Cacería de médicos cubanos


El golpe de Estado en Bolivia le sirvió a Estados Unidos para intensificar su estrategia política en la región. Este asalto militar derribó a un gobierno incómodo a Washington y, de paso, avanzó en la destrucción de las colaboraciones la administración de Evo Morales con otros gobiernos progresistas de América Latina, siendo esto también, una agresión sobre esas naciones. Sin duda la más afectada de estas es Cuba.

Para nadie es un secreto que uno de los más cercanos aliados de Evo Morales fue la República cubana. Desde que el indígena Aymara ascendió al poder, convenió con el gobierno de la isla una amplia agenda de colaboración médica. De tal modo, los famosos médicos cubanos arribaron al país sudamericano para brindar atención a poblaciones apartadas, ahí donde la infraestructura boliviana no podía llegar.

Desde el 2008 la embajada de EE.UU. en Bolivia ha utilizado a ciudadanos estadounidenses para espíar las colaboraciones médicas cubanas.

Tras el Golpe, el gobierno de facto colocó una diana sobre estas brigadas y disparó una violenta campaña en su contra. Esta ha incluido propaganda sucia en medios de comunicación, hostigamiento y allanamiento ilegal de las viviendas donde han residido los especialistas cubanos.

¿Dónde entra Estados Unidos en todo esto?

Al revisar un reporte del diario digital estadounidense The Real News.com podemos encontrar que desde el año 2008 la embajada de Estados Unidos en Bolivia ha utilizado a ciudadanos estadounidenses para recopilar información sobre las colaboraciones médicas cubanas en ese país.

Según los testimonios, la maniobra fue dirigida por el asesor en seguridad de la sede de Washington en La Paz, Vincent Cooper, quien reclutaba a estadounidenses en el país andino para tareas de espionaje sobre cualquier persona de origen cubano o venezolano en Bolivia.

De tal modo, El Golpe de noviembre de 2019 desató el antiguo deseo estadounidense de ahorcar la presencia cubana en Bolivia.

El bombero Freddy Medinacelli

Para esto, Washington se ha valido de un coronel del Ejército boliviano de nombre Freddy Medinacelli quien, hasta el año 2018, era subdirector de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen de la policía boliviana, la misma que inició el Golpe contra Evo Morales.

Medinacelli ya no tiene cargo en la policía, pero, de algún modo, se convirtió en subdirector de la Unidad de Bomberos en La Paz (o al menos así es presentado por la prensa local).

Todo el mundo sabe a qué se dedica un bombero, ¿cierto? y que su labor es voluntaria. Pero el bombero Medinacelli es un caso especial en el mundo, pues es el único en su oficio que goza de la protección de la policía y el régimen para dirigir cateos y allanamientos armados; en este caso, a los hospedajes de las brigadas médicas cubanas.

Así, a principios de noviembre de 2019, el bombero Medinacelli allanó una casa donde residía un grupo de médicos. Ni la policía, ni nadie metió las manos. Al parecer, bajo el nuevo régimen boliviano es normal que un bombero realice tareas judiciales.

«Tenemos que decir fuera cubanos, mueran cubanos»

Por supuesto, Medinacelli se dio el lujo de hacer declaraciones a la prensa, a la cual, por alguna razón, no le cayó extrañó que un bombero cateara la vivienda de unos extranjeros, pues no hicieron ninguna pregunta relacionada a esto. Ahí, esta especie de súper-bombero, calificó la residencia como un “búnker de cemento” donde había “yacuzzis” y “documentos sospechosos” los cuales sustrajo y entregó a régimen golpista, según reportó el medio Página 7.

¿Cómo se llega a ser un súper-bombero como Medinacelli?

Si revisamos los antecedentes, encontraremos que las acciones de Medinacelli son un eco de lo dicho por el ex coronel boliviano Julio César Maldonado Leoni, presidente del golpista Comité Militar Nacional, quien propuso acciones contra la Embajada de Cuba y sus funcionarios, e instruyó “infundir miedo y odio hacia los cubanos para que abandonen el país”, según audios revelados por varios medios de prensa como Telesur, en los cuales se exhiben los presuntos planes para el Golpe contra Evo Morales.

En esos audios también se escucha a los golpistas planear la difusión de una campaña xenofóbica contra Cuba: “Tenemos que decir fuera cubanos, mueran cubanos. (…) Quien gobierna el país son los cubanos”, dijo un militar no identificado.

El reconocido líder golpista, Luis Fernando Camacho, “recibe indicaciones” de Rolf A. Olson, jefe político de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia.

Pero, sin duda lo más interesante de estos audios es que en ellos se informa que el reconocido líder golpista, Luis Fernando Camacho, “recibe indicaciones” de Rolf A. Olson, jefe político de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia.

Y como en política nada es coincidencia –mucho menos en política exterior estadounidense–: Olson fue visto merodeando la casa de los médicos cubanos allanada por Medinacelli.

Así, con al menos la anuencia del gobierno de Estados Unidos, el régimen golpista puso fin a la colaboración de  17 mil 684 profesionales de la salud cubanos que han laborado en Bolivia, quienes realizaron más de 73 mil 330 consultas médicas y 1 millón 529 mil 301 intervenciones quirúrgicas.

¿Quién verá ahora por esas familias enfermas? Sin duda no será Rolf Olson, ni Medinacelli o la presidenta de facto, Jeanine Añez.

Cruzada anti-cubana

El asedio de Estados Unidos sobre las brigadas médicas cubanas en Bolivia es parte de una cacería global.

El imitador de Donald Trump en Brasil, Jair Bolsonaro, ya se había dado a la tarea de hostigar a más de ocho mil quinientos médicos cubanos, de los más de veinte mil que laboraban en el gigante sudamericano desde el 2013. Les acusó de guerrilleros y, para no echarlos, les prometió que podían quedarse en el país si renunciaban a su misión. Por supuesto, La Habana retiró a sus especialistas. Y más de 113 millones de pacientes –sobre todo indígenas del Amazonas–, se quedaron sin atención sanitaria.

¿Por qué Estados Unidos se interesa en asediar así a las misiones médicas que Cuba tiene por el mundo?

La USAID puso a Cuba en su “lista negra” de “traficantes de personas” y “trabajo forzoso”.

Porque estos convenios le representan a la isla ingresos económicos hasta por 6 mil millones de dólares, según datos oficiales de la isla. Los países pagan por la expertise cubana, cuyas misiones van a donde los médicos locales no quieren o no pueden ir.  Y a veces –sobre todo en países pobres de África y el Caribe–, suele La Habana no cobran ni un peso. Son más de 500 mil médicos repartidos en 67 países. Son más de 36 mil médicos formados por Cuba provenientes de 180 naciones, sobre todo, del tercer mundo.

El asedio de Estados Unidos contra las misiones médicas cubanas comenzó cuando a Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la USAID, dependiente del Departamento de Estado de EE.UU., puso a Cuba en su “lista negra” de “traficantes de personas” y “trabajo forzoso”. El régimen de Trumo cree que la labor de los médicos cubanos en el mundo es un delito, según reveló el periodista Tracey Easton para el portal Cuban Money Project.

[TE RECOMIENDO: VERDADES Y MENTIRAS DE LAS MISIONES MÉDICAS CUBANAS]

Además de Bolivia, se han hostigado a estas misiones en El Salvador, Ecuador, Brasil y Kenia. Al respecto, el presidente cubano, Miguel Díaz Canel, denunció a través de su cuenta de Twitter que Estados Unidos paga hasta tres millones de dólares para perseguir a los médicos de la isla.

«EEUU ofrece hasta tres millones de dólares para perseguir a Cuba por ayudar a salvar vidas en el mundo. Falacias, mentiras, villanía y prepotencia imperial que no entiende de humanos valores. Nuestras misiones médicas son Cuba», dijo.

No obstante, las brigadas médicas cubanas se han vuelto famosas por combatir el ébola en Africa, el cólera en Haití y la ceguera en Latinoamérica. La Brigada Médica “Henry Reeve” salvó a Ecuador del dengue y atendió a miles de personas en desastres naturales en Pakistán, México, Venezuela, Chile, Perú e Indonesia.

Pero Trump y sus seguidores no entienden de humanismo; lo único que saben es hacer la guerra, absurda y criminal.

Se derrumba el teatro de Marco Rubio


Dice el senador por la Florida y usurpador de la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica, Marco Rubio, que los supuestos ataques sónicos contra diplomáticos gringos en Cuba son un “hecho comprobado”. Sin embargo, la Oficina de Investigaciones Tecnológicas del FBI ha descartado tal cosa y “no ha encontrado evidencia alguna” de esto, reveló la agencia Associated Press.

Los informes del FBI no son improvisados. Los mundialmente afamados investigadores policiacos indagaron durante meses los hechos, viajaron cuatro veces a La Habana, y de lo asegurado por el presidente Donald Trump acerca de estos “ataques sónicos” no hay nada, ni rastro, ni siquiera una partícula de polvo que pudiera decir que el cuerpo diplomático de Estados Unidos en Cuba fue víctima de algún atentado con un arma auditiva.

Asi, el teatro de Marco Rubio se cayó. Sólo basta que se quite la máscara. Y la pantomima se vuelve más dramática ante las palabras expresadas por el embajador cubano en Estados Unidos, José Ramón Cabañas: “Si La Habana fuese un lugar realmente inseguro, no se habrían solicitado entre enero y octubre de 2017, 212 visas para familiares y amigos de los diplomáticos ni estos hubieran realizado más de 250 viajes de recreo fuera de la capital.”

 

Ups…

«El FBI probó la hipótesis de que ondas audibles, infrasónicas o ultrasónicas pudieran haber sido utilizadas clandestinamente para herir a estadounidenses en Cuba y no encontró evidencia alguna”, dijo Associated Press, la cual tuvo acceso a un informe interino de la División de Operaciones Tecnológicas del FBI, fechado el 4 de junio último, que todavía no se ha hecho público.

Las conclusiones del FBI coinciden con las del Comité de Expertos cubanos encargados por el gobierno de Cuba para indagar los hechos. No hay pruebas de los supuestos ataques sónicos. De hecho, el senador republicano –compañero de bancada de Marco Rubio—, Jeff Flake, aseguró que no existen motivos para dudar de la posición del Gobierno cubano y añadió que los informes a los que ha tenido acceso carecían de pruebas sobre el involucramiento de las autoridades de la Isla en tales falsos atentados.

Pero el montaje ha servido de pretexto a Donald Trump para boicotear los avances en la mejora de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos. De manera unilateral, Washington retiró a la mayor parte de sus diplomáticos de la Isla, ha reventado los proceso de visados en La Habana, y exigió la retirada de diecisiete diplomáticos cubanos de EE.UU.

Y detrás de todo ello está Marco Rubio; obcecado con golpear a Cuba, un país que no conoce ni entiende, pero que le sirve para cobrar réditos políticos entre la mafia anti-cubana de Miami. El senador cree que así avanzará en sus intenciones de ser nominado por el Partido Republicano a la presidencia de su país ¿Cuál es la lógica de esto? No la hay y no vale la pena buscarla.  Dinamitar las relaciones entre La Habana y Washington es una misión que este personaje compró de alguien más por propia ignorancia.

Ataques sónicos en Cuba: cuentos de ciencia ficción


En Estados Unidos es común escuchar “sólo hago mi trabajo”, como un justificante para cualquier cosa. “I just try to do my work”, dice el médico que no atiende al vagabundo o el restaurantero que paga a sus empleados por debajo del mínimo. Lavarse las manos es fácil porque, hey, sólo estoy cumpliendo órdenes.

¿Sólo están haciendo su trabajo los diplomáticos estadounidenses que dicen haber sufrido ataques sónicos en Cuba? ¿Sólo están cumpliendo órdenes al fingirse los afectados?

Sobre esto, las Embajadas de Estados Unidos en varios países de Latinoamérica y el Caribe, hey, también sólo están cumpliendo con su trabajo al ofrecer a funcionarios de las Cancillerías en esas naciones la versión de Washington sobre los supuestos “ataques sónicos” contra sus diplomáticos en Cuba. Acuerdan reuniones con representantes de las direcciones de América del Norte de los gobiernos donde tienen sede y una vez convenida la reunión, ofrecen un documento explicativo de su historia.

Dicen que su gobierno está muy preocupado por la salud de sus funcionarios en Cuba, violando los acuerdos entre La Habana y Washington de no difundir versiones parcializadas de lo ocurrido hasta que culminen las investigaciones, así como la Convención de Viena que regula las relaciones entre Estados.

Pero, vamos, they just wanna do their work…

Desde que en octubre Donald Trump acusara que algunos de sus diplomáticos en La Habana fueron víctimas de ataques sónicos, los gobiernos de Cuba, Canadá y Estados Unidos se pusieron a trabajar para investigar lo ocurrido. El saldo de investigaciones hasta el momento es: no hay nada.

Cuba destinó a dos mil expertos –entre ellos: criminólogos, audiólogos, médicos, técnicos y hasta matemáticos–, desde que en el mes de febrero se enteraron de los alegatos estadounidenses. No obstante, no se ha descubierto ni una sola evidencia que confirme la acusación.

Pero Trump –el mismo presidente que dijo que los mexicanos son violadores y narcotraficantes–, insiste que sí hubo ataques los cuales habrían provocado mareos, fatiga y problemas cognitivos en su personal diplomático. No hizo mención, quizá, a una dieta alta en grasa de McDonalds.

Pero, confiado en su guion, el presidente de Estados Unidos expulsó del país a diplomáticos cubanos. Por su parte, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo que las medidas eran injustificadas y acusó que Washington no está cooperando lo suficiente para esclarecer los hechos.

Los expertos cubanos analizaron catorce grabaciones suministradas por Estados Unidos como supuesta evidencia. Y sí, en efecto, se escuchan ruidos en ellas. Por ejemplo, del tráfico vehicular, pasos, voces y algunos insectos comunes en La Habana. Nada más.

“Hemos entrevistado más de 300 personas, incluso se ha evaluado a más de 30 medicamente, y no han sentido ninguna de estas cosas (ataques sónicos)”, dijo el teniente coronel José Alazo, experto de la Unidad de Investigaciones Criminales del Ministerio del Interior de Cuba.

Sin contar el reguetón, ¿tiene Cuba armas sónicas como para lesionar a diplomáticos extranjeros?

“Es algo imposible –enfatizó Alazo–. Estamos hablando de ciencia ficción. Se hace insostenible el argumento, desde el punto de vista técnico”, dijo.

Cuba no sólo no posee tal tipo de armamento, sino que, aunque lo tuviera, este no podría ser utilizado sin llamar la atención, ni afectar la salud de terceros. Pero qué casualidad que sólo las supuestas víctimas escucharon un supuesto ataque, ni sus familias ni sus vecinos, como sólo Trump y algunos medios de prensa que le creen, ven “ataques sónicos”. Y si mienten dirán que, bueno, sólo intentan hacer su trabajo.

Incluso si el reporte de los diplomáticos estadounidenses sobre sonidos fuertes es engañoso y el origen de los ataques es infra o ultrasónico –por lo tanto, inaudible para los oídos humanos–, sería difícil de explicar cómo pudo pasar desapercibido, me comentan expertos como el doctor Manuel Villar, otorrinolaringólogo, quien afirma: “usted tendría que tener una fuente que se vería desde un satélite. Sería enorme”, dijo.

Y agrega: “Sólo dos o tres de las supuestas víctimas tenían problemas de audición, según la información proporcionada por Washington, mientras que cualquier tipo de ataque sónico habría causado daños a todos los afectados”.

Así que mientras diplomáticos de Estados Unidos difunden historias de ciencia ficción entre los gobiernos de América y el Caribe, lo que tenemos sobre los supuestos ataques sónicos es que, algún día, un sucesor de Aldous Huxley retomará la historia para un buen libro de cuentos.

 

 

“Marco Rubio traiciona a su propia gente”


Viajando en espiral, aterriza y da uno, dos, tres rebotes en la orilla y la lata de Mr. Pepper finalmente cae fuera del basurero. Angélica aprieta los puños, se queja en un grito y patea el bote que, de un punterazo, se despide llorando hacia el centro de la avenida Cleveland para ser aplastada por los autos. I’m done with this shit, dice y resopla, dejando caer su currículum que detalla tres años de experiencia como gerente de turno en un Popeye’s, los cuales no le sirven para encontrar trabajo ahora. El fin del programa de acción diferida para los llegados en la infancia, DACA, excusa a los pequeños negocios de Clearwater, Florida. Nadie quiere darle trabajo a una dreamer, y si le dan, le pagan por debajo del salario mínimo, al fin que, you people, están por ser expulsados de Estados Unidos.

Angélica, salvadoreña, es una de los 4, 4 millones de latinos y latinas que viven en Florida y parte de los 2 millones de jóvenes en Estados Unidos que están a punto de ser expulsados del país, gracias al fin de DACA. Los que se quedan, unos 23 millones, ya no tendrán seguridad médica, lo que significa que, si se enferman, o se aguantan el sufrimiento hasta morir, o se endeudan hasta que la miseria los mate. Porta una camiseta hilarante “Don’t COVFEFE mi DACA”, en alusión a ese tweet que Donald Trump tuiteó bajo quién sabe qué efectos. Pero el humor va cediendo terreno.

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Junto con varios de sus amigos, dreamers y residentes, ha participado en algunas de las protestas que se han llevado al cabo en Miami, afuera de las oficinas de Mario Díaz Balart y Marco Rubio, representantes por la Florida, y promotores del fin de DACA y de otras medidas como el estatus de protección temporal, TPS, y el quiebre del OBAMACARE que les dotaba de salud pública. “¡DACA y TPS, sí! ¡Deportación no!”, consigna, como parte de la campaña Organization United We Dream y Florida Inmigrant Coalition. Pero los republicanos hacen oídos sordos.

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I’m done with this shit, reclama y añade:

—Díaz-Balart ha llevado las cosas demasiado lejos. Él no está con los jóvenes de la Florida, ni en Miami ni en Clearwater, ni en Tampa. Pregúntale al que quieras. Él desvió más de 1.2 billones de dólares del Obamacare ¿Sabes para qué? Para el fucking muro. Y aquí en la Florida, no tenemos educación, no tenemos salud, no tenemos trabajo. Ni los cubanos, porque dice que él es de padres cubanos, tienen salud y trabajo aquí. Eso hizo Díaz Balart. Traicionó hasta su propia gente. Él y Marco Rubio… My god, it’s full of fucking bullshit, man–, resopla de nuevo y se golpea la frente.

Se entiende el entredicho de Angélica. Es Mario Díaz-Balart  diputado por el distrito 25 de Miami por el partido Republicano. Sus amigos son el líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan y el vicepresidente Mike Pence, ambos impulsores del fin de DACA. Se adhiere al grupo de legisladores cubano-americanos entre los que se encuentran Ileana Ros-Lethinen y Bob Menéndez, del partido Demócrata y los republicanos Carlos Curbelo y, por supuesto, el senador Marco Rubio, viejos propagandistas anti-Cuba, anti-Venezuela, anti-Bolivia y lo que se acumule en el caldo del imperialismo estadounidense.

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Angelica levanta su currículum. Ya pue’, I need this shit, dice y repite shit, shit, shit por donde quiera. Entra a probar suerte a un restaurante de comida mexicana que, para los amantes de los destinos poéticos, es propiedad de un güero conocido entre trabajadores de Clearwater como Mr. Be Good. Sale en media hora. Dibuja entre dos labios tristes una extraña parábola que no alcanza a ser una sonrisa.

—Comienzo esta noche a las once. Necesitan una hostess de aspecto mexicano. El puesto es mío.

—Pero tú eres salvadoreña.

—Si tienes la piel marrón, no hay diferencia.  Y tampoco me importa. ¿Sabes por qué le dicen Be Good? Su negocio funciona con puros ilegales.

—Y no los deporta…

—¿Para qué? Les paga la mitad de un salario mínimo. Si quitan el DACA, aquí me puedo quedar. Es amigo de los republicanos. En las elecciones le ordenó a sus empleados repartir posters de Trump ¿Sabes a lo que me refiero? ¡Ilegales repartiendo propaganda de Trump!

El DACA y el TPS son los únicos programas que protegen a más de un millón de inmigrantes, tan sólo en Miami. Angélica podría ahora salvarse de una oleada masiva de deportaciones si sabe esconderse en la cocina del restaurante, cuando venga la policía o algún supremacista fanático de Donald Trump, o si Mario Díaz Balart y Marco Rubio pasan alguna vez por aquí.

Así planea Estados Unidos boicotear la Constituyente en Venezuela


El pasado 13 de julio tuvo lugar una reunión confidencial en la misión estadounidense de la Organización de Estados Americanos (OEA) con sede en Washington, organizada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos ¿El tema? Boicotear la Asamblea Constituyente a la que ha convocado el gobierno de Venezuela para el próximo día 30.

La reunión fue presidida por el subsecretario asistente de Estado para el hemisferio occidental y ex representante permanente de EEUU ante la OEA, Michael Fitzpatrick, y el director para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, Juan Cruz. Fueron invitados, bajo específica selección, diplomáticos de Latinoamérica, el Caribe, Europa y Asia.

Luego de repetir las consabidas opiniones injerencistas sobre Venezuela, Fitzpatrick y Cruz dieron instrucciones a sus invitados para iniciar una fuerte campaña mediática en contra de la Asamblea Constituyente con el pretexto de que tales comicios podrían generar más violencia en el país. Al mismo tiempo, anunciaron sanciones contra el país bolivariano y chantajearon a los representantes diplomáticos para que los gobiernos de sus países impusieran sanciones bilaterales, similares a las operadas por Estados Unidos.

El problema de la Casa Blanca es que la OEA y su titular, Luis Almagro, han fracasado como brazo ejecutor de sanciones contra la República Bolivariana de Venezuela. De tal manera, Estados Unidos se encuentra en proceso de consolidación de un “grupo de amigos” para facilitar sus planes sobre este país. Lo interesante del caso es que ya no le interesa si la Organización de Estados Americanos funciona o no; la misión va, con o sin ella.

Finalmente, Fitzpatrick y Cruz entregaron en la reunión copias de dos artículos que delinean la táctica político-ideológica de su lucha contra el gobierno bolivariano.

El primero de ellos se trata de un texto publicado el pasado 23 de junio en The Wall Street Journal, vocero de los altos capitales estadounidenses, titulado “La última batalla por la democracia en Venezuela”, en el cual se llama a evitar el triunfo de la Constituyente, toda vez que significa que los consejos comunales suplanten a los gobiernos tradicionales en las provincias y enterrar la posibilidad de una elección anticipada. El segundo artículo, un poco más clasificado, se llama “La bomba de hidrogeno de Maduro” publicado por “Caracas capital markets”, en la cual se afirma que el país transita hacia “el modelo político-militar cubano” y llama a evitar la “cubanización” de Venezuela. Ambos textos sostienen la visión del Departamento de Estado estadounidense sobre la situación en el país sudamericano.

El guion golpista empata con lo expresado en la Universidad Internacional de Florida el pasado 5 de julio por el diputado venezolano de oposición, Juan Requesens, en donde habla del plan para boicotear la Constituyente mediante paros escalonados hasta llegar a lo que han bautizado “la hora cero” en la cual pretender provocar la ingobernabilidad del país. Además, el político considera una intervención extranjera sobre Venezuela. El video de esto circula en You Tube:

Luego, pues, comenzaron los pronunciamientos siguiendo las instrucciones de la Casa Blanca.

El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, tuiteó el 16 de julio que “suspender la constituyente” (…) “es el único camino para lograr la paz en Venezuela”. Otro que no se ha escondido para seguir la esquela injerencista es el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien pidió por twitter el 17 de julio “desmontar la constituyente”. Ese mismo día, Donald Trump en su estilo particularmente barbárico dijo que, “si el régimen de Maduro impone su Asamblea Constituyente el 30 de julio, Estados Unidos tomará fuertes y rápidas medidas económicas”. Lo dicho por el empresario, devenido en presidente de EEUU, han sido secundadas por portavoces del Departamento de Estado Heather Nauert y Sean Spicer.

Por su parte, la alta representante de la Unión Europea para la política exterior, Federica Mogherini, instó a Nicolás Maduro a suspender la Constituyente y amenazó con que todas las opciones, incluidas las sanciones, “están sobre la mesa”. Llama la atención que en perfecta concordancia por lo instruido en la reunión liderada por Fitzpatrick y Cruz del 13 de julio, la diplomática italiana habló de la creación de “un grupo de amigos” conformada por países de la región para negociar una “solución” al conflicto en Venezuela.

¿Y qué entienden por “grupo de amigos”, quienes pretenden imponer un golpe contra el gobierno de Nicolás Maduro? Para empezar, a pesar de tratarse de una reunión en una sede de la OEA, fueron excluidos de la reunión del 13 de julio países como Bolivia, Dominica, San Vicente y otros países caribeños, con voz y voto dentro del organismo. Al tiempo, gobiernos de países como Brasil, Argentina, Costa Rica, Puerto Rico, Perú y México, se han sumado a la línea dictada por el Departamento de Estado en contra de Venezuela.

La reunión organizada por Fitzpatrick y Cruz revela el plan abiertamente injerencista de Estados Unidos sobre la nación venezolana. Un plan que recuerda a la Operación Cóndor estipulada por la Casa Blanca en coordinación con las dictaduras militares sudamericanas en la década de 1970 para perseguir, encarcelar, torturar y desaparecer o matar a revolucionarios de esos países ¿O a alguien a estas alturas le quedan dudas sobre los planes de Washington sobre Venezuela, a la sazón, dueña de la reserva petrolera certificada más grande del mundo, también de oro, y la cuarta más grande de gas?

En efecto, impedir la Asamblea Constituyente del 30 de julio es uno de sus últimos llamados de EEUU para apoderarse del país; empero, tienen en funciones a una oposición que, más allá de lo estridente, muy pocos resultados le ha otorgado, incluido su fracasado intento de plebiscito del 16 de julio. Por su parte, la Constituyente es la herramienta con la que cuenta el pueblo venezolano para evitar en lo político que Estados Unidos, ayudado por su “grupo de amigos”, repita en Venezuela lo que ya hizo en Libia, Irak y no logra concretar en Siria, como es su intención.

El mundo observa. ¿De qué se van a disfrazar los “amigos” de Estados Unidos, cuando Venezuela logre triunfar sobre el injerencismo y los intentos de golpe de Estado?

¿Qué busca Marco Rubio en Venezuela?


Con las relaciones entre Cuba y Estados Unidos estancadas gracias a la ignorante hostilidad de Donald Trump, las baterías de la contrarrevolución cubana se enfocan en Venezuela. El encargado: el senador republicano Marco Rubio.

La maniobra obedece a dos factores esenciales:

El primero de ellos es que Rubio considera, según sus declaraciones, que Cuba se sostiene por Venezuela por lo que, según yo, ha de pensar que golpeando a la nación bolivariana asesta un golpe también a la isla.

¿Esto es cierto?

No del todo. Primero, porque las relaciones internacionales de Cuba se extienden con más de cien países alrededor del mundo. Y segundo, porque lo que ocurra en Venezuela es cosa del pueblo venezolano. El cubano se ocupa de sus propios asuntos.

El segundo factor es que la mafia de Miami está ávida de algún triunfo; uno que con Cuba no ha obtenido en cincuenta y seis años. De tal modo, es más fácil golpear en estos momentos a Venezuela que a la mayor de las Antillas.

Además de todo esto, es preciso decir que Marco Rubio y sus aliados en Miami necesitan justificar ante el Departamento de Estado sus acciones con tal que no les cierren la llave de los presupuestos millonarios: más de un billón de dólares, para decirlo con precisión, que es la cantidad de billetes que el gobierno de Estados Unidos ha gastado en operaciones para desestabilizar a la Revolución Cubana, claro, sin resultados. Esto es dinero vía impuestos de la clase trabajadora estadounidense que se ha tirado a la basura.

De tal manera, Marco Rubio considera cambiar de giro y enfocarse en Venezuela, no porque tenga convicciones democráticas o su odio al chavismo sea tanto; sino porque desea quedarse con algunos de los dólares que la Casa Blanca dispone para derrocar a Nicolás Maduro.

Esto no es de sorprenderse. Como toda mafia, se hace lo necesario para obtener ganancias.

El problema es que Trump ha cortado el financiamiento a la subversión en Cuba y en Venezuela (y Ecuador) en su presupuesto de egresos para el año 2018: más de 700 millones de dólares que eran gerenciados a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que es la oficina encargada de dar dinero a las acciones subversivas de la contra-cubana. Pero ya no más.

¿Qué hará entonces Marco Rubio? Sólo él sabe. Por lo pronto, no para de arengar contra Venezuela. Quizá algún centavo podrá rascar para dárselos a sus huestes que, como todo grupo de mercenarios, no es capaz de mover un dedo si no es con dinero. Hay que mantener el negocio a flote, antes de que todo termine de irse a la quiebra.