Ataques sónicos en Cuba: cuentos de ciencia ficción


En Estados Unidos es común escuchar “sólo hago mi trabajo”, como un justificante para cualquier cosa. “I just try to do my work”, dice el médico que no atiende al vagabundo o el restaurantero que paga a sus empleados por debajo del mínimo. Lavarse las manos es fácil porque, hey, sólo estoy cumpliendo órdenes.

¿Sólo están haciendo su trabajo los diplomáticos estadounidenses que dicen haber sufrido ataques sónicos en Cuba? ¿Sólo están cumpliendo órdenes al fingirse los afectados?

Sobre esto, las Embajadas de Estados Unidos en varios países de Latinoamérica y el Caribe, hey, también sólo están cumpliendo con su trabajo al ofrecer a funcionarios de las Cancillerías en esas naciones la versión de Washington sobre los supuestos “ataques sónicos” contra sus diplomáticos en Cuba. Acuerdan reuniones con representantes de las direcciones de América del Norte de los gobiernos donde tienen sede y una vez convenida la reunión, ofrecen un documento explicativo de su historia.

Dicen que su gobierno está muy preocupado por la salud de sus funcionarios en Cuba, violando los acuerdos entre La Habana y Washington de no difundir versiones parcializadas de lo ocurrido hasta que culminen las investigaciones, así como la Convención de Viena que regula las relaciones entre Estados.

Pero, vamos, they just wanna do their work…

Desde que en octubre Donald Trump acusara que algunos de sus diplomáticos en La Habana fueron víctimas de ataques sónicos, los gobiernos de Cuba, Canadá y Estados Unidos se pusieron a trabajar para investigar lo ocurrido. El saldo de investigaciones hasta el momento es: no hay nada.

Cuba destinó a dos mil expertos –entre ellos: criminólogos, audiólogos, médicos, técnicos y hasta matemáticos–, desde que en el mes de febrero se enteraron de los alegatos estadounidenses. No obstante, no se ha descubierto ni una sola evidencia que confirme la acusación.

Pero Trump –el mismo presidente que dijo que los mexicanos son violadores y narcotraficantes–, insiste que sí hubo ataques los cuales habrían provocado mareos, fatiga y problemas cognitivos en su personal diplomático. No hizo mención, quizá, a una dieta alta en grasa de McDonalds.

Pero, confiado en su guion, el presidente de Estados Unidos expulsó del país a diplomáticos cubanos. Por su parte, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo que las medidas eran injustificadas y acusó que Washington no está cooperando lo suficiente para esclarecer los hechos.

Los expertos cubanos analizaron catorce grabaciones suministradas por Estados Unidos como supuesta evidencia. Y sí, en efecto, se escuchan ruidos en ellas. Por ejemplo, del tráfico vehicular, pasos, voces y algunos insectos comunes en La Habana. Nada más.

“Hemos entrevistado más de 300 personas, incluso se ha evaluado a más de 30 medicamente, y no han sentido ninguna de estas cosas (ataques sónicos)”, dijo el teniente coronel José Alazo, experto de la Unidad de Investigaciones Criminales del Ministerio del Interior de Cuba.

Sin contar el reguetón, ¿tiene Cuba armas sónicas como para lesionar a diplomáticos extranjeros?

“Es algo imposible –enfatizó Alazo–. Estamos hablando de ciencia ficción. Se hace insostenible el argumento, desde el punto de vista técnico”, dijo.

Cuba no sólo no posee tal tipo de armamento, sino que, aunque lo tuviera, este no podría ser utilizado sin llamar la atención, ni afectar la salud de terceros. Pero qué casualidad que sólo las supuestas víctimas escucharon un supuesto ataque, ni sus familias ni sus vecinos, como sólo Trump y algunos medios de prensa que le creen, ven “ataques sónicos”. Y si mienten dirán que, bueno, sólo intentan hacer su trabajo.

Incluso si el reporte de los diplomáticos estadounidenses sobre sonidos fuertes es engañoso y el origen de los ataques es infra o ultrasónico –por lo tanto, inaudible para los oídos humanos–, sería difícil de explicar cómo pudo pasar desapercibido, me comentan expertos como el doctor Manuel Villar, otorrinolaringólogo, quien afirma: “usted tendría que tener una fuente que se vería desde un satélite. Sería enorme”, dijo.

Y agrega: “Sólo dos o tres de las supuestas víctimas tenían problemas de audición, según la información proporcionada por Washington, mientras que cualquier tipo de ataque sónico habría causado daños a todos los afectados”.

Así que mientras diplomáticos de Estados Unidos difunden historias de ciencia ficción entre los gobiernos de América y el Caribe, lo que tenemos sobre los supuestos ataques sónicos es que, algún día, un sucesor de Aldous Huxley retomará la historia para un buen libro de cuentos.

 

 

Llevar capitalismo a Cuba: La triste historia de Hugo Cancio Morúa


Hablé con Hugo Cancio Morúa, no sé, cuestión de un minuto. Había seguido su revista On Cuba y lo contacté para enviarle mis artículos. Un tipo arisco, apresurado, de tono grave, tomó la llamada, pero no prestó atención. Me dio un correo electrónico y eso fue todo. Para un empresario que clama apertura en Cuba, resultó extraña su opacidad. No es que fuera importante.

Hasta que un día paseando por Miramar, en La Habana, como que no quiere la cosa, me enteré que Cancio se encontraba negociando con empresarios españoles radicados entre las calles 1ra y 28 de ese popular barrio capitalino. Los susodichos eran representantes de PALCO, una corporación dedicada a vender servicios “todo incluido” a diplomáticos, empresas, artistas o lo que sea, dentro de Cuba.

El chisme me hizo sentido: Cancio se dedica a promover conciertos de artistas cubanos (no precisamente los mejores) en Miami a través de su empresa “Fuego Entertainment Inc.”, y no es un secreto su propósito de hacer dinero con el talento hecho en Cuba. Comprar acciones de “PALCO” sería una buena fachada, toda vez que pretende insertar en la isla su revista “On Cuba”, en la cual publica artículos que buscan golpear al gobierno del país.

En mi paseíllo por Miramar, me enteré también que la edición de “On Cuba” viola el objeto social autorizado ante la Cámara de Comercio Cubana, básicamente, porque opera en la isla con personal contratado ilegalmente, y paga fuera de la ley a cubanos por artículos publicados. Su línea editorial promueve el golpeteo barato al Estado. Así, quien quiera cobrar unos pesos, tendrá que seguir la consigna. Esta es la manera más fácil de producir mercenarios. Lo que hacen y escriben, es por pura conveniencia, aunque no se lo crean ni ellos mismos. Además, ha publicado como suyas entrevistas de periodistas de la estación de televisión Canal Habana, claro, sin otorgarles el crédito. Otra estrategia de este empresario miamero es la de llevar cierto mercado de publicidad en la isla, para lo cual adquirió el portal de anuncios clasificados “porlalivre”, según se dio a conocer en julio de 2016 en el blog “Cartas desde Cuba”.

Pero, ¿y quién es Hugo Cancio Morúa?

El llamado “marielazo” de 1980 fue la movida del comandante Fidel Castro para mandar a Miami a todos aquellos que nada aportaban a la isla y ciertamente nada aportarían, incluidos presidiarios. Qué fama tendrían estos que el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, advirtió que estos serían “un peligro para la sociedad” estadounidense. Así, entre esos 2afamados emigrantes iba Hugo Cancio Morúa, llevado por su madre.

Ya como estadounidense, Cancio comenzó su pequeño negocio de introducir agrupaciones musicales cubanas en Miami, aprovechándose de la derogación en 1996 de la ordenanza del Condado en la cual se prohibía la presentación de artistas cubanos en esa ciudad.  Para esto se vinculó con ARTEX S.A., una exportadora de “productos y servicios de la cultura cubana”, con el objetivo de ganar más plata. No obstante, por su cuenta llevaba a estos artistas a shows poco distinguidos del canal 41 de Miami, cuyos valores de producción son un desafío al estómago. Uno de ellos, el del presentador Carlos Otero Becerra, autonombrado líder del inexistente “Movimiento Democracia”, propuesto para introducir en Cuba literatura golpista y enviar dinero a presos de la gusanería, también llamada contrarrevolución. Cuán malas serán las gestiones del director de On Cuba que en el año 2001 el músico Adalberto Álvarez Zayas volvió a la isla declarando que no quería más malos tratos con él.

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Hugo Cancio Morua. FOTO: On Cuba.

Hasta que un día se le vino la noche a Cancio. El entonces presidente George W. Bush endureció las restricciones migratorias a Estados Unidos y el cubano-estadounidense veía perder su negocio. Pero no hay límites en la imaginación de un capitalista. Por eso recurrió a la organización Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), autora de bombazos en hoteles de La Habana en 1997 y otras distinciones terroristas, para comprar la deserción de músicos cubanos, como única vía para presentarlos en Mami y sacarles unos dólares.

Así ocurrió con el cantante de carrera fugaz, Carlos Manuel Pruneda Macías, quién en el año 2003, tras presentarse en el balneario mexicano de Cancún, huyó con su familia hasta el puesto fronterizo de Brownsville, Texas, donde ya lo esperaba Hugo Cancio. Luego organizó una conferencia de prensa en el teatro “Jackie Gleason” de Miami donde se presentó como su representante. Todo esto reconocido en las páginas del diario el Nuevo Herald.

Fue en el año 2005 cuando Cancio funda la compañía “Fuego Entretainment Inc.” Su primer acto fue prestar un millón y medio de dólares a una artista alemana de nombre Nicole Durr para promover en Estados Unidos el espectáculo “Havana Night” cuyo elenco desertó masivamente. Enseguida, la FNCA operó para que el Departamento de Estado de EEUU les diera “asilo político”.  Así entonces el perfil de Cancio Morúa se definía como un mercenario que ocupa los negocios culturales como fachada de la trata de personas.

“Los cambios en Cuba son inminentes. La muerte inevitable del presidente de Cuba, Fidel Castro, traerá consigo una nueva era para mi país (…) una era que traerá transformaciones políticas y económicas, y un enorme flujo de inversiones extranjeras directas y la prosperidad de la economía nacional cubana”, dijo Cancio Morúa en 2006, al presentar su autodenominado Comité de Inversiones USA-CUBA. Valga esta citación para ejemplificar el talento político de este personaje.

Lo que ha hecho después Cancio Morúa ha sido poco destacable. Por ahí la representación de un par de reguetoneros (lo que explica su entendimiento de “cultura”), a quienes –me dicen en Miramar–, no ha pagado ni sus regalías por la venta de sus discos.

En el año 2014, Cancio reestablece contactos en Cuba mediante la empresa estadounidense “Cuba Tours Envío” para intentar lanzar con la facilitación de ARTEX  publicaciones en Cuba supuestamente culturales, donde por “culturales” entiende entrevistas a sendos personajes de la talla de Joe García, congresista por Florida y ex director del a FNCA.

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Portada de la revista On Cuba, en entrevista a Joe García.

Recientemente Cancio ha sido requerido por algunos medios de poca experiencia para hablar como empresario (sic) acerca del deshielo entre Cuba y Estados Unidos. Se sabe que hizo de todo para acercarse al comediante Conan O’Brien durante su estancia en La Habana donde filmó su programa y que su empresa “Fuego” se encuentra realizando negocios ilegales relacionados con la entrada de cruceros de la compañía “Norwegian Cruise Line” con el sector del turismo y el transporte. ¿Sabrán esto sus inversores? Quizá sí, y ese es el secreto de este cubano, más bien estadounidense, y su triste historia de llevar el capitalismo a Cuba explotando para su beneficio a artistas de la isla, ayudado de lo más rancio de Miami.

¿Qué busca Marco Rubio en Venezuela?


Con las relaciones entre Cuba y Estados Unidos estancadas gracias a la ignorante hostilidad de Donald Trump, las baterías de la contrarrevolución cubana se enfocan en Venezuela. El encargado: el senador republicano Marco Rubio.

La maniobra obedece a dos factores esenciales:

El primero de ellos es que Rubio considera, según sus declaraciones, que Cuba se sostiene por Venezuela por lo que, según yo, ha de pensar que golpeando a la nación bolivariana asesta un golpe también a la isla.

¿Esto es cierto?

No del todo. Primero, porque las relaciones internacionales de Cuba se extienden con más de cien países alrededor del mundo. Y segundo, porque lo que ocurra en Venezuela es cosa del pueblo venezolano. El cubano se ocupa de sus propios asuntos.

El segundo factor es que la mafia de Miami está ávida de algún triunfo; uno que con Cuba no ha obtenido en cincuenta y seis años. De tal modo, es más fácil golpear en estos momentos a Venezuela que a la mayor de las Antillas.

Además de todo esto, es preciso decir que Marco Rubio y sus aliados en Miami necesitan justificar ante el Departamento de Estado sus acciones con tal que no les cierren la llave de los presupuestos millonarios: más de un billón de dólares, para decirlo con precisión, que es la cantidad de billetes que el gobierno de Estados Unidos ha gastado en operaciones para desestabilizar a la Revolución Cubana, claro, sin resultados. Esto es dinero vía impuestos de la clase trabajadora estadounidense que se ha tirado a la basura.

De tal manera, Marco Rubio considera cambiar de giro y enfocarse en Venezuela, no porque tenga convicciones democráticas o su odio al chavismo sea tanto; sino porque desea quedarse con algunos de los dólares que la Casa Blanca dispone para derrocar a Nicolás Maduro.

Esto no es de sorprenderse. Como toda mafia, se hace lo necesario para obtener ganancias.

El problema es que Trump ha cortado el financiamiento a la subversión en Cuba y en Venezuela (y Ecuador) en su presupuesto de egresos para el año 2018: más de 700 millones de dólares que eran gerenciados a través de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que es la oficina encargada de dar dinero a las acciones subversivas de la contra-cubana. Pero ya no más.

¿Qué hará entonces Marco Rubio? Sólo él sabe. Por lo pronto, no para de arengar contra Venezuela. Quizá algún centavo podrá rascar para dárselos a sus huestes que, como todo grupo de mercenarios, no es capaz de mover un dedo si no es con dinero. Hay que mantener el negocio a flote, antes de que todo termine de irse a la quiebra.

Cuba responde a Trump: Fracasarás


LA HABANA, Cuba. –El gobierno revolucionario de Cuba respondió a las declaraciones y decretos anunciados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que cancelan varios acuerdos entre Washington y La Habana logrados con la administración de Barack Obama y reviven el viejo discurso de guerra fría contra la isla.

Sólo quiero recordar que este nuevo congelamiento de la política estadounidense hacia Cuba es producto de la debilidad mental de quien dirige la Casa Blanca quien, incapaz de pensar por sí mismo, ha comprado los consejos de lobby anti-cubano de Miami, actualmente dirigido por el senador republicano Marco “mi colmo es no ser güero” Rubio.

Y algo más: Lo anunciado por Trump afecta más a Estados Unidos que a Cuba. Por culpa de las prohibiciones trumpistas,  las pequeñas y grandes empresas estadounidenses que mantienen negocios en la isla y que pagan impuestos a Washington perderán más de 6 mil 600 millones de dólares. También es un golpe a más del 75 por ciento de la población cubano-estadounidense que apoyan las relaciones bilaterales entre Washington y La Habana. Este sector que había podido viajar por primera vez en muchos años a Cuba a visitar a su familia, ya no podrá hacerlo  gracias al senador Marco Rubio, quien así se anota el repudio de sus supuestos representados dentro y fuera de #Miami. Por su parte #LaHabana no se inmuta. La Revolución tiene su propia política internacional y a peores peleles ha enfrentado.

Reproduzco a continuación íntegramente el comunicado emitido por el Gobierno cubano, ante las posiciones asumidas por Trump:


El 16 de junio de 2017, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en un discurso cargado de una retórica hostil, que rememoró los tiempos de la confrontación abierta con nuestro país, pronunciado en un teatro de Miami, anunció la política de su gobierno hacia Cuba que revierte avances alcanzados en los dos últimos años, después que el 17 de diciembre de 2014 los presidentes Raúl Castro Ruz y Barack Obama dieran a conocer la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas e iniciar un proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales.

En lo que constituye un retroceso en las relaciones entre los dos países, Trump pronunció un discurso y firmó en el propio acto una directiva de política denominada “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba” disponiendo la eliminación de los intercambios educacionales “pueblo a pueblo” a título individual y una mayor fiscalización de los viajeros estadounidenses a Cuba, así como la prohibición de las transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías norteamericanas con empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad, todo ello con el pretendido objetivo de privarnos de ingresos. El mandatario estadounidense justificó esta política con supuestas preocupaciones sobre la situación de los derechos humanos en Cuba y la necesidad de aplicar rigurosamente las leyes del bloqueo, condicionando su levantamiento, así como cualquier mejoría en las relaciones bilaterales, a que nuestro país realice cambios inherentes a su ordenamiento constitucional.

Trump derogó asimismo la Directiva Presidencial de Política “Normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”, emitida por el presidente Obama el 14 de octubre de 2016, la cual aunque no ocultaba el carácter injerencista de la política estadounidense, ni el objetivo de hacer avanzar sus intereses en la consecución de cambios en el orden económico, político y social de nuestro país, había reconocido la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba y al gobierno cubano como un interlocutor legítimo e igual, así como los beneficios que reportaría a ambos países y pueblos una relación de convivencia civilizada dentro de las grandes diferencias que existen entre los dos gobiernos. También admitía que el bloqueo era una política obsoleta y que debía ser eliminado.

Nuevamente el Gobierno de los Estados Unidos recurre a métodos coercitivos del pasado, al adoptar medidas de recrudecimiento del bloqueo, en vigor desde febrero de 1962, que no solo provoca daños y privaciones al pueblo cubano y constituye un innegable obstáculo al desarrollo de nuestra economía, sino que afecta también la soberanía y los intereses de otros países, concitando el rechazo internacional.

Las medidas anunciadas imponen trabas adicionales a las muy restringidas oportunidades que el sector empresarial estadounidense tenía para comerciar e invertir en Cuba.

A su vez, restringen aún más el derecho de los ciudadanos estadounidenses de visitar nuestro país, ya limitado por la obligación de usar licencias discrimina-torias, en momentos en que el Congreso de los Estados Unidos, como reflejo del sentir de amplios sectores de esa sociedad, reclama no solo que se ponga fin a la prohibición de viajar, sino también que se eliminen las restricciones al comercio con Cuba.

Los anuncios del presidente Trump contradicen el apoyo mayoritario de la opinión pública estadounidense, incluyendo el de la emigración cubana en ese país, al levantamiento total del bloqueo y a las relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos.

En su lugar, el Presidente estadounidense, otra vez mal asesorado, toma decisiones que favorecen los intereses políticos de una minoría extremista de origen cubano del estado de Florida, que por motivaciones mezquinas no desiste de su pretensión de castigar a Cuba y a su pueblo, por ejercer el derecho legítimo y soberano de ser libre y haber tomado las riendas de su propio destino.

Posteriormente haremos un análisis más profundo del alcance y las implicaciones de este anuncio.

El Gobierno de Cuba denuncia las nuevas medidas de endurecimiento del bloqueo, que están destinadas a fracasar como se ha demostrado repetidamente en el pasado, y que no lograrán su propósito de debilitar a la Revolución ni doblegar al pueblo cubano, cuya resistencia a las agresiones de cualquier tipo y origen ha sido probada a lo largo de casi seis décadas.

El Gobierno de Cuba rechaza la manipulación con fines políticos y el doble rasero en el tratamiento del tema de los derechos humanos. El pueblo cubano disfruta de derechos y libertades fundamentales, y exhibe logros de los que se siente orgulloso y que son una quimera para muchos países del mundo, incluyendo a los propios Estados Unidos, como el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, el salario igual por trabajo igual, los derechos de los niños, y el derecho a la alimentación, la paz y al desarrollo. Con sus modestos recursos, Cuba ha contribuido también a la mejoría de los derechos humanos en muchos lugares del mundo, a pesar de las limitaciones que le impone su condición de país bloqueado.

Los Estados Unidos no están en condiciones de darnos lecciones. Tenemos serias preocupaciones por el respeto y las garantías de los derechos humanos en ese país, donde hay numerosos casos de asesinatos, brutalidad y abusos policiales, en particular contra la población afroamericana; se viola el derecho a la vida como resultado de las muertes por armas de fuego; se explota el trabajo infantil y existen graves manifestaciones de discriminación racial; se amenaza con imponer más restricciones a los servicios de salud, que dejarían a 23 millones de personas sin seguro médico; existe la desigualdad salarial entre hombres y mujeres; se margina a emigrantes y refugiados, en particular los procedentes de países islámicos; se pretende levantar muros que denigran a vecinos; y se abandonan los compromisos internacionales para preservar el medio ambiente y enfrentar el cambio climático.

Asimismo, son motivo de preocupación las violaciones de los derechos humanos cometidas por los Estados Unidos en otros países, como las detenciones arbitrarias de decenas de presos en el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo en Cuba, donde incluso se ha torturado; las ejecuciones extrajudiciales y las muertes de civiles causadas por bombas y el empleo de drones; y las guerras desatadas contra diversos países como Irak, sustentadas en mentiras sobre la posesión de armas de exterminio masivo, con consecuencias nefastas para la paz, la seguridad y la estabilidad de la región del Medio Oriente.

Recordamos que Cuba es Estado Parte de 44 instrumentos internacionales sobre los derechos humanos, mientras que los Estados Unidos lo es solo de 18, por lo que tenemos mucho que mostrar, opinar, y defender.

Al confirmar la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas, Cuba y los Estados Unidos ratificaron la intención de desarrollar vínculos respetuosos y de cooperación entre ambos pueblos y gobiernos, basados en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. En su Declaración, emitida el 1 de julio de 2015, el Gobierno Revolucionario de Cuba reafirmó que “estas relaciones deberán cimentarse en el respeto absoluto a nuestra independencia y soberanía; el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ninguna forma; y la igualdad soberana y la reciprocidad, que constituyen principios irrenunciables del Derecho Internacional”, tal como refrendó la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en su II Cumbre, en La Habana. Cuba no ha renunciado a estos principios ni renunciará jamás.

El Gobierno de Cuba reitera su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés mutuo, así como la negociación de los asuntos bilaterales pendientes con el Gobierno de los Estados Unidos. En los dos últimos años se ha demostrado que los dos países, como ha expresado reiteradamente el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, pueden cooperar y convivir civilizada-mente, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambas naciones y pueblos, pero no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia, ni acepte condicionamientos de ninguna índole.

Cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones, o emplean-do métodos más sutiles, estará condenada al fracaso.

Los cambios que sean necesarios en Cuba, como los realizados desde 1959 y los que estamos acometiendo ahora como parte del proceso de actualización de nuestro modelo económico y social, los seguirá decidiendo soberanamente el pueblo cubano.

Como hemos hecho desde el triunfo del 1ro. de enero de 1959, asumiremos cualquier riesgo y continuaremos firmes y seguros en la construcción de una nación sobe-rana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.

La Habana, 16 de junio de 2017.

Quién es Rosa María Payá y su secreto para viajar gratis en avión


Me gustaría conocer a Rosa María Payá. La nueva cara del anexionismo cubano que habla de dictadura totalitaria, con esa mirada perdida, acondicionador en el pelo y su ‘outfit’ urbano de tacones, jeans y maleta en mano. Presiento que es toda una disidente de nuevo tipo; quizá es la neo-revolucionaria posmoderna que el mundo sediento de democracia y memes, esperaba.

Esto es una buena noticia porque, enfrentarse a una dictadura es una cosa, pero hacerlo sin maquillaje, es muy de los barbudos cubanos del 59. Y estos son otros tiempos. Las revoluciones de hoy debe tuitearse desde aeropuertos y recibir financiamiento del gobierno de los Estados Unidos. Puede que no liberen a un pueblo, pero los objetivos cambian: un día tendrás tu propio documental en Netflix y la gloria será toda tuya, siendo recordada como una mártir de la libertad.

Y es que siempre he considerado que tengo buen ojo para detectar rebeldes de nuestro tiempo. Aunque reconozco que he fallado. Un día proclamé a la bloguera cubana Yoani Sánchez como nuestra nueva liberadora del periodismo, pero es la hora que sigo esperando que de su pluma caiga la Revolución en Cuba. Quizá con Payá no me equivoque y esta sí, esta sí, lo haga por convicción y no sólo por los dólares y los lonches que dan en los aviones. 

Afortunadamente podré enterarme de esto en el próximo 19 de junio, cuando Rosa María Payá aterrice en el balneario cinco estrellas de Cancún, México, donde la presidenta de “Cuba Decide” –organización financiada por la National Endowment for Democracy, a su vez pagada por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, USAID, oficina del Departamento de Estado de EEUU–, participe del quinto Foro Regional Juventud y Democracia que organiza la Red de Jóvenes Latinoamericanos por la Democracia (Juventud LAC), donde la nueva cara de la contrarrevolución cubana se juntará con sus amistades a contarse cuanto sufren de sus derechos humanos, claro, con piñas coladas en mano.

Pero como en política nada es casualidad, es preciso informar que el evento de la Juventud LAC se llevará al cabo paralelamente a la 47va Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA, antes Ministerio de Colonias de EEUU) que ahí mismo tendrá lugar. Así que ambas plataformas aprovecharán la brisa de la rivera mexicana para firmar un acuerdo de cooperación para llevar más democracia y más derechos humanos a América Latina, igual a la que Washington llevó a Libia o Afganistán.

Quiero conocer a Rosa María Payá. Me da curiosidad la mentalidad de quien acusa una dictadura en Cuba, pero accedió gratuitamente a todos los beneficios sociales en su país y nunca fue discriminada por las actividades contrarrevolucionarias de su familia, una especie de club denominado Movimiento Cristiano de Liberación (MLC).

El MLC fue fundado por su padre, Oswaldo José Payá Sardiñas, a quien Rosa María ayudaba como traductora de inglés o recogiendo firmas para el denominado Proyecto Varela, una iniciativa financiada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos operado de 1998 al 2003 que pretendía reformar las leyes cubanas en pos de supuestas “libertades individuales” que en realidad buscaban inocentemente desmantelar el socialismo en la isla. Pero el proyecto fue un desastre y fracasó porque no pudo acreditar las firmas necesarias, no pudo argumentar sus peticiones y estaba mal redactado.

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Payá posa con el agente de la CIA; hoy secretario general de la OEA, Luis Almagro. FOTO: Twitter

Oswaldo Payá murió en un accidente automovilístico en julio de 2012. Por eso fue sentenciado en La Habana su acompañante, el español Angel Carromero, por homicidio imprudente en accidente de tráfico, en un juicio calificado por el consulado de España como “limpio, abierto y procesalmente impecable”.

Pero la causa de Rosa María Payá fue culpar al gobierno cubano de haber asesinado a su padre. Exigió una investigación internacional, aunque ni ella o su familia nunca han aportado alguna prueba de sus acusaciones. No obstante, su versión le ha redituado. Desde abril de 2013, la presidenta de Cuba Decide viaja por Europa, Estados Unidos y Latinoamérica presentándose como víctima, ganando reflectores y la aprobación de la administración estadounidense para obtener dinero para operar acciones anti-cubanas.

Alegando supuestas amenazas de muerte, acoso y persecución política, buscó ayuda en la Oficina de Intereses de Estados Unidos en Cuba (hoy Embajada), y logrando abandonar la isla junto a su madre y sus dos hermanos. A su llegada a EEUU, de inmediato recibió el apoyo de la contra-cubana de Miami –autora de diversos atentados terroristas dentro de Cuba, como el ataque en pleno vuelo a un avión de Cubana de Aviación en 1976, considerado el peor atentado de este tipo en la historia del hemisferio–, logrando ser llevada de la mano por el correligionario de Donald Trump, el congresista Marco Rubio, hasta el discurso del Estado de Unión ofrecido por Barack Obama en enero de 2015.

No conforme con su vena terrorista, Rosa María Payá viajó a finales de enero de 2016 a la República Dominicana para reunirse con su amigo Félix Toledo Montero, un ex integrante de la brigada 2506 que fue aplastada por Fidel Castro en la invasión de Playa Girón, y que posteriormente, integrado en las fuerzas especiales de la CIA, fracasó en su intento de perseguir al Che Guevara en el Congo. Derrotado, pero obcecado, fundó la organización paramilitar “Cuba Independiente y Democrática”, entrenando militarmente a elementos terroristas que ejecutaron acciones violentas contra Cuba.

Quiero conocer a Rosa María Payá porque quiero ver como es una refugiada política que viste ropa de centro comercial y cobra en dólares. En el 2013 la vi siendo entrevistada en la televisión mexicana. “Mira esta mártir, tan emperifollada”, pensé. Recién la vi en Chile, donde le cayó en el hígado a estudiantes de ese país cuando la cubana hablaba de dictadura totalitaria y, en medio minuto, quienes crecieron bajo el yugo de Pinochet le pidieron dejar de decir mentiras.

Me gustaría escuchar a esta “agente de cambio” hablar de derechos humanos en el México de los 150 mil asesinados por la violencia y los más de 33 mil detenidos-desaparecidos, incluidos los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Confieso que admiro a Rosa María Payá. Me asombra como ha convertido un proyecto fracasado como el Plan Varela –ahora llamado Cuba Decide–, en una junta que obtiene miles de dólares por la NED, o la Cuba Freedom Foundation, o la Freedom House, o la Fundación Konrad Adenauer ¡Todo un modelo de éxito! Sobre todo, al considerar que en el resto de América Latina otras activistas de derechos humanos como la hondureña Berta Cáceres, en vez de billetes, han encontrado la muerte. Sin duda, Payá debe estar haciendo algo bien.