El peor Día del Trabajo en mucho tiempo


El día del trabajo de este año debe ser recordado por la amenaza que se cierne sobre la clase trabajadora mundial de una nueva guerra de escala planetaria, al tiempo que el capitalismo exacerba su política en diversas naciones con reformas mediante las cuales pretenden derogarse toda clase de derechos laborales y leyes soberanas, para abrir paso al absoluto libre mercado. Por ejemplo, en América, países como México, Argentina, Chile o Brasil cuyos regímenes respectivos se encuentran a la orden de los monopolios, impulsan reformas en sus Congresos para implementar reformas que privaticen los derechos sociales –diría yo, elementales en tanto que de estos depende la nuestra existencia natural y cultural–, en los planos de la educación, salud, trabajo, ciencia, recursos naturales, energía y alimentación. Mientras tanto Estados Unidos allana el camino para reducir hasta casi desaparecer el pago de impuestos por parte de las empresas, en un afán de destruir lo que resta del “New Deal” que cimentó la base de garantías civiles que construyó Franklin Delano Roosvelt tras la depresión de 1929.

Por su parte, Europa enfrenta una letal paradoja entre el resurgimiento del fascismo político y la profundización de la depredación del libre mercado, sostenido por el Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea. En ambos casos, la clase obrera se divide ante el escenario de entregarse a la ilusión fascista que le proteja de los vientos destructores de la globalización, o dejarse guiar por el temor, tragarse la mentira del liberalismo y votar por quienes proponen mercantilizarlo todo, como ya ocurre en algunos países de Asia, cuyas economías están basados en tratados de libre comercio con occidente, generando corporaciones multimillonarias a costa de una clase trabajadora sometida a extenuantes, casi esclavizadoras, jornadas de trabajo y un clima de competencia empresarial que es aprovechado por los monopolios estadounidenses. Salvo China que mantiene una base de seguridad social del 95 por ciento, la más grande de mundo, Rusia o la República Popular de Corea, el resto de este hemisferio es dominado por hegemonías financieras. Lo mismo sucede en Oceanía y en África, como en Asia Menor, donde rabiosamente aún privan la guerra y el colonialismo.

Por eso no es casual que el Primero de Mayo esté plagado de protestas alrededor el orbe y en todos lados los detenidos se cuentan por decenas. Hice una revisión de prensa y sólo en Cuba, un país sin patrones, la fecha se conmemora como una verdadera una fiesta. De tal manera la encrucijada para los trabajadores y trabajadoras no es sencilla. Somos en blanco de un nuevo fascismo que nos promete seguridad a cambio de nuestra libertad; pero también de promesas de buenos gobiernos, incluso de gobiernos populares, pero que no están dispuestos a confrontarse con el capital. El bienestar ganado en regímenes de esta índole es una ilusión, por supuesto, ya que la corrupción primigenia es la que se genera en la enorme diferencia que hay entre lo que se trabaja y la riqueza que se produce. De hecho, un análisis del Centro de Estudios Multidisciplinario de la UNAM publicado en el año 2012, señala que un trabajador con salario mínimo genera en apenas nueve minutos el valor total de su sueldo ¿Dónde queda entonces la riqueza generada en las siete horas con cincuentaiún minutos restantes? Claro, en los bolsillos del patrón. Por eso marchamos; porque sobre esa injusticia está construido buena parte del mundo y esta tiene que acabar por fuerza nuestra, los trabajadores y trabajadoras, en el fragor de la lucha de clases. No hay más.

 

Vuelve el rodriguismo


Una vez, el dictador chileno AUGUSTO PINOCHET estuvo a punto de ser ajusticiado.

La noche del 7 de septiembre de 1986, Pinochet se trasladaba desde su casa en el Melocotón, ubicada en el Cajón del Maipo, hasta Santiago. En el camino, combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez emboscaron al dictador que trece años antes diera muerte al presidente de la Unidad Popular, SALVADOR ALLENDE, en el golpe de Estado militar del 11 de septiembre de 1973.

Durante 28 años posteriores de la llamada “Operación Siglo XXI”, el FPMR enfrentó un proceso reconstitutivo. Con el cambio democrático que sacara a Pinochet de la Presidencia de Chile, la organización dejó la lucha armada para proseguir políticamente como Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez (MPMR).

El MPMR permaneció apegado a sus principios políticos, aún si ya no sostenía el protagonismo que le otorgó la insurrección. Esto le permitió fijarse como una organización consecuente con principios revolucionarios, cuando otras opciones de izquierda poco a poco se fueron alineando con sistema político-económico de la burguesía chilena, primero en la Concertación, y ahora, en la coalición gobernante Nueva Mayoría.

Con una reputación bien ganada entre los movimientos sociales y Partidos de izquierda nacionales y del extranjero, la crisis de representación de antiguas fuerzas políticas que abandonaron principios populares, le otorgó la MPMR la solidez que necesaria para emprender una nueva época de lucha.

Este sábado 28 de febrero, en sus instalaciones Casa Bolívar del popular barrio de Brasil,  militantes del MPMR presentaron el PARTIDO RODRIGUISTA, instrumento político mediante el cual la ex insurgencia participará electoralmente en Chile. De forma inmediata, en los comicios municipales del 2016, donde los rodriguistas aspiran a presentar candidatos en la región Metropolitana de Santiago, Valparaiso, Arica, Paraniacota y Los Lagos, donde tiene presencia sólida.

“Con la rebeldía del pasado y la dignidad del presente”, es su lema. Y a decir de MARCO RIQUELME, dirigente del MPMR, la insurgencia contra la dictadura es el orgullo que sienta la base de esta nueva era política del rodriguismo.

“Nos sentimos orgullosos del pasado que hemos tenido, creemos que en las condiciones que existieron en el país, de una dictadura brutal, que aplicó el terrorismo de estado durante los 17 años en que estuvo en el poder, no cabía ninguna otra posibilidad que rebelarse contra esa dictadura”.

Sölo restan trámites frente al Servicio Electoral (Servel) del país para participar legalmente. Pero la idea del Partido Rodriguista es clara desde el principio: utilizar la institucionalidad vigente en Chile para impulsar cambios urgentes y profundos en el país, como una  nueva asamblea constituyente que termine con los resquicios de la estructura dictatorial. 

Estos cambios no vendrán de arriba, me dice Marco Riquelme, sino mediante una herramienta realmente popular, realmente revolucionaria, realmente de izquierda, en la cual en pueblo chileno logre derribar la estructura burguesa que provoca escándalos de corrupción política y financiera como los que hoy padece Chile y pagan sus trabajadores, como la actual asociación de la familia de la

presidenta Michelle Bachelet con préstamos ilegítimos emanados del prominente banquero Andrónico Luksic, dueño del Banco de Chile.

Si quieres saber más sobre el MPRM y el Partido Rodriguista, sigue su página web El Rodriguista http://elrodriguista.cl/ . Esto dará de qué hablar en el futuro inmediato. Chile se alza de nuevo.