traídas a México, principalmente, de Centroamerica y representan el 15 por ciento de las víctimas.

Ahora mismo en Baja California están explotándose a mujeres haitianas. Llegaron a Tijuana pidiendo asilo humanitario en Estados Unidos, pero se los negaron. No hablan español, no tienen papeles, ni comida. El Comité Ciudadano en Defensa de Naturalizados y Afromexicanos ha pedido ayuda del gobierno de México, sin obtener respuesta. Denuncia que ya son varias mujeres las que se encuentran en bares: “Ellas no llegaron solas a esos lugares, y las autoridades deben investigar quién las llevó”, dijo Wilner Metelus, presidente de la organización.

¿Quién hará algo por esto? Coaliciones internacionales denuncian que el turismo sexual está aumentando en México. Todos los años en el mundo son esclavizadas de dos a cuatro millones de personas. Más del 80 por ciento son mujeres. La mitad, niñas. No es casual que las víctimas estén y provengan de países hartos de corrupción. México, EEUU, Filipinas, Centroamérica ¿Qué tienen en común? El modelo. Ahí el dinero vale más que la vida. Quien paga más es quien manda. Una pornocracia.

¿Aún tenemos patria?


Schopenhauer estimó que la existencia humana está destinada al pesimismo en tanto que no somos capaces de percibir la esencia de las cosas, donde reside la belleza. Por eso, naufragamos en vida y damos tumbos en las paredes de la violencia, la corrupción y la enfermedad.

Si este filósofo alemán hubiese vivido en México comprobaría que su argumento no sólo tiene un efecto personal, sino que bien aplica a la sociedad. Si como individuos no tenemos remedio, como colectivo somos el acumulado de fracasos humanos. La rueda de la historia, en nuestro caso, parece girar en sentido contrario.

De tal manera, el gobierno es producto de lo que en sociedad hemos construido. Hemos permitido el ascenso al poder de un grupúsculo de ejemplos nítidos de nuestra derrota cultural. Es nuestro espejo vuelto puntas afiladas que nos acribillan cada vez, y sólo nos depara la destrucción.

¿Es posible ser optimista, a pesar de esto? Confieso que mi primera respuesta es No. Aunque quizá sean los recientes casos de espionaje de Estado; la imparable violencia; el dramático aumento de la pobreza; que dos tercios de la riqueza nacional está en poder del 10% de la población; o fue eso que vimos el domingo pasado en Tabasco, donde la gente saqueó un camión de mariscos que se volteó en la carretera, robó la llanta de refacción y se robó el dinero del conductor, sin importar que éste yaciera muerto justo al lado de donde se cometía tal acto grotesco de rapiña.

Pensándolo mejor, puede que sí tengamos esperanza si recuerdo que no se puede juzgar a un país de casi 130 millones de habitantes por lo que hicieron un grupo de ellos, o lo que hacen otros tantos de millones más, de manera similar, quebrantando cualquier código moral y de ética, como en una película de horror.

No es que “los buenos” seamos más. Eso no existe. Casi todos nos quebramos éticamente en algún momento, o corremos el riesgo de hacerlo. En cambio, hay otros que son todo un ejemplo de dignidad. El doctor Ernesto, por ejemplo. Salió de Oaxaca y se fue a los límites de Veracruz e Hidalgo porque “ahi todavía se puede hacer algo” por el país.

Por eso, en honor a quienes, pese a todo y contra todo, siguen dando la batalla por un México mejor, prefiero pensar que aún tenemos salvación. ¿Qué no dice el refrán que al mal tiempo, buena cara? De tal modo quiero decirles a todas esas personas que en este país aún están haciendo algo por mejorarlo: por favor, no se rindan. Los cínicos puede que ya no tengamos remedio; pese a eso, créanme, ustedes no dejen de intentarlo. Vuélvanos la cara y digannos lo que el prócer chileno Manuel Rodríguez pronunció: Aún tenemos patria, ciudadanos.

Crónicas mexicanas: ¿Por qué están matando periodistas?


Con el homicidio del reportero Javiér Valdéz Cárdenas, ya van 124 periodistas asesinados desde el año 2000; 31, con Peña Nieto;  seis en lo que va del 2017. La violencia contra periodistas en México es esencialmente un problema económico. Mucho se habla de la impunidad y la corrupción, y es cierto; pero hasta este punto muy pocos en el gremio se han cuestionado de qué manera influye la contradicción entre el capital y el trabajo en la facilidad con que se amedrentan y matan a periodistas en este país.

Soy un convencido que el primer acto de violencia e impunidad contra el gremio se comete al interior de las redacciones. Tengo la certeza de que una amplia mayoría de periodistas en México no cuenta con contratos fijos, mucho menos con contratos colectivos. Una gran mayoría no tiene prestaciones laborales, no se les paga seguridad social, derecho a la vivienda, vacaciones, utilidades, pensiones y ni hablar de horas extras o cobertura por accidentes de trabajo. Muchos han sido arrojados sin garantías a la subcontratación.

En contraste, ¿cuánto ganan quienes ostentan la propiedad de las empresas mediáticas? ¿Cuánto dinero se arrogan por la firma de convenios de colaboración informativa con los gobiernos? Dinero a cambio de protección. Recuerdo que en mi tesis de grado realicé un análisis acerca de este fenómeno y los datos cualitativos arrojaron severas afectaciones para la libertad de prensa en México derivado de los pactos entre autoridades y empresarios.

Es claro que estos pactos de corrupción alientan la impunidad. Cuando atentan contra un reportero, ¿cómo exigirá cuentas un patrón al gobierno, si con éste tiene un convenio de complicidad?

Y algo más grave: Hemos contado historias como si fuésemos ajenos a la crisis. Pues bien, la realidad nos ha golpeado en la cara. ¿Qué diferencia hay entre un trabajador que produce en nueve minutos el valor total de su salario, y nosotros periodistas? Ninguna. Nosotros nos llevamos el nombre, pero ellos las ganancias. La muerte nos lleva a nosotros. Ellos nos sustituyen con alguien más en la línea de producción.

El asesinato de periodistas es un problema económico porque es un problema de explotación. Cada periodista asesinado no es un caso aislado, sino que está anclado al modelo financiero y político que ha puesto al dinero por encima de la vida de periodistas, estudiantes, activistas o trabajadores por igual. Radicalmente (que por definición es ir a la raíz), si queremos acabar con esta violencia, habrá de liquidar este sistema, comenzando por dejar de ser su cómplice. Pasa que aún no hemos visto de lo que somos capaces ¿Qué pasaría si en México las y los periodistas paráramos las redacciones, hasta obtener condiciones justas de trabajo? El miedo deviene de la cultura, pensaba Freud; es decir, de lo que humanamente se hace o se deja de hacer.

La mexicanización de Chile


Tuve la oportunidad de estar en Santiago de Chile hace un par de años para dar unas conferencias sobre la situación política en México, a un mes de ocurrida la masacre contra estudiantes de Ayotzinapa. Entonces dije a quienes me escucharon amablemente que el sistema de libre mercado que este país sostiene desde la dictadura de Pinochet, el cual ha sido reforzado por los gobiernos de la Alianza, la Concertación y la Nueva Mayoría, le abriría las puertas al narcotráfico.

He vuelto a pensar en esos días al leer acerca de la seguidilla de balaceras que están ocurriendo en la región de Valparaíso, Chile, que han dejado al momento tres muertos y 61 detenidos. El magazine digital El Ciudadano recoge las versiones que aseguran se trata de una guerra entre narcos locales. No ha faltado la opinión de quien traduce que, debido a esto, el país sudamericano se está ‘mexicanizando’, asumiendo que esto es un fenómeno propio de México donde se registran más de 23 mil muertes por la violencia del narco.

Por supuesto la referencia es exagerada. No se comparan ambos casos en tanto que México es el segundo país más violento del mundo, apenas debajo de Siria, según el informe 2017 del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres.

En México, la conjugación de un narco-estado es producto de una estructura que fue cediendo a lo largo de treinta años a los beneficios económicos y políticos que le otorgó el crimen organizado. En pos de mantener la llamada paz social, se toleró el trasiego de droga cuando las bandas de traficantes eran pequeñas comparadas con el poder del Estado. Sin embargo, el negocio creció al grado de los 450 millones de dólares de ganancia tan solo en la frontera con Estados Unidos, y esas pequeñas agrupaciones delincuenciales se convirtieron en los carteles inmensos que son ahora, operados con mega-estructuras administrativas al par de los mejores corporativos capitalistas del mundo, reconocidos hasta por la revista Forbes.

El poder económico del narco creció tanto que rápidamente fue cooptando al sistema político. Hoy en día, hay lugares de norte y sur de México donde no puede hacerse política sin el aval del jefe de plaza. Incluso la Iglesia recibe sus narco-limosnas y los capos levantan templos a manera de donativo.

La influencia de los carteles en el sistema político mexicano es irrefutable. Y así como la producción y distribución de drogas, la trata de personas, el secuestro, la piratería o la extorsión, ahora las elecciones y la administración pública se han convertido en parte de la diversificación financiera de los carteles.

Para ejemplificar esto he de decir que, en este preciso momento, once ex gobernadores mexicanos están siendo judicializados por delitos como asociación delictuosa, enriquecimiento ilícito, lavado de dinero o fraude. Y en los siguientes meses, seguramente aparecerán más.

Lo que hizo posible esto fue la corrupción. En esto no sólo hay implicaciones éticas, sino prácticas. Me explico:

Cuando hablamos de corrupción hablamos de un modelo de ganancia generada a costa de la explotación de otro. Al narco, la burguesía mexicana le otorgó la llave de la administración pública porque los carteles otorgan réditos económicos y políticos. El dinero producido por el crimen organizado es tanto que se encuentra entre las tres principales fuentes de ingreso en un país de 120 millones de habitantes. Al mismo tiempo, la violencia desatada por éste, somete la voluntad de las personas a la estrategia punitiva del Estado burgués, que a cambio de la obediencia ofrece seguridad. Así, con dinero fluctuante y una sociedad maniatada, el negocio está seguro ¿A qué político o empresario no le gusta esta combinación?

Cuando veo lo que ocurre en Valparaíso, reitero lo que dije en aquellos días en Santiago: el sistema político y económico en Chile es terreno fértil para que se reproduzca lo que en México hemos enfrentado por más de tres décadas.

Amen que no es casualidad que se suelten tales noticias alarmistas a meses de las elecciones presidenciales, que ocurrirán en el próximo noviembre. Los grandes capitales han lanzado de nuevo al ex presidente derechista Sebastián Piñera para un segundo mandato en el palacio de La Moneda. Por supuesto que la difusión de la violencia le beneficia, en tanto que el Estado puede ajustar las tuercas del control social. Esto me recuerda cuando en el 2012, los noticiarios mexicanos estaban copados de información sobre ejecuciones del narco y, al cabo de unos meses, Enrique Peña Nieto fue elegido presidente con el pretexto de que el PRI pacificaría al país. El resultado ha sido totalmente lo contrario.

Chile corre el riesgo de mexicanizarse, además, porque su sistema político ya le abrió las puertas a la corrupción.

En el país se ha ventilado que varios políticos han aceptado financiamiento de empresas, lo cual está prohibido por su legislación. Esto ya arroja un índice de descomposición. Pero quizá lo más grave ocupa al mismísimo Sebastián Piñera, candidato de los monopolios, quien se encuentra judicializado por hacer negocios privados aprovechando información privilegiada de su cargo como mandatario, según documentó el diario digital El Mostrador.

A través de su offshore Bancard, el líder del partido Renovación Nacional y dueño de las aerolíneas LAN invirtió en la empresa pesquera de origen peruano Exalmar, justo en el momento en el que Chile y Perú peleaban por límites marítimos en la Corte de La Haya en el año 2014. Conociendo lo que ocurriría, Piñera compró 9.10 por ciento de acciones de esa empresa peruana, que entonces tenía en su directorio a Pedro Pablo Kuzcynski, hoy presidente inca. ¿Y qué ocurrió? Perú ganó la demanda y Chile perdió 22 mil kilómetros de mar patrimonial, con lo que Piñera se hizo casi diez por ciento más rico.

Esa lógica es la que convirtió al mexicano en un Estado sometido al narco. Porque el dinero que proviene de este es insuperable y es fácil corromperse. Según la experiencia mexicana, la distancia es corta entre recibir dinero de una empresa y recibirlo de un cartel. Y es que de políticos como Piñera está lleno México, lo cual pone a Chile en riesgo de mexicanizarse si este accede de nuevo a la presidencia, como es su intención. Por tanto, deben saber mis queridos amigos chilenos y chilenas, que aquí enfrentamos una locura sin retorno que no debe repetirse en otro lugar. No permitan que los monopolios terminen por apoderarse del país. La dictadura con la que tendrían que lidiar será peor que Pinochet.

Crónicas mexicanas: El chile de Peña Nieto (La Opinión)


“No hay chile que les embone”, dijo el presidente mexicano Enrique Peña Nieto el lunes 17 de abril a un grupo de periodistas al referirse a la detención del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, acusado de asociación criminal y desfalco. “Si no los agarramos, porque no los agarramos; si los agarramos, porque los agarramos”, añadió con senda elegancia el administrador de Los Pinos, según informó el columnista Francisco Garfias. Seguir leyendo “Crónicas mexicanas: El chile de Peña Nieto (La Opinión)”