Ayotzinapa: Ha de ser culpa de sus madres


“Si mi renuncia resuelve el caso, no tengo inconveniente”, dijo el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre.

Lo dijo al respecto de la masacre de 8 estudiantes y 47 desaparecidos, 28 de los cuales podrían ser los cadáveres encontrados en las fosas clandestinas de Palo Blanco, municipio de Iguala, donde ocurrió el crimen la madrugada del 27 de septiembre.

Pero para qué se molesta el gobernador.

Menos mal aclara que no le inconvendría renunciar.

Cuando sepa que merecería ser defenestrado y encarcelado por su responsabilidad en el crímen, esperemos lo siga tomando de la mejor manera.

Aunque quizá este acostumbrado.

Tomó el poder de Guerrero por primera vez de 1996 a 1999 en sustitución de su padrino político, el atroz Rubén Figueroa Alcocer. Desde ahí lo encubrió por su responsabilidad en la matanza de 17 campesinos en el vado de Aguas Blancas, Coyuca de Benítez, el 28 de junio de 1995.

Luego salió del PRI y se fue al PRD.

De la mano de ‘Los Chuchos’ Jesús Zambrano, Jesús Ortega y el actual presidente perredista, Carlos Navarrete, se hizo de la candidatura al gobierno de Guerrero.

Y llegó.

Gracias también –que no se olvide-, al apoyo que le brindaron Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador.
Hoy AMLO quiere desentenderse de su responsabilidad por la actuación de Aguirre. Pero los guerrerenses tienen memoria.

Cómo olvidar aquel sentido abrazo que el hoy líder de Morena le dio al oscuro gobernante en la costa chica durante su campaña electoral. O de sus desayunos en Acapulco.

La llamada izquierda mexicana está manchada con la sangre de los estudiantes de Ayotzinapa.

También de los 13 luchadores sociales asesinados en Guerrero durante el 2013. Entre ellos, cinco militantes del Partido Comunista de México, incluido su líder en la entidad, Raymundo Velázquez. Perseguidos, torturados y calcinados en Coyuca, sin que hoy se deslinden culpables. Y qué hay de la dirigente de la Organización de Campesinos de la Sierra Sur, Rocío Mesino, acribillada a mansalva frente a su familia en Atoyac de Álvarez.

Pero dice el gobierno de Guerrero que fue el narco, que no han sido crímenes de Estado.

En contraste, el presidente de la Red Guerrerense de Derechos Humanos, Manuel Olivares, ha denunciado que en Guerrero se utiliza a la delincuencia organizada para liquidar luchadores sociales.

Quizá por eso Aguirre se encuentre tan despreocupado. Durmiendo y comiendo como si Guerrero no se estuviera bañando en sangre y horror.

A fin de cuentas que no es su culpa, dice.

Que tampoco es de su amigo Enrique Peña Nieto.

Ni de AMLO, ni del PRD.

Ni de nadie.

Ha de ser culpa de sus madres que los parieron.

Las de los estudiantes. Que al mundo trajeron muchachos con el pecado imperdonable de nacer pobres y estudiar en Ayotzinapa para acabar con las injusticias cometidas en México por gente como Ángel Aguirre. – ALBERTO BUITRE

Peña Nieto, ahí vienen los estudiantes, otra vez


El Gobierno mexicano no sabe qué hacer con los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Su estrategia es limitada, es la de siempre. Hurgar, investigar, fichar y echar a andar una estrategia de tres vías: infiltramiento, cerco mediático y desgaste. La cuarta será la represión. Pero a ésta le temen.

Si algo positivo tiene la globalización, es que una sola bota puesta contra estudiantes universitarios sería la condena de los organismos reguladores internacionales y la consecuente cancelación de recursos millonarios. Sobre todo, luego del discurso de Peña Nieto ante la ONU donde promovía a México al Consejo de Seguridad para exportar militares como cascos azules. Sobre todo, cuando policías municipales de Iguala, Guerrero, asesinaron a 6 estudiantes, hirieron a 25 y desaparecieron a 27 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.

Botas federales. Pues tratándose de los gobiernos estatales, siempre hay espacio para la impunidad. Para el castigo de la tropa, para que el político de arriba se limpie las manos con los uniformes de sus comandos.

Pero en el conflicto politécnico la responsabilidad es directa y formal del Estado. La situación toca a la puerta de Los Pinos. De su trato depende la continuidad del proyecto privatizador del PRI. Sabe Peña Nieto, Osorio Chong y todos los involucrados que tienen frente a sí una operación complicada.

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Que no se pierda el contexto. Lo que sucede ahora no es una coyuntura que Peña Nieto hubiera querido.

Su viejo némesis, los estudiantes.

Los mismos que lo expusieron, lo cercaron y ridiculizaron durante la campaña presidencial del 2012. Estudiantes quienes replegaron al hoy Presidente del país en un baño de la Universidad Iberoamericana donde tuvo que esconderse frente a los reclamos de “asesino” por su responsabilidad como entonces gobernador del Estado de México en la represión del 3 y 4 de mayo del 2006 que diera con la vida de dos estudiantes, 24 mujeres violadas y cientos de heridos y detenidos extrajudicialmente en el poblado de San Salvador Atenco.

Y ahora vuelven. Provocados por la Reforma Educativa, la que incorpora manos privadas a la educación pública, incluida el IPN, cuyo nuevo plan escolar lo avala. Y además su reglamento interno que sanciona y expulsa a estudiantes que afecten el orden institucional.

Vuelven sobre la sangre de los estudiantes de Ayotzinapa, víctimas –debe decirse-, de terrorismo de Estado. Pues si fuera “violencia excesiva” por parte de los uniformados, como se dijo, los 27 normalistas desaparecidos por manos policiacas ya estarían presentados, vivos, sanos, y exigiendo justicia. Ya habría responsables. Incluido el gobernador de Guerrero, Angel Aguirre (por cierto, apoyado por Andrés Manuel López Obrador).

Pero no es así. La violencia de Estado en México es sistemática. Y no aguanta.

Marcharon más de 20 mil estudiantes sobre avenida Reforma hasta la Secretaría de Gobernación. Del Poli, de la UNAM, de la UAM, de la UACM, de todos lados. Dicen que fueron más de 50 mil. El contingente lucía interminable. Ha habido marchas más numerosas, pero si se trata de estudiantes, la fuerza de su andar se convierte en millones de pasos.

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Es probable que sacrifiquen a la directora general del IPN, Yoloxochitl Bustamante, a cuya falta de pericia atribuyen la que es la más grande manifestación politécnica desde 1968.

Y si hubiera que reprimir, la responsabilidad sería de la Ciudad de México y su jefe de oficina, Miguel Angel Mancera. Mucha tentación. Los toletes capitalinos contra los estudiantes sería el pretexto perfecto para terminar el proyecto peñanietista de devolver el Gobierno de la capital del país a manos del priísmo, luego de catorce años de administraciones del PRD.

Hablemos un poco del PRD. Ese partido que dijo era de izquierda, y que hoy solapa el asesinato de estudiantes en Guerrero, dos en 2012, seis ahora, incluidos trece luchadores sociales en 2013. Que reprimió con balas de goma y halcones a los maestros, en septiembre del año pasado. Y dicho sea de paso, pactó con Peña Nieto la Reforma Educativa que hoy tiene a los estudiantes en las calles.

BUITRES

Osorio Chong es experto en operaciones de desgaste ¿Recuerdan El Mexe? Hubo hasta mesas publicas, un acuerdo para que los estudiantes hicieran su propio programa educativo ¿Qué pasó? El Gobierno envío a las tropas y El Mexe desapareció por la fuerza. Esto debe recordarse ahora que el Secretario de Gobernación es aplaudido por la prensa luego de recibir públicamente la marcha de estudiantes de este viernes 30. Aunque la política no tenga memoria, la historia es indiscutible.

ALBERTO BUITRE