Trump es producto de la posmodernidad – Entrevista con Annur TV (Argentina)


He sido entrevistado por Annur tv, canal islámico de Latinoamérica, acerca de #Trump y el contexto social en #EEUU por el extraordinario periodista Galeb Moussa Hamad lo cual me llena de orgullo y alegría. Te comparto a continuación al primera parte de esta conversación. Gracias por tus comentarios.

La culpa no es de Trump, es del Snapchat


Donald Trump es un hijo sano de la posmodernidad. Perfectamente sano. Vástago pródigo de esta era actual definida por el vacío, por la ambigüedad, por lo relativo. Parido por una sociedad que ha renunciado a hacerse responsable de su propia existencia y ha cambiado el bienestar existencial por la seguridad personal, como lo describió Zygmunt Bauman. Trump es, pues, la consecuencia de un momento histórico muy torcido donde las inseguridades y el fundamentalismo van de la mano.

Entrevisté al neurocientífico noruego Gernot Ernst al respecto, meses antes del noviembre en el cual Trump ganara las elecciones (https://goo.gl/05ogti). Me dijo entonces que el magnate es como el padre totalitario que promete resolverle todos los problemas al hijo. Un hijo idiota, digo yo, incapaz de responsabilizarse de sus acciones. Infantil, en crisis emocional permanente; echado al frio del mundo sin manto protector, pero ya pasado de la edad como para volver al útero de la madre. Esto es, un ser humano inseguro, influenciable, frustrado, pero con el poder que le da el sistema para votar por ese que le ha prometido levantar un muro para que nada malo le pase. Y lo hizo. Llamemos a ese chico, sociedad global y su hermana mayor, la sociedad estadounidense. Es la posmodernidad, la hija idiota de la historia.

Por tanto, me parece que de Trump no es la culpa. Conversaba con mi amigo Galeb Moussa al respecto:

—La ventaja que nos dio Trump —me dijo—, es que es un lobo que dijo que era lobo y que mordía. En cambio, Hillary, era una disfrazada de caperucita dispuesta a sacarte el cuchillo.

—Como en Libia…

—Como en Libia e Irak y Siria…. —me contestó—. En cambio, el tipo (Trump) dijo que quería ser presidente, compitió y ganó nomás.

Y sí. Yo no sé si Trump tenía algún asesor que le diera una lectura detallada del momento social, pero su discursó pegó porque era inevitable. Sus palabras conectaron con una población dejada de la mano del Estado-nación, con una mayoría armada hasta los dientes con gas pimienta y AK47, pero con una paranoia incurable; insatisfecha, cuya existencia infeliz no conectaba con la idea implantada de “la nación más poderosa del mundo” o el “american way of life” y demasiada ocupada en Snapchat como para detenerse a reflexionar por qué. No es nada nuevo. Lo advirtió a su propio país Alexander Hamilton, primer secretario del tesoro de EEUU, tras su independencia:

“La destrucción violenta de la vida y de la propiedad a consecuencia de la guerra, el continuo esfuerzo y la alarma que provoca un estado de peligro sostenido, llevarán a las naciones amantes de la libertad, a buscar el reposo y la seguridad poniéndose en manos de instituciones con tendencia a socavar los derechos civiles y políticos. Para estar más seguras, correrán el riesgo de ser menos libres”.

Por eso es que Trump ganó; porque tuvo las posiciones correctas, al menos lógicas, desde el punto de vista discursivo. Los efectos de la globalización negativa, impulsada por los afanes imperialistas de EEUU, rebotaron en la sociedad estadounidense como un boomerang, produciéndole a esta el mismo miedo y desconfianza en el futuro que Estados Unidos ha infundido por décadas en otros países. El capitalismo diluyó las estructuras y separó a los Estados de sus funciones como protectores de las naciones. Luego entonces, las personas se han vuelto infelices y temerosas, no hay certeza del futuro y ningún sueño parece realizable; por eso demandamos seguridad y tener la sensación de poder asirnos a algo sólido.

Políticamente, la primera tabla de salvación frente al monstruo global es el territorio, es decir, la nación. Trump es la respuesta —una muy torcida—, a la modernidad líquida descrita por Bauman: frente a la liquidez de la globalización, la solidez del nacionalismo; frente a las amenazas de los “residuos humanos” del exterior, la tranquilidad de los muros; ante la necesidad de proteger a mi familia, la guardia rabiosa.

Trump es, pues, una consecuencia histórica. ¿Es lo mejor que tenemos? Definitivamente no. Y cuidado que la posmodernidad no se circunscribe a EEUU. ‘Trumps’ hay en todos lados. O ‘Hillarys’. Lo veremos en Europa en las elecciones por venir, donde ganarán las derechas. Por eso, lo ideal es construir una sociedad en la cual, la nación, no se nos dé desde arriba, sino sea fruto de la cultura misma.

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Pacifista o terrorista: ¿Quién era Shimon Peres en realidad?


Un “pacifista”, un “estadista”, “líder histórico”. Me pregunto si, en realidad, Shimon Peres, era todo esto que, de él, dicen hoy los grandes medios.

Y resulta que no. Al contrario, Peres era un terrorista que pasó de paramilitar a genocida. Pero como todos los muertos son siempre buenos y habiendo una hegemonía judía controlando los principales medios de comunicación en occidente, se hace creer que la muerte ocurrida este martes 27 de septiembre del ex primer ministro de la entidad sionista de Israel, es una pérdida para el mundo.

Como comunicólogo que soy, es elemental saber que el 96% de los medios de comunicación en occidente son controlados por judíos. No lo digo yo. Estas son estimaciones del sociólogo noruego Johan Galtung, actual profesor de la Universidad de Hawai, quien, al mismo tiempo, señala que el 70% de las plazas docentes en las universidades de este hemisferio, están en manos judías. Luego entonces, se entiende la normalización de la violencia genocida de Israel sobre los territorios que pertenecen a Palestina. Y se explica así que se haga pasar a uno de los principales artífices de este apartheid militar, Shimon Peres, como un “pacifista”.

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Peres es el padre del armado nuclear de Israel, y estuvo lejos de ser un hombre de paz, a pesar que en 1994 se le entregó el Premio Nobel –lo que demuestra otra vez la hipocresía de la Real Academia de Ciencias de Suecia–. Fue un terrorista que desde muy joven de adscribió al grupo paramilitar Haganah, responsable del genocidio étnico cometido contra pueblos de Palestina entre 1947 y 1949 en el cual, judíos sionistas como él, asesinaron a casi 1 millón de palestinos y palestinas de todas las edades y condiciones físicas. Un periodo que se conoce como Al-Nakba, o “la catástrofe”, en árabe, que dio origen al auto-proclamado “Estado de Israel”, sobre territorios palestinos ocupados. Fue tal el desprecio racista de Peres que él mismo declaró que, antes que Israel existiera, “no había nada aquí”, justificando el holocausto.

De tal modo que, con su muerte, “el mundo respira un poco mejor sabiendo que hay un terrorista menos”, me comenta Galeb Moussa, periodista árabe-argentino quien no duda en colocar a Shimon Peres a la altura criminal del dictador Jorge Rafael Videla, presidente de facto de Argentina, culpable de crímenes de lesa humanidad.

“Shimon Peres tiene una larga lista de crímenes contra inocentes, contra gente indefensa. En primer lugar, formando parte de esta banda terrorista (Haganah) que asolaba las aldeas palestinas; luego en funciones oficiales como primer ministro ordenó la operación ‘Uva de la ira’ donde asesinaron a cientos de niños con bombas de fósforo y mutilaron a otros tantos con bombas de racimo en 1996, en el Líbano”, subraya Moussa.

Por eso hay que reiterarlo: Peres no era ese “defensor de la paz” que dicen los medios, y es mentira que pretendía ser amigo de los palestinos. De hecho, los Acuerdos de Oslo que firmó junto a la Organización de Liberación Palestina (OLP) con Estados Unidos como testigo, los hizo pelota y los tiró por la cañería a la primera oportunidad. Era un asesino, como continúan habiéndolos dentro de ese movimiento político-militar llamado “sionismo” que lleva azolando a Palestina desde hace más de 60 años. Le siguen Netanyahu, Lieberman, y otros. Es importante que lo sepas, porque, desde ese 96% de medios controlados por la ideología judía, pretenden ocultarte el verdadero rostro de esa clase de genocidas.